Elecciones de 2014 marcan el fin de una era en la política costarricense -Por Oscar Olivas

El actual proceso electoral ha cambiado la faz de la política costarricense y difícilmente futuras campañas tendrán semejanza a las del pasado, no solo por la emergencia de nuevas fuerzas políticas sino también por la forma en que los ciudadanos se involucran en el proceso, aseguran varios analistas.

La presencia en la actual campaña -con posibilidades de triunfo, según dicen las encuestas- de un candidato joven salido de las entrañas de la izquierda, es la primera y más visible ruptura con el esquema tradicional de la política costarricense.

Pero también se manifiestan otras rupturas importantes. El estilo de hacer campaña ha sido sustancialmente distinto. Ni banderas, ni calcomanías, ni altoparlantes en las calles, ni concentraciones multitudinarias, incluso mucho menos publicidad en los medios de comunicación.

Paralelamente, ha aumentado la atención de los ciudadanos a los debates entre los candidatos a la Presidencia, que se produjeron en número sin precedentes, alrededor de 20 entre la radio y la televisión.

El elevadísimo número de indecisos, que llegó a ser casi del 50% y se mantuvo en 30% hasta las últimas semanas, refleja una preocupación muy responsable de los electores por sopesar las propuestas y los perfiles de los candidatos, a efecto de tomar la mejor decisión posible.

De la caída del muro de Berlín, a la caída del muro de la inteligencia

Desde la fundación del Partido Comunista, hace 80 años, ningún partido de izquierda había llegado a unas votaciones disputando la presidencia de tú a tú frente a la derecha, situación que plantea el resquebrajamiento de los prejuicios y temores de la época de la Guerra Fría, que bajo diferentes ropajes ha subsistido al derrumbe del comunismo europeo.

Que José Maria Villalta, “un muchacho de 36 años, de un partido que solo había sacado un diputado, que tiene una herencia socialista o comunista, haya sido puesto por las encuestas entre el primero y segundo lugar, es la cosa más atípica que jamás pudimos haber imaginado”, afirma el analista político Víctor Ramírez.

Pero ese fenómeno es solo una manifestación de otro que está más en el fondo de los cambios ocurridos en la experiencia política del país y es un claro desalineamiento partidario.

La Costa Rica dividida en dos grandes partidos, a los que la gente se adhería como a la secta religiosa o al equipo de fútbol con un fuerte sentido de pertenencia, que además se heredaba de padres a hijos, ha desaparecido.

Hoy existe “una gran volatilidad, se desdibujan las fronteras partidarias, se desdibujan las fronteras ideológicas o doctrinarias,  lo cual se refleja en que en este proceso electoral exista un número de indecisos muy alto, como nunca antes”, añade Ramírez.

Modelo en vilo

Para el analista Jaime Ordóñez, la irrupción de Villalta como protagonista en la escena, no significa que un gran número de votantes de repente se volvió de izquierda.

“Las encuestas más detalladas evidencian que el apoyo al Frente Amplio es muy multi-ideológico, viene de gente que se considera de izquierda y de derecha”,  agrega Ordoñez.

Villalta y el Frente Amplio “lo que recogen es un descontento con el sistema, con el sistema político y socio-económico”.

Según el analista, “lo que está en juego en estas elecciones es una recomposición socio económica del país y eso tiene que ver tanto con los indicadores de sanidad financiera del Estado, que están en números rojos, como con los indicadores sociales, también en números rojos”.

Ordoñez recuerda que el país tiene un déficit fiscal de 6,5% del PIB, y una deuda interna del 60 al 65%, lo que –asegura- es algo muy serio.

“Desde el punto de vista social, en las últimas décadas pasamos de ser una de la sociedades más equitativas de América Latina junto a Uruguay a ser uno de los países más desiguales de la región”, señala Ordóñez.

“Además, la línea de pobreza no se mueve, permanece en un ingreso de 3 a 5 dólares diarios, y en una sociedad tan cara como Costa Rica 150 dólares al mes es realmente de precariedad”.

El politólogo Constantino Urcuyo reconoce que la sociedad costarricense “está cabreada” aunque piensa que no exactamente con el modelo económico social del país.

El problema se puede resumir, desde el punto de vista de Urcuyo,  en que en el proceso de desarrollo tan acelerado de los últimos años se generaron “dos economías: una moderna, avanzada” y otra que “quedó  fuera de esa trayectoria y que no supimos incorporar al modelo de desarrollo”.

Eso tiene que ver, afirma, con decisiones políticas que se tomaron o se dejaron de tomar en los momentos oportunos.

Una recomposición del poder

Quien gane las próximas elecciones seguramente no contará con una mayoría legislativa que le haga fácil la tarea. Hay una fuerte atomización del voto, de manera que lo que posiblemente domine el próximo Congreso sea un abanico de minorías con que el Ejecutivo tendrá que negociar para llegar a acuerdos.

La era del bipartidismo se ha ido y también se ha transformado la estructura y composición de los partidos tradicionales.

En el caso del Partido Liberación Nacional, éste “ha dejado de ser el partido de las clases medias, de los grupos rurales”, dice Ramírez.

“Hoy su base social son los grupos más humildes, alejados de los centros urbanos, y con el más bajo nivel educativo. Sin eso, el PLN no tendría nada”, agrega el analista.

Por otra parte, ha surgido un nuevo estamento político que no se encuentra alineado políticamente por razones ideológicas o de herencia familiar, constituido por jóvenes y adultos jóvenes entre 18 y 40 años, de origen urbano y con niveles altos de educación.

Es la generación de Internet y de las redes sociales, un fenómeno que no es exclusivo de Costa Rica sino que ha transformado el rostro del mundo en muy pocos años.

La enorme capacidad de comunicación que tiene en la actualidad el ciudadano común “tiene en jaque a todos los poderes universalmente, desde el Vaticano hasta la CIA o la KGB.

“El ciudadano universal es hoy mucho menos ingenuo y mucho más informado sobre qué pasa  en los centros de poder, y eso diríamos que es la gran revolución  cultural y política costarricense y universal”, señala Ramírez.

En síntesis, los analistas estiman que ciertos resultados electorales el domingo podrían acelerar estos fenómenos de cambio, pero en realidad, la transformación iniciada en la política costarricense tenderá a profundizarse  y cada vez su imagen será menos parecida a la del pasado.

 

http://www.informa-tico.com/30-01-2014/elecciones-2014-marcan-fin-era-politica-costarricense