De la masa madre a las trincheras de la batalla cultural: algoritmo y mito en el fenómeno Tradwife – Por Alejandra Rizzo

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De la masa madre a las trincheras de la batalla cultural: algoritmo y mito en el fenómeno Tradwife

Por Alejandra Rizzo* 

En la superficie de las pantallas, la escena transmite una serenidad casi pastoral. Una mujer joven porta un vestido de corte floral, un poco vintage, con un delantal bordado, mientras amasa pan de masa madre desde cero a las seis de la mañana, mientras la luz del sol entra suavemente por la ventana de una cocina con colores pasteles. En el fondo no hay ruidos de tráfico, ni notificaciones de trabajo, ni la ansiedad del correo no leído o el audio no escuchado del grupo de madres de la escuela de los hijos. Sólo se escucha una voz en off pausada, casi susurrada, que describe con cadencia anestésica el placer del servicio doméstico, la tranquilidad del cuidado de los hijos y la sumisión voluntaria al marido proveedor, al cual se debe atender sin chistar.

Se trata del universo del contenido ‘’Tradwife’’ (abreviación anglófona de ‘’traditional wife’’, es decir en castellano, esposa tradicional), una de las subculturas digitales de mayor crecimiento global en las plataformas de Tik Tok e Instagram. Lo que a simple vista pretende parecer solo una tendencia estética de cocina rústica o un pasatiempo inocente de ama de casa, constituye en realidad un complejo artefacto político, ideológico y económico.

El fenómeno consiste no sólo en un retorno de las mujeres al hogar como ideal, sino también en la transformación de una domesticidad idealizada, asociada históricamente con jerarquías de género, valores religiosos y reacciones antifeministas, en una performance digital altamente rentabilizada y monetizable.

En esta circulación algorítmica, los signos de la tendencia del ‘’tradwifery’’ se han desprendido parcialmente de su nicho ideológico original para impregnar la cultura de masas, apuntando a convertirse posiblemente en un refugio utópico que reproduzca formas de actuar propias del patriarcado pero reversionadas en esta nueva fase digital capitalista que atravesamos. ¿Será esta una de las puntas de lanza de la restauración neoconservadora global que se intenta imponer?

Arqueología de un fetiche digital

Contrario a la narrativa de los algoritmos que lo presentan como una «novedad de TikTok», el fenómeno no nació de manera espontánea en las redes sociales, sino que posee una genealogía histórica y conceptual bien documentada. En 1963, y en pleno desarrollo de la segunda ola feminista, Helen Andelin publicó el libro Fascinating Womanhood, una obra reaccionaria que defendía la feminidad orientada exclusivamente al matrimonio, el cuidado doméstico y la obediencia al esposo. En junio de 2013, tuvieron su aparición pública las comunidades llamadas ‘’Red Pill’’, que nacieron en plataforma Reddit como una subcomunidad ‘’r/RedPillWomen’’ que hacía referencia a un espacio virtual articulado cuyas interacciones sociales se basaban en la idea del hombre como el dominante o proveedor y la mujer como aquella subordinada o sumisa al hombre. 

Entre 2016 y 2018 encontramos los primeros registros y cobertura periodística del término ‘’Tradwife’’, que comenzó a ser rastreado en redes sociales estadounidenses hacia 2016, y dos años después, la investigadora Annie Kelly publicó en The New York Times el artículo The Housewives of White Supremacy, donde expuso cómo creadoras de contenido utilizaban la imagen glamorosa de las amas de casa de los años cincuenta para difundir ideales tradicionalistas que se solapaban con el nacionalismo blanco. La crisis del COVID-19 y el confinamiento global en 2020 aceleraron la expansión de la cultura doméstica en el entorno digital, donde análisis académicos (Peños Seisdedos, 2025)  identificaban el uso de una estética hiperfemenina como vehículo de propaganda para la extrema derecha.

