Internacional | Miles de jóvenes toman las calles en Francia, Bélgica, España, Portugal, Italia y Albania ante un futuro sin salida
La juventud europea se planta ante un futuro sin salidas
Las protestas se extienden por Francia, Italia, Bélgica, Albania, Portugal y España. La generación del mañana no se resigna.
Decenas de miles de jóvenes han tomado las calles en Francia, Bélgica, España, Portugal, Italia y Albania. Se suman así a la llamada revolución de la generación Z (nacidos entre 1997 y 2012), que impulsó en los dos últimos años la caída del Gobierno de Bangladés, la dimisión del primer ministro de Nepal y la disolución del Gobierno de Madagascar. Ahora, en Europa, a las puertas de un superciclo electoral, en el que se decidirán los gobiernos de cuatro de los cinco países más poblados de la UE (Francia, Italia, España y Polonia), los jóvenes comparten un descontento generacional marcado por la sensación de que su futuro se vuelve cada vez más estrecho y precario.
Francia ha concentrado la atención de los medios. Las movilizaciones duran ya más de un mes y han llegado a congregar a 266.000 personas en una sola jornada. Fueron lideradas inicialmente por estudiantes de secundaria. El pasado sábado se unieron los chalecos amarillos y los sindicatos, agricultores, transportistas y funcionarios públicos. El detonante ha sido el deterioro de la educación pública: reclaman más gasto en profesores, menos alumnos por aula y mejores instalaciones educativas.
Las reivindicaciones se topan con una creciente presión sobre las finanzas públicas. Los países de la UE acumulan una deuda pública equivalente al 82,9% del PIB, con Francia entre los más endeudados de los 27, con un 117,6% del PIB.
Los franceses han inspirado a los estudiantes belgas e italianos. “Facciamo come in Francia”, hagamos como en Francia, reclaman desde el sur del continente. “Dinero para la escuela, no para la guerra”, gritan en las calles de Roma, Milán y Turín, entre otras ciudades. En Bélgica, las movilizaciones responden a los recortes en la educación francófona y al aumento previsto del coste de las matrículas universitarias. El Gobierno de la Federación Valonia-Bruselas aprobó un plan de cerca de 500 millones de euros en recortes, repartidos entre distintos sectores, incluida la educación.
La presidenta de la Federación de Estudiantes Francófonos de Bélgica (FEF), Lenaïk Dumont, relata por correo que el catalizador de las protestas este año ha sido la reforma al decreto Paysage, que establece límites al tiempo y los créditos académicos necesarios para continuar los estudios con financiación pública. “Ya estamos en un ambiente de precariedad, en el que muchos de nosotros tenemos que trabajar mientras estudiamos e incluso apoyar económicamente en casa, y esta reforma fuerza a los universitarios a completar sus estudios lo más rápido posible para poder recibir los subsidios, incluso si su situación financiera es precaria”, denuncia Dumont. “El acceso a la universidad no debería depender de tu capacidad para acumular deudas; la educación es un derecho, no un privilegio”, recalca.
En Portugal, a semejanza de España, miles de jóvenes han iniciado protestas contra el encarecimiento de la vivienda. En la madrugada del domingo, cientos de personas desafiaron las órdenes de desalojo y pasaron la noche acampadas en el centro de Lisboa y Oporto para reclamar viviendas asequibles, informa Efe. Los manifestantes instalaron decenas de tiendas en la plaza del Rossio, una de las más emblemáticas de Lisboa, y en la plaza de Dom João I de Oporto, escenario esta semana de un desalojo policial que dejó cerca de cuarenta heridos, según los organizadores. Las acampadas comenzaron después de las manifestaciones celebradas el sábado en varias ciudades portuguesas contra el encarecimiento de la vivienda y del coste de la vida.
En Milán, graves disturbios
En Italia la noche del sábado degeneró en graves disturbios en algunas ciudades de Italia, especialmente en Milán, en emulación de lo que sucedía en Francia, informa Íñigo Domínguez. Durante la jornada se habían sucedido manifestaciones de protesta sin incidentes por la educación escolar y contra el coste de la vida, y una de 100.000 personas en Roma convocada por el principal sindicato italiano, CGIL, que proclamó una huelga general para el próximo 20 de noviembre. Sin embargo, a última hora aparecieron grupos violentos que se enfrentaron con la policía, en algunos casos muy jóvenes y menores de edad. El alcalde de Milán, Giuseppe Sala, dijo alarmado que no había visto nada igual en 10 años y lamentó que la presencia policial era insuficiente. Este domingo se volvieron a registrar incidentes similares en la ciudad que dejaron 160 detenidos, muchos de ellos menores.
Las protestas que derivaron en actos de violencia, sobre todo en Milán, Turín, Bolonia, Brescia y Bérgamo. Al menos 141 agentes resultaron heridos. Lo que más conmoción ha causado son los episodios de ataques y saqueos a tiendas. En Milán, en la plaza del Duomo y la galería de Vittorio Emanuele. En Turín fue asaltada la gran librería Feltrinelli de la estación de Porta Nuova.
