Argentina | El Encuentro Plurinacional vuelve a Córdoba y abre la disputa por la fuerza política de los feminismos – Por Alejandra Rizzo  

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El Encuentro Plurinacional vuelve a Córdoba y abre la disputa por la fuerza política de los feminismos

                                                                                                                        Por Alejandra Rizzo  

El 10, 11 y el 12 de octubre, Córdoba recibirá el 39° Encuentro Plurinacional de Mujeres, Lesbianas, Travestis, Trans, Bisexuales, Intersexuales y No Binaries. La convocatoria coincide con los cuarenta años del primer Encuentro realizado en Argentina y vuelve a colocar una pregunta en el centro sobre ¿Qué capacidad tienen hoy los feminismos para transformar demandas dispersas en problemas comunes, construir alianzas con otros sectores y convertir esa potencia organizativa en una fuerza capaz de intervenir sobre la realidad?

Córdoba será sede por tercera vez, después de 1987 y 2007. La organización proyecta más de cien mil participantes y más de cien talleres. Pero el Encuentro no llegará a un territorio ajeno a los conflictos que atraviesan al país. La provincia, gobernada por Martín Llaryora y la capital por Daniel Passerini, son expresiones del peronismo cordobés que busca sostener un perfil de diferenciación frente al gobierno de Javier Milei, aunque esa distancia convive con negociaciones concretas con la Casa Rosada. En julio, el Gobierno nacional autorizó a Córdoba un anticipo de hasta 400 mil millones de pesos, que deberá ser reintegrado durante 2026.

La provincia también fue escenario de conflictos sociales. En febrero, durante las movilizaciones contra la reforma laboral impulsada por el Gobierno nacional, la Policía de Córdoba reprimió y detuvo manifestantes. Las facultades de Ciencias Sociales y de Filosofía y Humanidades de la Universidad Nacional de Córdoba repudiaron el operativo y denunciaron golpes, gases y detenciones arbitrarias.

A esa conflictividad se suman las violencias que atraviesan particularmente a mujeres y diversidades. Agostina Vega tenía 14 años cuando fue asesinada en mayo. Delicia Mamani Mamani permanece desaparecida desde noviembre de 2025 y su búsqueda pasó al fuero federal ante indicios de un posible caso de trata. Paola Ortiz, por su parte, recuperó la libertad a comienzos de septiembre después de permanecer casi catorce años privada de su libertad tras una emergencia obstétrica. El Comité Nacional para la Prevención de la Tortura señaló que su proceso estuvo atravesado por estereotipos de género.

Los tres casos fueron asumidos por la Comisión Organizadora del Encuentro, que llevó los reclamos por Agostina, Delicia y Paola frente a los Tribunales de Córdoba. Antes de  su inicio en octubre, el Encuentro ya interviene así sobre conflictos concretos del territorio.

Esa capacidad de convertir experiencias particulares en problemas colectivos atraviesa sus cuarenta años de historia. En mayo de 1986, alrededor de mil mujeres llegaron al Centro Cultural San Martín de Buenos Aires para participar del primer Encuentro Nacional de Mujeres. La democracia argentina llevaba menos de tres años y comenzaban a recuperar espacio las organizaciones de mujeres, los grupos feministas, los organismos de derechos humanos y las militantes sindicales y políticas.

Desde aquella primera experiencia, las discusiones no quedaron encerradas en una agenda entendida exclusivamente como “de mujeres”. Se habló de violencia y sexualidad, pero también de deuda externa, condiciones de trabajo, jardines de infantes, trabajo doméstico no remunerado, presas políticas, derechos sexuales y reproductivos y participación política. Lo que ocurría dentro de los hogares se puso en relación con la organización económica, social y política del país.

Uno de los ejemplos más contundentes de esa capacidad de articulación fue la lucha por el aborto legal. La Campaña Nacional por el Derecho al Aborto Legal, Seguro y Gratuito reconoce entre sus antecedentes inmediatos los Encuentros de Rosario de 2003 y Mendoza de 2004. Allí se fortaleció una red que reunió feministas, organizaciones políticas y sociales, sindicatos, organismos de derechos humanos, trabajadoras de la salud, estudiantes y organizaciones territoriales. La Campaña se lanzó formalmente en 2005. Quince años después, la interrupción voluntaria del embarazo se convirtió en ley.

El propio Encuentro también fue transformado por las disputas que ocurrieron en su interior. Durante años, pueblos originarios y organizaciones de lesbianas, travestis, trans, bisexuales y personas no binarias reclamaron que la diversidad que ya construía ese espacio tuviera expresión en su denominación y en su organización. La discusión tomó fuerza en Trelew en 2018 y La Plata en 2019. Después de la pandemia, San Luis 2022 fue la primera gran convocatoria presencial bajo el nombre plurinacional y con las diversidades incorporadas explícitamente.

Córdoba profundiza ese proceso. La actual Comisión Organizadora incorporó nuevos espacios, entre ellos la Comisión Travesti, Trans y No Binarie y la Comisión de Pueblos y Naciones Preexistentes, integrada por representantes de los pueblos Camiare, Comechingón, Sanavirón, Rankulche y Querandí. La plurinacionalidad se convierte así también en una discusión sobre quiénes participan de las decisiones y desde qué lugares se construye el Encuentro.

Pero los cuarenta años encuentran a los feminismos frente a una coyuntura diferente. La ofensiva del gobierno de Javier Milei contra las políticas de género y derechos humanos, el ajuste sobre los ingresos y las políticas públicas y el deterioro de las condiciones materiales de vida vuelven más evidente que las desigualdades de género no pueden pensarse separadas de las condiciones económicas y sociales que atraviesan a las mayorías.

En ese escenario, el desafío vuelve a ser cómo construir una respuesta común frente a problemas que se expresan de maneras distintas pero forman parte de una misma realidad social. La pérdida del salario, la precarización del trabajo, el crecimiento de las tareas de cuidado, las violencias por razones de género, la desaparición de mujeres y jóvenes, la defensa de los derechos de las diversidades y las disputas de los pueblos originarios por sus territorios no constituyen luchas idénticas. El problema político es cómo esas experiencias pueden encontrarse, reconocerse y construir articulaciones capaces de trascender cada demanda particular.

Allí aparece uno de los desafíos centrales del feminismo como proyecto transformador. No alcanza con reconocer las múltiples formas que adopta la desigualdad si esas experiencias permanecen fragmentadas. La potencia política aparece cuando las demandas pueden encontrarse, producir organización y articularse con las luchas más amplias del campo popular.

Cuarenta años después de aquellas mil mujeres reunidas en Buenos Aires, más de cien mil personas se preparan para encontrarse nuevamente en Córdoba. En esas cuatro décadas cambiaron las demandas, se ampliaron las identidades que lo integran y muchas de las discusiones que nacieron o crecieron en los Encuentros lograron ocupar las calles, instalarse en la agenda pública y convertirse en derechos. Córdoba será una nueva estación de esa historia, pero también un escenario desde el cual los feminismos deberán volver a preguntarse cómo intervenir en un presente marcado por el ajuste, el avance sobre derechos conquistados y la fragmentación social. Lo que ocurra allí permitirá empezar a delinear no sólo la agenda del movimiento, sino también el lugar que los feminismos buscarán ocupar en las disputas políticas y sociales que vienen.

*Alejandra Rizzo, militante feminista argentina e integrante de la Colectiva Feminista Aquelarre en la provincia de San Luis, Argentina. Analista de NODAL


 

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