Entre 2021 y 2026, el fenómeno pasó de ser analizado como una subcultura marginal a convertirse en un campo de estudio interdisciplinario en psicología, economía y sociología, donde diccionarios como Merriam-Webster y Cambridge terminaron por incorporar formalmente la voz ‘’Tradwife’’ a la lengua general.

Las divas del algoritmo

El mapa de las grandes creadoras contemporáneas demuestra cómo una etiqueta ideológica logra transformarse en un código estético de consumo masivo. Al analizar a los perfiles con mayor volumen de seguidores global, las principales referentes rechazan abiertamente el rótulo de ‘’Tradwife’’. 

Una de ellas es Hannah Neeleman (@ballerinafarm), ex bailarina de ballet formada en Juilliard y madre de una familia numerosa. Ella muestra la vida cotidiana en una granja de Utah, y aunque exhibe una cocina rural, elaboración de masa madre y cuidado de animales bajo el marco de la fe mormona, Neeleman maneja en simultáneo una compañía agroindustrial multimillonaria de carne y productos lácteos.

La siguiente en la lista es Nara Smith (@naraazizasmith), quien se volvió viral por preparar desde cero alimentos procesados de consumo masivo (como crema de maní o cereales) con una a estética de alta costura, tono de voz en modo ASMR (Respuesta Sensorial Meridiana Autónoma) y una pulcritud insólita en la cocina. Smith ha rechazado enfáticamente ser una ‘’Tradwife’’, definiéndose como una madre trabajadora que comparte las responsabilidades de su hogar con su pareja en partes iguales.

Por último, el fenómeno en español más relevante de TikTok en 2024, Roro Bueno (@roro.bueno), quien se hizo conocida por la estructura narrativa «a Pablo le apetecía…», mientras elabora platos complejos y otras manualidades para su novio Pablo. Roro ha declarado no sentirse identificada con la categoría ‘’Tradwife’’, señalando que la cocina forma parte de un ‘pasatiempo personal’ y que sus videos tienen una dimensión de personaje teatral.

A pesar de que estas creadoras de contenido para redes sociales no se autoproclaman ‘’Tradwife’’ ni antifeministas, la recepción de sus mensajes demuestra la fuerza del ecosistema patriarcal que las rodea. En plataformas como YouTube proliferan análisis de sectores masculinos que celebran cómo estas figuras «destruyeron al feminismo», mientras que las secciones de comentarios se llenan de mensajes que exaltan a la mujer al servicio exclusivo del hombre y rechazan a las mujeres que eligen trayectorias profesionales o de no crianza.

La trampa material dentro de la quiebra de la Girlboss y el mito del descanso

Para comprender por qué millones de mujeres jóvenes de la Generación Z consumen estos videos como una fantasía aspiracional, es indispensable analizar la crisis del modelo que los precedió; el paradigma de la Girlboss. Acuñado en 2014 por la empresaria Sophia Amoruso en su autobiografía GIRLBOSS, el término representó durante la década de 2010 la promesa del feminismo liberal y corporativo. 

El término acuñó el significado de la mujer ambiciosa, ejecutiva, económicamente independiente y orientada al éxito profesional incesante. Sin embargo, el ideario de la Girlboss no cuestionó las estructuras de explotación capitalistas, sino que invitó a las mujeres a adaptarse a ellas bajo el eslogan de la autodeterminación. La llegada de la pandemia y la posterior crisis económica expusieron las grietas del modelo, donde las mujeres experimentaron el colapso del mito de la «supermujer», dando paso a la llamada «girlboss fatigue» (el agotamiento cultural crónico ante la cultura del esfuerzo y el bullicio). 

Movimientos intermedios como el quiet quitting (tendencia laboral en la que los empleados limitan su esfuerzo estrictamente a lo que exige su contrato de trabajo, cumpliendo su horario y rechazando asumir horas extra o tareas adicionales sin remuneración), los lazy girl jobs (empleo de oficina o remoto bien pagado que ofrece baja carga mental, poco estrés, horarios fijos y gran flexibilidad) y la soft girl era (elección de priorizar el autocuidado, la tranquilidad, la feminidad y una vida sin estrés) funcionaron como puentes culturales hacia la reivindicación del hogar como un supuesto refugio contra la precarización. 

