Gabriela Esquivada: “La prensa de EEUU y la Argentina”

Las trincheras periodísticas en auge en nuestro país se arrojan cada vez más noticias u opiniones publicadas en el exterior; en particular, en Estados Unidos. Viernes consultó a periodistas y analistas con trayectoria en el país y en Norteamérica para entender qué dice la prensa local y por qué.

Cuesta, desde el periodismo argentino, escribir sobre cómo la prensa estadounidense cubre poco -y en los medios masivos, con menos cuidado que otros temas pero siempre con peso- las noticias de América Latina. Las prácticas de mala calidad son comunes a los periodistas tanto en los Estados Unidos como en América Latina, argumentó John Dinges, profesor de periodismo de la Universidad de Columbia, Nueva York, autor de The Condor Years (Los años del Cóndor) y Our Man in Panama (Nuestro hombre en Panamá), reconocido con el Premio María Moors Cabot a la Excelencia por su trabajo como corresponsal en la región. Habría que comparar la labor de los periodistas latinoamericanos sobre los Estados Unidos para ver si utilizan menos simplificaciones o fuentes anónimas; mi impresión es que se encontrarían las mismas prácticas chapuceras.

Una larga historia de actuación política acabó con la fantasía de la neutralidad presunta y el respeto del derecho a la información en los medios latinoamericanos. Sin embargo, la influencia de la prensa argentina, mala y buena, en la región y en el mundo difícilmente se pueda comparar con la influencia de la prensa estadounidense, mala y buena.

En el caso argentino, el periodismo ha sufrido una pérdida de calidad sostenida desde su gran momento en la década de 1960, en particular durante la siguiente, por el papel de la prensa durante la última dictadura; y luego de una breve etapa de investigación en los años del remate del Estado, factores tan variados como los recortes económicos en las empresas periodísticas endeudadas en dólares, los criterios de reparto de la publicidad oficial, la polarización política y la polémica por la ley de medios sumaron al problema. Las excepciones brillan por sí mismas, de modo paradójico dentro y fuera de los medios masivos porque, al igual que en todas partes, esos grandes medios han perdido terreno a manos de las nuevas tecnologías de la información. Los medios argentinos se ciñen con fuerza a lo local no sólo porque la cercanía es uno de los criterios fundamentales de la noticia: en un país pauperizado con una educación pública malherida, ni siquiera a los medios mayores parece darles rédito una cobertura del mundo más allá de las agencias de noticias.

Estados Unidos es la gran potencia de referencia en la región -más allá de la historia de intervención del Departamento de Estado o del capital- y los emigrados de esos países constituyen la primera minoría de su población. La dinámica propia de las relaciones entre una gran potencia y su área de influencia, como escribióRoberto Russell (Universidad Di Tella), define intercambios más complejos, agotadas ya -entre otras- las lecturas de la irrelevancia de la región o su opuesta, la vocación imperialista.

Un ejemplo de esa complejidad: A pesar de que escriben poco sobre la región, los medios estadounidenses tienen una influencia muy fuerte, señaló Pedro Brieger, sociólogo, profesor de la Universidad de Buenos Aires, autor (Los últimos días de la URSS, ¿Qué es Al-Qaeda?) y director de Nodal, un portal que reproduce noticias de diarios, radios, blogs y otras fuentes de cada país de América Latina. Damos siempre la mirada latinoamericana. ¿Cómo puede ser que nos sigamos enterando de lo que pasa en Colombia por la agencia de noticias EFE de España?.

Para Martín Sivak, autor de Jefazo, retrato íntimo de Evo Morales y Clarín, el gran diario argentino, una historia (tema de su tesis de doctorado para la Universidad de Nueva York, donde también enseña), en los Estados Unidos la prensa mainstream -dicho esto con el riesgo y el problema de incluir en la misma categoría a Fox News y The New York Times- realiza una cobertura de América Latina en la que prevalecen los estereotipos y los paternalismos. Sivak intentó responder a una nota de Mary Anastasia O’Grady, columnista de The Wall Street Journal, en la que se comparaba el caso de Afganistán y Osama bin Laden con Bolivia y Evo Morales, con afirmaciones sin respaldo de fuentes verificables. La sección de opinión no pareció muy interesada en un debate, dijo. O’Grady ha escrito los mayores disparates sobre Bolivia. Muchas veces da por ciertos discursos de barricada de los opositores al presidente Morales; algo que equivale a que un periodista argentino redacte una costurita dando por cierto que Obama no nació en los Estados Unidos.

Más importante que la directriz visible en una firma es el efecto que pueden ejercer sus afirmaciones. Para Brieger, si O’Grady publica algo negativo sobre la Argentina, los sectores con intereses opuestos a la Argentina dicen The Wall Street Journal sostiene que la Argentina…. El director de Nodal destaca la consecuencia: Hay una utilización del discurso mediático estadounidense, por más que un columnista tenga un nivel de capacitación bajo o recurra a pocos datos o muestre una visión ideológica muy sesgada para construir la información.

