Comenzó el juicio a policías involucrados en crimen de estudiantes hondureños

La rectora de la Universidad Nacional Autónoma de Honduras (UNAH), Julieta Castellanos, y Aurora Rodríguez, madres de los dos universitarios ultimados, Rafael Alejandro Vargas Castellanos y Carlos David Pineda Rodríguez, se apostaron ayer en primera fila en el Tribunal de Sentencia que definirá si los cuatro policías acusados por asesinato terminaron o no con la vida de los dos jóvenes.

Las mujeres no pudieron evitar el dolor que les causó en el preciso momento en que se formalizó la acusación criminal por parte del Ministerio Público (MP).La sala de Sentencia estaba repleta por familiares de las víctimas, así como de los imputados, todos los miembros de la Comisión Interventora del MP, medios de comunicación, representantes de derechos humanos, así como por los coordinadores de la Fiscalía y de la Defensa Pública.

El debate dio inicio con más de una hora de retraso, los jueces con jurisdicción nacional argumentaron que todo se debió al tráfico vehicular que impera en el trayecto de la Penitenciaría Nacional (PN) en el valle de Támara a la Corte Suprema de Justicia (CSJ).

Sin embargo, con las excusas del caso ingresaron los imputados hasta la sala de Sentencias, ellos son: Santos Arnulfo Padilla Rodríguez, Gabriel Donatilo Macías Hernández, Wilson Roberto Córdova Rodríguez y José Rubén Pozo López, acompañados de sus apoderados legales, públicos y privados.

Mientras se disponían los jueces a iniciar el proceso, los involucrados en el caso Santos Arnulfo Padilla, llevaba en sus manos un rosario azul, mientras José Rubén Pozo López cruzó sus manos mostrando signos negativos, así como los también acusados Gabriel Donatilo Macías Hernández, Wilson Roberto Córdova Rodríguez, estos dos últimos pidieron declarar porque se consideran inocentes del proceso que se les sigue.La juez que presidió la sala les hizo saber a los sospechosos del doble crimen, que si querían declarar lo podían hacer, de inmediato el MP a través de una representante del Estado formalizó la acusación.

La rectora Julieta Castellanos agachó su cabeza y la descargó sobre un cuadro en el cual portaba la fotografía de su hijo Rafael Alejandro, dos minutos después se retiró de la audiencia, su rostro estaba bañado en lágrimas.

No así doña Aurora que también se apoyó en el retrato de su hijo Carlos David y soportó toda la lectura que indicaba cómo habían ajusticiado a sus hijos el 22 de octubre en horas de la madrugada de 2011.

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