Lo que se pone en juego en las elecciones de El Salvador -Por Agustín Lewit

Salvador Sánchez Cerén es el vicepresidente de Mauricio Funes y se presenta no sólo como continuador del frente, sino que promete “un giro hacia el sur” del continente.

El año electoral se presenta cargado para América Latina y el Caribe, con elecciones presidenciales, legislativas y municipales en varios países de la región. Los primeros serán Costa Rica y El Salvador, donde el próximo domingo 4,9 millones de ciudadanos acudirán a las urnas para elegir presidente y vicepresidente durante el período 2014-2019.

Cinco son los partidos que compiten en las elecciones salvadoreñas, aunque todas las encuestas marcan una concentración de las preferencias en dos de ellos. Encabezando todas las previsiones se ubica Salvador Sánchez Cerén, candidato del Frente Farabundo Martí de Liberación Nacional (FMLN), partido de izquierda que surgió desde la insurgencia armada de los setenta y que gobierna desde 2009. Sánchez Cerén, cuya candidatura se vio favorecida por la división de la derecha y –más aun– por los casos de corrupción que vinculan al principal partido opositor, es el actual vicepresidente de Mauricio Funes.
Si bien su programa se inscribe como continuidad de la actual gestión, también se hizo eco del reclamo de militantes disconformes con los titubeos de Funes –quien no proviene precisamente del FMLN– y propuso un marcado viraje a la izquierda. Desde las propuestas de “un giro hacia el sur”, adelantando un acercamiento al ALBA y a la CELAC, hasta la promesa de una mayor distribución de la riqueza, Cerén despertó el entusiasmo de sectores sociales propios y ajenos.
Algunos puntos por debajo se ubica Norman Quijano, de la conservadora Alianza Republicana Nacionalista (ARENA), quien dijo hace poco que si gana convertirá la Casa Presidencial “en un albergue para aquellos que no tienen hogar”. ARENA gobernó por veinte años consecutivos y actualmente se encuentra fuertemente cuestionada por diversos hechos de corrupción, entre ellos la acusación al ex presidente Flores de malversar un préstamo de Taiwán de 10 millones de dólares tras el terremoto de 2001. Para levantar la imagen negativa, ARENA contrató a Juan José Rendón, el famoso y oscuro publicista venezolano responsable de la campaña de Henrique Capriles, aunque la jugada no parece haber dado los resultados esperados. Las propuestas de Quijano giraron casi exclusivamente en torno a la inseguridad y a un ataque contra el FMLN en general. La pobreza de su programa no ha hecho sino profundizar la crisis en la cual la derecha tradicional salvadoreña se encuentra sumergida desde hace un tiempo.
En tercer lugar asoma un ex presidente, Elías Saca, al frente del movimiento UNIDAD, coalición de partidos conservadores resultado del desmembramiento de ARENA. Con muy poco tiempo de vida y curiosamente presentados como una fuerza “sin colores políticos”, UNIDAD es una derecha edulcorada con cierta proyección en el mediano plazo.
Muy lejos, con intenciones de voto que no superan el dígito, completan la lista el teniente coronel René Rodríguez Hurtado, del Partido Salvadoreño Progresista, que nuclea a militares retirados, y Óscar Lemus, de Fraternidad Patriótica Salvadoreña.
Si bien parece no haber dudas del triunfo del FMLN, no es seguro que alcance el 50% de los votos necesarios para evitar la segunda vuelta, contemplada para el 9 de marzo. Frente a ese escenario, resultarán decisivos los votos de la tercera fuerza, UNIDAD, que si bien provienen en su mayoría de sectores conservadores, no es seguro que migren en su totalidad hacia ARENA.
Una particularidad de estos comicios es la habilitación por primera vez del voto en el exterior, aunque exclusivamente para los residentes en EE UU y Canadá.
Así las cosas, como en muchos otros escenarios de la región, El Salvador se encuentra tensionado por dos proyectos francamente contradictorios. Uno, que comenzó hace cinco años y promete profundizar el rumbo progresista; y el otro, encabezado por una derecha que busca recuperar el poder perdido. En esa tensión, lo que se pone en juego además de las condiciones de vida de las mayorías salvadoreñas, es la forma en que la pequeña nación centroamericana se ubica en la geopolítica continental. O sea, si se pone en sintonía con los renovados aires emancipatorios que soplan en la región, o si vuelve a aceptar la siempre acechante injerencia estadounidense, que busca recuperar el control en una Centroamérica que se anima cada vez más a gobernarse por sí misma. «
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