Sivak amplía: Los contenidos son usados, en general, de manera provinciana: ‘The Washington Post elogia al Gobierno’, dijeron exaltados los medios kirchneristas con algunos temas puntuales al principio de su década. Y los medios críticos emplean el mismo recurso. Muchas veces se trata de artículos sin densidad; un ejemplo extremo fue cuando el corresponsal Larry Rohter, de The New York Times, dio a entender que el [entonces] presidente de Brasil, Lula da Silva, tenía problemas con el alcohol.

La columnista O’Grady, del diario de Rupert Murdoch, es un caso muy especial, como ese artículo de Rohter. A la vez que reconoce el alcance en la región de -su lista- The New York Times, The Washington Post, The Wall Street Journal y los europeos Financial Times, The Guardian y El País, Dinges enfatiza: He tenido mucha experiencia en la verificación y confirmación de lo que se escribe tanto en estos periódicos sobre América Latina y en periódicos latinoamericanos. Nunca uso datos si no tienen una fuente adecuada. Hago muchas críticas a la cobertura sobre América Latina, pero no veo cómo se sostienen esas generalizaciones sobre prácticas chapuceras en realidad.

De modo complementario, para Brieger el problema de las prácticas nos interpela a todos. Se trata de un mal general del periodismo contemporáneo: No se va a las fuentes. Si la mayoría de los periodistas latinoamericanos no lee la prensa de la región, menos la van a leer los estadounidenses. Señaló matices culturales y políticos: Los hechos se tratan con una mirada cerrada en los Estados Unidos como centro del mundo; afuera sólo importa lo que los involucra. Honduras en 2009, por ejemplo: De ser ignorado en los medios, el país ocupó un lugar central porque se derrocó a Manuel Zelaya, un presidente de esta corriente llamada progresista. Los columnistas y los editoriales opinaron sobre América Latina con una concepción muy simplista según la cual los procesos políticos en la región están condicionados por las políticas de quienes sostienen una postura infantil deantiamericanismo… No se toman en cuenta las intervenciones de los Estados Unidos.

Un caso particular es el término populismo, con el cual se unifican procesos con raíces diversas. Se usa la palabra de modo denigratorio, dijo Sivak, del mismo modo que a veces los medios conservadores se refieren a Obama o incluso al flamante alcalde de Nueva York. Pero, agregó, es como un homenaje -sin intención- a los Arguedas y a los Bunge de principio del siglo XX: la enfermedad incurable de la política latinoamericana. Al analista y escritor le pareció notable que el concepto se haya aplicado al papa Francisco, pero en el caso de presidentes como el colombiano Álvaro Uribe, a quien se le podrían haber atribuido rasgos populistas, esa palabra no aparecía.

Hugo Balta, director de la Asociación Nacional de Periodistas Hispanos de EE.UU., cuestionó el uso general de una noción nada simple: Es el deber del periodista entender las diferencias cuando se está hablando de países distintos. Hablar de un partido populista en Perú o en la Argentina es muy diferente a hablar de Venezuela. Quien usa ese término en una nota política sobre un Gobierno tiene que explicar cómo ese partido o ese político emplean esa palabra para representarse, y cómo eso impacta en las ideas y propósitos de gobierno, en el país y su pueblo. Aunque en América Latina, por una historia que se comparte, hay ciertas creencias y desafíos en común, existen diferencias y diversidad de país a país.

El concepto de choque de civilizaciones, de Samuel Huntington, vino a la mente de Brieger: En la simplificación, América Latina es un todo, como África es un todo. Y si lo hace Huntington, ¿cómo no lo van a hacer los medios? La excepción son los especialistas, que los hay y muy buenos: los Estados Unidos tienen muy buenas universidades y muy buenos especialistas. Un caso sería el del profesor de Princeton, Premio Nobel de Economía y columnista de The New York Times Paul Krugman, quien criticó el intento de golpe de 2002 contraHugo Chávez por considerarlo un presidente elegido por sus votantes.

Dinges opinó que América Latina despierta hoy menos interés que en los tiempos de guerra civil en América Central, dictaduras en el Cono Sur, la Guerra de Malvinas, y la Guerra Fría; entonces América Latina era un tema mucho más grande y controvertido. De modo similar razonó ante Viernes William Nericcio, autor de Tex[t]Mex y profesor de la Universidad Estatal de San Diego, donde dirige una maestría y enseña en el Centro de Estudios Latinoamericanos: Desde que las guerras encubiertas contra el comunismo en América Latina no arrancan titulares, eclipsadas por guerras más grandes y mejores en Medio Oriente, América Latina se ha perdido del radar cultural de los Estados Unidos, excepto por el artículo de ocasión sobre las narcotragedias mexicanas, las actualizaciones sobre los avances en biocombustible de Brasil y, acaso, por ESPN, alguna mención al fútbol de la Argentina o Uruguay. Por supuesto que esto cambia a veces, pero a una velocidad glacial.

