La gran ausente -Periódico ABC, Paraguay

Los conceptos vertidos en esta sección no reflejan necesariamente la línea editorial de Nodal. Consideramos importante que se conozcan porque contribuyen a tener una visión integral de la región

La gran olvidada en la reunión de la CELAC en La Habana es la palabra “democracia”. Nadie la nombra. Todos los hipócritas presidentes latinoamericanos que en sus países diariamente se llenan la boca con ella acordaron tácitamente suprimirla en sus discursos dentro de la isla de propiedad de la familia Castro, donde son agasajados. Allá pronuncian discursos sobre la pobreza, la educación, la falta de recursos para el desarrollo, etc., etc., pero nada, ni una palabra sobre libertades políticas. En La Habana va a faltar también otro término de uso muy frecuente en la oratoria política latinoamericana: “derechos humanos”. Los hipócritas de medio continente que se reúnen allí no entrevistarán a presos políticos, no conversarán con disidentes, ni siquiera verán mendigos en las calles, pues el régimen los escondió. Pero cada presidente, que fue electo libre y democráticamente en su país, volverá con la mano derecha con rastros de sangre después de haber estrechado la de los carniceros de Cuba.

La gran olvidada en la reunión de la Comunidad Económica Latinoamericana y del Caribe (CELAC) en La Habana es la palabra “democracia”. Nadie la nombra. Todos los hipócritas presidentes latinoamericanos que en sus países diariamente se llenan la boca con ella acordaron tácitamente suprimirla en sus discursos dentro de la isla de propiedad de la familia Castro, donde son agasajados.

Allá pronuncian discursos sobre la pobreza, la educación, la falta de recursos para el desarrollo, las “estrategias sociales”, etc., etc., pero nada, ni una palabra sobre libertades políticas. ¿Cómo eluden la realidad de que el desarrollo económico, si no va asociado al pleno ejercicio de las libertades civiles y políticas, acaba convirtiéndose en un simple negocio de élites y nomenklaturas?

La historia latinoamericana está llena de ejemplos acerca de cómo sus dictaduras del pasado la mantuvieron en el atraso y la miseria, incapaces de crear sistemas institucionales confiables y atractivos para la asistencia financiera internacional, la incorporación de capitales y tecnología, y la organización del trabajo y la producción. La falta de democracia siempre produjo pobreza para muchos, riqueza para pocos y opresión para todos.

Regímenes estatistas, políticos autoritarios y ladrones, dictaduras corruptas, son los que hundieron a nuestros pueblos en el atraso y que, en ciertos casos, aún los mantienen así, adrede, porque con pueblos ignorantes y necesitados los autoritarismos se afianzan y duran más. Esto es lo que debe tenerse presente cuando se pregunta por qué la CELAC evitó que la palabra “democracia” apareciese en su agenda de la reunión en la isla de los hermanos Castro, donde todos los días se la viola.

Como es de suponer, en La Habana va a faltar también otro término de uso muy frecuente en la oratoria política latinoamericana: “derechos humanos”. Esto se explica aún más fácilmente, porque, según una publicación de la organización de Derechos Humanos “Cuba Archive”, durante los 55 años de la tiranía castrista se registraron nada menos que 7.101 personas asesinadas por agentes del gobierno por motivos políticos. Se contemplan los fusilamientos, las ejecuciones extrajudiciales y las desapariciones de personas.

Además, tuvieron 16 opositores presos fallecidos en huelgas de hambre y 299 por lo que se consideró oficialmente “negligencia médica” en esas mismas prisiones. Se contabilizan 144 suicidios por causas políticas y 50 muertes no intencionales en prisión. Finalmente, fueron 964 los cubanos tenidos por muertos en intentos fallidos de huir del régimen castrista escapando del país; fallecieron deshidratados, ahogados o desaparecidos en el estrecho de Florida. Según la misma fuente, durante el régimen de Fulgencio Batista se registraron 1.553 personas fallecidas por motivos políticos, en asesinatos y desapariciones en acciones y combates contra el régimen del dictador depuesto por los castristas.

En cuanto a los presos políticos, informa el activista opositor Elizardo Sánchez, quien preside la organización denominada Comisión Cubana de Derechos Humanos y Reconciliación Nacional, que actualmente aún están en las mazmorras del castrismo 87 presos de conciencia, a los que el régimen llama “enemigos de la revolución”.

“En los últimos años, el Gobierno de Cuba ha tratado de disminuir el total de presos políticos recurriendo a otras formas de represión tales como las detenciones masivas de corta duración”, explica el mismo informe. ¿Habrán leído, acaso, los castristas, la historia del régimen stronista para haber copiado tan fielmente su modelo? ¡Qué extraordinario que un régimen de extrema izquierda se inspire en uno de extrema derecha, como era el de Stroessner, para adoptar los mismos métodos!
A la luz de estos datos, el lector comprenderá mucho mejor por qué los términos “democracia” y “derechos humanos” no aparecen en los discursos de los hipócritas que asisten a la reunión de la CELAC en La Habana. Lo cierto es que cada presidente latinoamericano y caribeño que fue electo libre y democráticamente en su país volverá con la mano derecha con rastros de sangre después de haber estrechado la de los carniceros de Cuba.

¿Qué cara pondrán –hay que preguntarse– Cristina Fernández, Dilma Rousseff, “Pepe” Mujica, por ejemplo, que tanto se promocionan como antiguos luchadores contra tiranías militares, cuando estrechen la mano de Raúl y Fidel Castro? ¿O es que la sangre que en sus países hicieron correr los Videla, Castelo Branco, Pacheco Areco, Bordaberry y otros de la misma calaña era distinta a la de los cubanos en la era castrista? Por lo que se ve, para los mandatarios argentino, brasileño y uruguayo aquellos crímenes eran injustificables, pero estos, los de los hermanos Castro, sí lo son.

La CELAC y los hipócritas de medio continente se reúnen en La Habana. No entrevistarán a presos políticos, no conversarán con disidentes, ni siquiera verán mendigos y trabajadores informales en las calles, pues el régimen los escondió (como tan bien lo hacía aquí la policía stronista cuando había invitados extranjeros). “Se le ha advertido a esa Habana clandestina y oficialmente ‘impresentable’ que debe estarse quieta, muy quieta”, refiere la conocida y hostigada bloguera Yoani Sánchez (otra “enemiga de la revolución” y “agente del imperialismo”). Y prosigue: “Los pordioseros están siendo recluidos hasta que pase la Cumbre, los proxenetas avisados de que mantengan controlados a sus chicas y chicos, mientras miembros de la policía política visitan las casas de los opositores. El mercado ilegal está también en jaque”. “Tranquilos, tranquilitos”, repiten los policías en tono amenazante, sin dejar nunca por escrito su notificación.

He aquí el escenario completo, con todos los actores, los principales y los de reparto, para la gran comedia de la CELAC en La Habana. Por lo tanto, que nadie espere escuchar “democracia” ni “derechos humanos”. Son términos a los que se les obligó a esconderse, como a los mendigos y proxenetas.

 

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