¿Que es Petrocaribe?

 


Petrocaribe. También conocido como Acuerdo de Cooperación Energética Petrocaribe. Iniciativa de cooperación energética solidaria propuesta por el Gobierno Bolivariano de Venezuela y enmarcada en la Alianza Bolivariana para los Pueblos de Nuestra América (ALBA), con el fin de resolver las asimetrías en el acceso a los recursos energéticos, por la vía de un nuevo esquema de intercambio favorable, equitativo y justo entre los países de la región caribeña, la mayoría de ellos consumidores de energía y sin el control estatal del suministro de los recursos.

Organismo multilateral que asegura la coordinación y articulación de las políticas de energía, incluyendo petróleo y sus derivados, gas, electricidad, uso eficiente de la misma, cooperación tecnológica, capacitación, desarrollo de infraestructura energética, así como el aprovechamiento de fuentes alternas, tales como la energía eólica, solar y otras.

Antecedentes

Imperialismo y Choque Cultural

El encuentro violento y desigual entre el conquistador español y el indígena americano, constituyó la primera defensa de los habitantes originarios del continente por su autodeterminación. La colonización de las tierras del Caribe fue un proceso violento, depredador e inhumano que diezmó las etnias originarias de la región insular. El genocidio cometido por los colonizadores significó el exterminio casi total de las etnias originarias Arawak y Caribes, hecho que cambió el curso de la historia para el continente americano.

Para sustituir esa “mano de obra”, las potencias europeas crearon el más cruel y poderoso sistema de explotación del hombre por el hombre, al institucionalizar el tráfico de esclavos africanos. De la parte occidental de ese continente fueron arrancadas comunidades enteras de su medio natural, debido a su experiencia y disciplina laboral, con el propósito de recuperar con mayor celeridad la inversión hecha por los dueños de las plantaciones en la compra del esclavo.

Entre los siglos XVII y XIX, la posición estratégica de las islas que conforman el Caribe contribuyó enormemente al desarrollo del gran imperio generado por las plantaciones, el tráfico de esclavos y el comercio ultramarino. Este espacio privilegiado por la naturaleza fue escenario de las rivalidades entre las potencias colonialistas, las cuales tuvieron bajo su control la explotación y comercialización del gran imperio comercial generado por el cultivo en gran escala de plátano, tabaco, algodón, café y, especialmente, azúcar.

Tanto el desarrollo económico como el acontecer social de los diversos países del Caribe quedaron sellados por las implicaciones y derivaciones raciales del fenómeno de la opresión y explotación capitalista y colonialista. A partir del siglo XVII, la presencia militar y política de las potencias fue a la par con la penetración de las compañías de navegación y comercio, estableciendo importantes colonias de plantación en Antigua y Barbuda, Jamaica, Martinica, Guadalupe, Haití y Cuba, creando un imperio de oro y miseria, tal como lo expresa el historiador haitiano Gérard Pierre-Charles:

“En adelante, el “comercio triangular”, que coadyuvó en forma decisiva a la acumulación de bienes del capitalismo naciente, transportaba, de Europa hacia África, pacotillas; de África al Caribe, negros encadenados y del Caribe a Europa, azúcar, sangre y ganancias”

Gritos de libertad

En segundo lugar, y como consecuencia de las contradicciones generadas por el sistema de opresión, en respuesta a las condiciones de humillación y degradación de la condición humana impuestas por el modelo económico implantado, surgen los gritos de libertad y las luchas por la independencia de las colonias contra el dominio imperial.

Como ejemplo emblemático de la lucha por la igualdad y la libertad de hombres y mujeres, se encuntra el caso de Haití. En esa isla no sólo se produce la primera rebelión de esclavos del continente americano, liderada en 1791 por Toussaint Louverture. También esa nación se convierte en la primera república independizada del dominio colonial, en este caso la inglesa, hecho ocurrido en 1803. La rebelión iniciada por el líder haitiano es seguida por el esclavo venezolano José Leonardo Chirinos, quien en 1795 también llega a proclamar un reino independiente en tierras falconianas.