En la actualidad, observó Sivak, las grandes crisis económicas -Argentina 2001- o los malos perfectos -Chávez- siempre despertarán más interés porque tienen mayor impacto y ayudan a las comparaciones, acaso simplistas, con los Estados Unidos. Nericcio planteó otro ejemplo: Será interesante si este año Alfonso Cuarón gana el Oscar por ‘Gravedad’ y los periodistas de espectáculos deben producir noticias que reconcilien las miradas de un México violento y atrasado con un director de avanzada que filma un drama ambientado en el espacio.

Balta analizó el funcionamiento de las empresas periodísticas: Las noticias sobre América Latina que se leen, se escuchan y se ven en los Estados Unidos son muy pocas. Por limitaciones de tiempo de aire o espacio en los periódicos, las noticias principales son las que más llaman la atención, las que tienen un interés universal. Por supuesto, los medios en español publican muchas más noticias sobre América Latina que los medios en inglés, agregó, pero eso no significa que la calidad sea mejor. Los problemas de las empresas periodísticas no varían por el idioma: La economía ha afectado muy negativamente a todas las empresas noticiosas de los Estados Unidos.

Treinta años atrás el profesor Walter Soderlund, de la Universidad de Windsor, Canadá, estudió la cobertura de América Latina en medios estadounidenses, que encontró similarmente frugal. Entre 1988 y 2009 colaboró con un colega, John Sutcliffe, en un estudio sobre la importancia de los tipos de noticias y las áreas del mundo que importaban a los editores de su país. Las noticias locales encabezaron el ranking y las internacionales lo cerraron; Estados Unidos resultó el tema de mayor importancia y sólo África importó menos que América Latina y el Caribe, describió. Los periódicos, y creo que lo mismo se aplica a los estadounidenses, están muy centrados en lo local, dijo. Además, los equipos noticiosos se achican a medida que los ingresos disminuyen. Mi impresión es que en esas condiciones será más difícil que se publiquen noticias internacionales en general, y de América Latina y África.

Su impresión se puede comprobar. Y en medios gráficos como The New York Times, The Washington Post o Los Angeles Times, como en CNN y la radio NPR, las regiones predominantes en las noticias internacionales son Medio Oriente, Europa Occidental, Rusia, China e India. El portal The Huffington Post hizo una apuesta desacorde: esta semana lanzó su web hermana, The World Post, donde -escribió la cofundadora Arianna Huffington– se leerán desde noticias políticas y económicas hasta discusiones sobre las fuerzas culturales y artísticas que dan forma y cambian la forma de nuestra imaginación colectiva cada vez más global. Los temas no varían; el miércoles del lanzamiento, de 19 artículos principales uno fue sobre Brasil, con la firma del expresidenteFernando Henrique Cardoso.

Los medios estadounidenses en castellano no modifican mucho la tendencia porque, dada la diversidad interna de los latinos, suelen servir a públicos específicos: Siempre hay un interés mayor en las noticias del país natal, pero un latino en el mercado neoyorquino es muy diferente que un latino en el mercado de Los Angeles, comparó Balta. Existe, además, el hispano nacido en el país, bilingüe y bicultural. Eso es una gran influencia: el nivel nacional es sumamente difícil porque se deberían producir contenidos que fueran relevantes para un latino neoyorquino como para un latino de Los Angeles, para uno de Texas y uno de Chicago, para uno del sur de la Florida y uno de Arizona… Los latinos tenemos cosas en común y otras muy diferentes, y cuando no se tienen los recursos para mandar a periodistas a que cubran las noticias importantes en América Latina o contratar a un periodista en esos países, se pierde la capacidad de presentar contenidos. Pero la tecnología facilita recursos para que el público los encuentre: Yo, como peruano-estadounidense, entro a la red y leo las noticias de Perú que salen en Perú, y en el paquete de cable tengo canales de Perú, agregó.

La Asociación Nacional de Periodistas Hispanos que preside el periodista encontró un dato lateral asociado, que abre nuevas preguntas. Dentro de las noticias locales estadounidenses, la cobertura de los latinos no tiene mejor suerte que la de los países de origen de la primera minoría del país: representa menos del 1 por ciento, mientras que los latinos representan el 16,9 por ciento de la población. Y el 66 por ciento de esa cobertura se refiere a delito, terrorismo, pobreza, seguro social e inmigración sin papeles.

Una vez más, explicó Balta, predomina la lógica comercial: Ciertas categorías tienen más importancia para el público estadounidense en su conjunto, y cuando se cubren las noticias se tiene en mente lo que impacta a todos. Pero ese mismo enfoque podría torcer el timón: Las empresas noticiosas no pueden ignorar a la comunidad latina, agregó. Para ser relevantes a este público del futuro -ya que más y más somos el nuevo rostro de este país, estamos cambiando lo que se define como ‘americano’ en lo cultural, lo económico y lo político- los medios tienen que cambiar. Si quieren seguir con las puertas abiertas, tienen que reflejar a la comunidad a la que sirven.

 

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