La distopía del ingreso único

Sin embargo, este repliegue hacia lo doméstico esconde una profunda trampa estructural. La solución que ofrece el estilo de vida ‘’Tradwife’’ ante el agotamiento laboral no es la conquista de licencias de cuidado, salarios dignos, servicios públicos o ruptura del sistema de valores patriarcales del capitalismo, sino la renuncia a la autonomía económica y la dependencia directa de un varón proveedor. Al mismo tiempo, la retórica del «reposo en el hogar» omite de forma deliberada la abrumadora realidad del trabajo doméstico no remunerado. La Organización Internacional del Trabajo (OIT) estima que a nivel mundial las mujeres asumen el 76,2% del total de horas de trabajo de cuidado no remunerado. En América Latina, las mediciones de la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL) indican que el trabajo de cuidados representa entre el 15,7% y el 26,8% del PBI regional, constituyendo el sector económico más grande, provisto en más de dos tercios por mujeres.

En la Argentina actual, la viabilidad material del modelo del varón proveedor exclusivo es insostenible para la inmensa mayoría de la población. Mientras que el Salario Mínimo Vital y Móvil se ubica en $376.600, la Canasta Básica Total que determina la línea de pobreza para una familia tipo alcanza los $1.531.473. De acuerdo con datos del Instituto Nacional de Estadística y Censos de la República Argentina (INDEC), el 12,2% de la población ocupada debe recurrir a más de un empleo para subsistir, de los cuales las mujeres representan el 56,6% del total. El 15,5% de las mujeres ocupadas en Argentina es pluriempleada, frente al 9,5% de los varones. Más de dos millones de familias en el país son sostenidas por mujeres solas en condiciones de extrema precariedad, con un 90% de participación laboral activa y un alto índice de incumplimiento de la cuota alimentaria por parte de los progenitores.

Utopía de consumo y trinchera política

El auge de la cultura ‘’Tradwife’’ no debe interpretarse como una anécdota inocente de las redes sociales ni como una simple preferencia de estilo de vida. Constituye una respuesta mercantilizada y conservadora ante el colapso de las condiciones de vida, el agotamiento del modelo corporativo de la Girlboss y la crisis del trabajo bajo la fase actual digital del capitalismo.

Detrás de la escenografía de vestidos florales y pan recién horneado, la tendencia ‘’Tradwife’’ expone una herida real donde el cansancio extremo predomina frente a las exigencias del sistema capitalista que nos demanda productividad incesante, dentro y fuera de la conocida “jornada laboral” tanto en territorio físico como virtual. Sin embargo, cambiar la explotación laboral en el trabajo formal por la dependencia económica en el trabajo doméstico no liquida la precariedad, solo denota un cambio de jefe.

Al ofrecer la sumisión doméstica como refugio frente al burnout (síndrome del “trabajador quemado”), el algoritmo transforma el dolor de la precarización en un espectáculo visual apetecible y modelo a seguir. Sin embargo, más allá del espejismo de las cocinas impecables, la realidad demuestra que la verdadera salida no es individual ni retro o rústico, no tiene colores pastel, ni son las familias numerosas atemporales y los roles tradicionales. Conservar, volver al pasado o repetir recetas opresoras no son soluciones a las múltiples crisis actuales.

Quizás el desafío pasa por convertir este agotamiento corporal, emocional y espiritual al que nos somete el capitalismo, en una oportunidad para tejer nuevas redes comunitarias de cuidado, como respuesta a la injusticia perpetrada hacia la humanidad. Una apuesta colectiva por construir formas de vida genuinamente humanas, dignas y justas para toda la sociedad, lucha popular mediante. Escenas muy alejadas de la escenografía individual de un vestido vintage, un pan casero y una abundante prole bien peinada.

 

*Alejandra Rizzo es militante feminista e integrante de la Colectiva Feminista Aquelarre en la provincia de San Luis, Argentina. Analista de NODAL

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