Buscando conjurar la crisis en el Catatumbo

Sobre el papel, se habla de la solicitud de creación de una zona de reserva campesina y de buscarle alternativas a la exigencia de erradicación manual de cultivos ilícitos.

Sin embargo, detrás de esas peticiones de las organizaciones sociales del Catatumbo, hay un pulso de poder territorial, político y económico, cuyas incidencias ya se sienten en la mesa de diálogos de paz entre el Gobierno y las Farc en La Habana, y se pueden extender en cualquier momento a otras regiones del país. Lo que rumoran en el Gobierno es que se conoce de más marchas y protestas que se estarían gestando en otras regiones del país, como en el sur del Tolima, Huila, Caquetá, Antioquia, Cauca e incluso en zonas fronterizas.

De allí las advertencias del presidente Juan Manuel Santos, quien dijo que no va a permitir en ninguna parte que el orden público sea vulnerado. Y por ello, la reunión de ayer en la Casa de Nariño, en la que además del primer mandatario estuvieron los ministros del Interior, Fernando Carrillo; de Agricultura, Francisco Estupiñán, y de Minas, Federico Renjifo, además del gobernador del Norte de Santander, Édgar Díaz, y mandatarios de nueve municipios. La idea era buscarle salida a una crisis que ya ha dejado dos muertos y numerosos heridos, parálisis en el comercio y desabastecimiento de medicamentos y víveres en municipios.

Tarea difícil, pues como dice Juan Carlos Quintero, vicepresidente de la Asociación Campesina del Catatumbo, es una crisis que pasa por “el abandono histórico que ha tenido el Estado con la región, que lo único que ha recibido es el saqueo de sus recursos naturales y guerra