Los mismos haitianos prestaron posteriormente importante colaboración a las luchas que encabezaron el precursor de la independencia americana, Francisco de Miranda y el Libertador de cinco naciones, Simón Bolívar. En 1816, con apoyo logístico del Presidente Alexander Petión, Bolívar llegó a Venezuela, decretando la libertad de los esclavos y diciendo:

“de ahora en adelante, en Venezuela habrá un solo tipo de hombres y de mujeres, todos serán ciudadanos”

Diez años antes, el 12 de marzo de 1806, el mismo Petión, colaborador del entonces presidente Jean Jacques Dessalines, hiso entrega a Francisco de Miranda de la “Espada Libertadora”, como símbolo de la independencia y la lucha por la liberación de los pueblos del continente.

Crisol cultural

Otro aspecto de suma importancia. Entre las potencias dominantes, figuran Inglaterra, Holanda, Francia, España, Dinamarca y, Estados Unidos. Luego de disminuir la mano de obra de la mayor parte de los agricultores de las diversas naciones del continente africano, el comercio esclavista se extendió a tierras hindúes, chinas, japonesas y malayas, principalmente.

El crisol cultural que se produjo en este intercambio de sudor y explotación, convivencia forzosa entre civilizaciones, crearon importantes esquemas de comunicación que posteriormente se convertieron en legados universalmente reconocidos. Los vecinos del Caribe no sólo aprovecharon el legado de los idiomas heredados de las potencias colonizadoras, además crearon su propio idioma: el papiamento, mezcla de español, portugués, francés, inglés, que se habla en las islas de Aruba, Bonaire, y Curazao.

La resistencia cultural de estos pueblos no sólo se expresó a través del lenguaje. También generó un conjunto de expresiones de alcance universal en los campos de la música, la literatura, las artes plásticas, la gastronomía, y otras ramas.

El Caribe es un reservorio de riquezas energéticas, acuícolas y es rico en yacimientos de minerales estratégicos. Se trata de una región llamada a convertirse en una potencia turística mundial y de prestación de servicios marítimos por su ubicación geoestratégica.

Cuando el 29 de junio de 2005, 14 mandatarios de igual número de países de Centroamérica y el Caribe, encabezados por los presidentes para ese entonces, Hugo Chávez Frías, presidente de la República Bolivariana de Venezuela, y Fidel Castro Ruz, presidente de la República de Cuba, se reunieron en la ciudad de Puerto La Cruz para fundar Petrocaribe, la realidad y las perspectivas energéticas de la región estaban dominadas por la presencia cuasi hegemónica de las grandes compañías transnacionales que controlaban ese mercado.

Por otra parte, Venezuela, como proveedor regional y mundial de hidrocarburos, había tenido una presencia relativamente tímida en el área, marcada básicamente por el suministro a algunos países a través del denominado Acuerdo de San José.
Fundación

La organización nació el 29 de junio de 2005, tras el Acuerdo de Cooperación Energética suscrito por 14 países del Caribe durante el Primer Encuentro Energético de Jefes de Estado y/ o de Gobierno del Caribe sobre Petrocaribe, celebrado en la ciudad de Puerto La Cruz, al Oriente de Venezuela[3].

Surge como una iniciativa política fundamentada en el uso racional de los recursos energéticos, no renovables y agotables, para impulsar la integración y el desarrollo sostenido de los pueblos de la región, sobre la base de la complementariedad, la solidaridad y la corresponsabilidad social. Esto, en el marco del pleno respeto a la soberanía, la diversidad y necesidades de cada país.

En este sentido, Petrocaribe es un factor político catalizador que ayuda a la consecución de los esfuerzos integradores de la región y al mejor aprovechamiento soberano de los recursos energéticos para disminuir las terribles asimetrías que impiden a vastos sectores de los países, el acceso a condiciones esenciales y dignas de vida.

El principio de solidaridad compartida, las capacidades y fortalezas de los pueblos, constituyen la base que anima el convencimiento y respaldo a esta iniciativa, como instrumento facilitador del intercambio complementario que trascienda y transforme los mecanismos tradicionales que han distorsionado el sector energético de la región, para convertir la energía en apalancamiento del desarrollo de los países.

 


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