Ojos que no ven, femicidios que aumentan – Por Alejandra Rizzo
Ojos que no ven, femicidios que aumentan
Por Alejandra Rizzo*
La violencia patriarcal es un germen global que en Argentina encuentra un escenario cada vez más grave. Durante octubre de 2026, el país registró las cifras de femicidios más altas de los últimos cinco años, relacionado a un aumento del endeudamiento de su población y a la profundización del abandono del estado dirigido por Javier Milei en su solución, acompañamiento o mejoramiento de la vida. A esta realidad se suma la expansión de la violencia digital, consecuencia de la nueva fase que atraviesa el sistema capitalista, donde el acoso y el hostigamiento virtual se hacen realidad y operan como mecanismo de silenciamiento.¿Cómo impactan las acciones neofascistas frente a un sistema que asesina a cientos de personas al año?
El registro de femicidios en Argentina es realizado por organizaciones sociales que, frente a la falta de información por parte del Estado y los medios de comunicación, decidieron comenzar a relevar, estudiar y analizar estos hechos y su relación con el contexto actual. El Observatorio de las Violencias de Género Ahora Que Sí Nos Ven, en colaboración con la Universidad Nacional del Delta (UNDelta), reportó 242 muertes violentas en los primeros diez meses del año. Durante octubre relevaron 39 casos, equivalente a un asesinato cada 18 horas. La medición incluye 202 femicidios directos, 24 femicidios vinculados —asesinatos de personas cercanas para causar daño emocional a la mujer—, 8 travesticidios y 8 instigaciones al suicidio. Un caso de mucha difusión fue el de Nanci Godoy, una docente rural de 52 años de Corrientes. Tras permanecer desaparecida durante 20 días, su cuerpo fue hallado a fines de mes y la autopsia confirmó múltiples heridas y signos de defensa. Asimismo, en los Bosques de Palermo, un grupo de entre 50 y 60 jóvenes atacó a mujeres trans que ejercen el trabajo sexual, utilizando palos y piedras. Al menos seis resultaron heridas y los agresores difundieron las imágenes del ataque en redes sociales, en un grave episodio de violencia transfóbica.
En suma a estos datos, el Observatorio Nacional “Mujeres, Disidencias, Derechos” de la organización Mujeres de la Matria Latinoamericana (MuMaLá) documentó 728 intentos de femicidio de enero a octubre del presente año, siendo la provincia de Buenos Aires quien encabezó las estadísticas con 93 crímenes. El impacto social de esta violencia también tiene sus consecuencias, el relevamiento identificó que 179 menores de edad quedaron huérfanos de madre. El 61 por ciento de los asesinatos fue cometido por parejas, exparejas o familiares. Además, el 59 por ciento de los ataques ocurrió en la vivienda de la víctima o en el domicilio compartido.
Esta situación nacional tiene su expansión a nivel internacional. Según la entidad de la Organización de las Naciones Unidas para la Igualdad de Género y el Empoderamiento de las Mujeres (ONU Mujeres), casi 50.000 mujeres y niñas son asesinadas cada año en el mundo por parejas o familiares. Esto representa un promedio de 137 víctimas letales diarias. La Organización Mundial de la Salud (OMS) calcula que el 31,6 por ciento de las mujeres, unas 840 millones de personas, sufrieron violencia física o sexual en su vida. A nivel regional, la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL) registró 3.770 femicidios en 2024.
En Argentina, el incremento local de la letalidad coincide con un cambio en la administración gubernamental. Desde sus comienzos en 2023, el gobierno de Javier Milei ejecuta un desmantelamiento sistemático de las políticas públicas preventivas de la Violencia de Género. Por primera vez en cuatro décadas, el país carece de un organismo nacional especializado, mientras las autoridades nacionales promueven discursos que desacreditan las denuncias. Esta falta de presupuesto y dispositivos de protección deja a las mujeres sin asistencia ante un riesgo inminente del sistema capitalista violento que sigue su curso, acción coherente con la ideología libertaria fascista de Milei, quien el 30 de octubre declaró durante una conferencia en la Universidad Torcuato Di Tella, que ‘’se siente bendecido por poder ser amigo del primer ministro de Israel, Benjamin Netanyahu’’, quien recordemos lleva adelante el genocidio más violento del mundo sobre el pueblo Palestino.
Las agresiones también se encuentran en las redes de la virtualidad, donde la violencia de género digital abarca las conductas que vulneran derechos mediante las nuevas tecnologías de hoy. En un informe del 2025, ONU Mujeres detalló que el 38 por ciento de las mujeres sufrió ataques en internet, y que uno de cada diez casos provocó el abandono de las redes sociales. Esto demuestra que, en las herramientas digitales, el sistema patriarcal encuentra una forma para aumentar su violencia, el «stalking» o ciberhostigamiento constante, el «doxing», la publicación de datos personales para facilitar acosos, y el «grooming», la captación de menores con fines de explotación, son unos de sus ejemplos.
Estas modalidades virtuales generan consecuencias letales, ya que el acoso continuo provoca aislamiento y depresión de la víctima. En abril de 2026, Shadya Altamirano, una joven de 29 años de la provincia de Santiago del Estero, se quitó la vida tras sufrir amenazas y la difusión de material íntimo por parte de su expareja, pese a tener denuncias previas. En mayo de este año, un hombre fue detenido en la provincia de Salta, Argentina, por utilizar programas de inteligencia artificial para crear fotos íntimas falsas.
Sin embargo, lo que en apariencia es un ‘’no control’’ de la virtualidad como la causa de la violencia, en la realidad es la violencia que profundizan los dueños de las tecnologías. El algoritmo Grok, diseñado para la red social X y propiedad del empresario Elon Musk, recibió denuncias por generar contenido degradante a partir de rostros reales. En paralelo, plataformas como el videojuego Roblox registran abusos donde los usuarios fuerzan a avatares femeninos a simular actos sexuales. Esto demuestra que el sistema patriarcal desde hace 500 años encuentra en cada sistema social y en cada fase del capital una nueva forma de violencia de género con el único objetivo de convertirnos en cuerpos y mentes sumisas.
Cuerpos y mentes en constante disciplinamiento, tanto a través de la inacción estatal y la violencia de género en este universo, como el ciberhostigamiento en el metaverso. Maquinaria dirigida por unos pocos, dueños del 80 por ciento de las riquezas del mundo, quienes buscan romper la organización colectiva, humana y revolucionaria. Mientras los dueños del mundo usan la violencia patriarcal como un instrumento disciplinador, los movimientos feministas y transfeministas revolucionarios del mundo sostenemos que la organización colectiva sigue siendo la herramienta central para dar vuelta la taba del mundo hacia uno de hombres y mujeres libres.
*Alejandra Rizzo, es militante feminista argentina e integrante de la Colectiva Feminista Aquelarre en la provincia de San Luis, Argentina. Analista de NODAL