Rápidamente, como en otras ocasiones, se desató una pelea política. Pese a que todos los partidos condenaron los actos violentos, la primera ministra, Giorgia Meloni acusó a la izquierda de justificarlos. En todo caso, ante esta insólita explosión de rabia, todos los medios han destacado que los violentos aparentemente no tenían adscripción política alguna.
Donatella della Porta, socióloga y politóloga italiana especializada en movimientos sociales, explica por correo: “La Generación Z se ha criado atravesando múltiples crisis —austeridad, cambio climático, pandemia y ahora guerras— y se ha socializado en las protestas de solidaridad con Palestina y contra el genocidio israelí. En Italia los llamamos la Generación Gaza”.
Este sentimiento en favor de Palestina también ha florecido en Países Bajos, donde los universitarios bloquearon y ocuparon espacios académicos en Ámsterdam y Utrecht en mayo de 2024 para exigir que sus instituciones rompieran relaciones con universidades israelíes. Ahora, las movilizaciones se extienden también a los recortes universitarios y al rearme militar. Evy Kras, presidenta del sindicato nacional de estudiantes neerlandés, comenta que su organización lleva más de una década protestando contra el “sistema de préstamo”, implementado en el país en 2015, que cambió subsidios a los universitarios por deuda. “Algunos estarán pagando hasta los 40 años”, denuncia. La beca básica fue restablecida en 2023, pero persiste la deuda acumulada por quienes estudiaron bajo el sistema anterior.
También se concentran en su oposición a la militarización. El sindicato participó en el movimiento Stop de Oorlogskoorts (Frenemos la fiebre bélica), que organizó una manifestación en Ámsterdam el 27 de septiembre, y prepara huelgas y paros estudiantiles para el 20 de noviembre. “Hemos tenido poco contacto con organizaciones de otros países, pero al final ninguno de nosotros quiere combatir en una guerra ni ser llamados a filas mediante el servicio militar obligatorio”, explica Kras.
Mientras, al este del continente es donde más se han hecho notar los manifestantes. En Serbia, casi dos años de protestas continuas tras el desplome de la marquesina de la estación ferroviaria de Novi Sad, que provocó 16 muertes, han desembocado en la convocatoria de elecciones anticipadas. En Albania, más de cuatro meses de protestas inicialmente pacíficas contra proyectos turísticos, entre ellos uno impulsado por el yerno de Donald Trump, Jared Kushner, han confluido esta semana con una revuelta estudiantil, que ha causado graves destrozos en edificios públicos como el Tribunal Supremo o el Ministerio de Educación, incendiados en parte.
Desencanto político
Aunque Europa no atraviesa una crisis económica comparable a la de 2008, las perspectivas de los jóvenes están condicionadas por la precariedad. En agosto, el desempleo entre los menores de 25 años alcanzó el 15,4% en la Unión Europea, frente al 6,1% general. En 2025, el 24,2% de los europeos de entre 15 y 29 años se encontraba en riesgo de pobreza o exclusión social, una proporción superior al 20,9% del conjunto de la población.
Uno de los problemas a los que apuntan los expertos es el desequilibrio demográfico. Tim Vlandas, politólogo de la Universidad de Oxford, acuñó el término “gerontonomía” para describir una economía en la que el creciente peso electoral de los mayores —que han pasado de ser el 17% de la población europea en 2005 al 22% en 2025, más que los menores de 20 años— incentiva políticas que favorecen mantener el consumo y las pensiones frente a la inversión social y el crecimiento futuro.
Las diferencias en edad se reflejan en las urnas. En España, el 51% de los mayores de 65 años, según un sondeo de 40dB de junio de 2026, vota al PP o al PSOE, mientras que la juventud se decanta por Vox (empatado con el PP entre el electorado menor de 25 años). En Francia, que celebra elecciones presidenciales en abril de 2027, las encuestas muestran que un 77% opta por la ultraderecha del Agrupamiento Nacional o la izquierda populista de La Francia Insumisa, frente a solo el 23% del resto de los partidos. Y en Italia, de cara a las legislativas del año que viene, casi el 50% de los votantes de entre 18 y 34 años se inclina por el bloque opositor de izquierdas frente a menos del 30% que respalda a la coalición de Giorgia Meloni, según sondeos de YouTrend.
La radicalización se combina con un desencanto con la política: en Francia, un 74% de los votantes menores de 30 niega que la clase política los represente o escuche, un dato similar al 69% en Italia o el 59% en España, según encuestas nacionales en cada país.
La estudiante belga Lenaïk Dumont reivindica: “Los jóvenes no somos apáticos, no nos falta interés en la política, estamos enfadados y no nos vamos a quedar de brazos cruzados”. También reclama que sus protestas no son nuevas, llevan más de un año en las calles, como en el resto de Europa. La Unión Europea de Estudiantes (ESU), que representa a organizaciones estudiantiles de todo el continente, registró 54 acciones de protesta en 22 países entre marzo y mayo de este año, frente a 31 en 13 países durante el periodo anterior.
En una pancarta exhibida este viernes por estudiantes italianos podía leerse: “Si nos quitáis el futuro, os bloqueamos el presente”. Queda por ver cómo se materializará este bloqueo en las citas electorales.
