Que el pueblo ayude al pueblo no es noticia, que el cuico ayude al pobre sí – Por Dafne Moncada (Chile)

Los conceptos vertidos en esta sección no reflejan necesariamente la línea editorial de Nodal. Consideramos importante que se conozcan porque contribuyen a tener una visión integral de la región.

Quiero invitarlos a reflexionar sobre el proceso de articulación social que se está viviendo en los cerros de Valparaíso a raíz de la tragedia del 12 de abril que dejó a más de dos mil familias sin techo, servicios básicos, dignidad, donde se les ha tratado como objeto noticioso.

Quizás el título de esta columna no sea nuevo para nadie, decir que El Mercurio miente y que sus intereses son contrarios a los intereses del pueblo tampoco, pero tropezarse de nuevo con la misma piedra, enfrentarse cara a cara con la injusticia y con la invisibilización de los procesos sociales sobre los cuáles la población tiene derecho a estar masivamente informada me hace pensar que, aunque no diga nada nuevo, es necesario escribir estas líneas.

Quiero invitarlos a reflexionar sobre el proceso de articulación social que se está viviendo en los cerros de Valparaíso a raíz de la tragedia del 12 de abril que dejó a más de dos mil familias sin techo, servicios básicos, dignidad, donde se les ha tratado como objeto noticioso y no como sujetos sociales, históricos, insertos en una estructura social en la que no existen casualidades, sino causalidades. Hecho que fue cubierto con morbo, espectacularización e irresponsabilidad por parte de los medios de comunicación, que deberían ser llamados de desinformación. Este suceso dejó a la vista el vació de Estado y planificación urbana que existe en la periferia de Valparaíso, que hizo posible que un incendio causara un daño de tal magnitud, además de la ineficacia de los organismos públicos de dar una eficaz respuesta a la tragedia, que hasta el día de hoy no ha tomado en cuenta la participación de los vecinos damnificados en la construcción de las propuestas de reconstrucción.

En este contexto, el Centro Comunitario Las Cañas ejemplifica la articulación social que se está dando en Valparaíso con centros culturales autogestionados, organizaciones de la sociedad civil, voluntarios y universidades que están realizando un trabajo independiente para entregar el apoyo que necesitan las personas afectadas por el incendio. Codo a codo con ellos, aprendiendo juntos, sin imposiciones verticales ni de expertos, construyendo colectivamente y conversando las soluciones que necesitan y los problemas que tienen.

El Centro Comunitario las Cañas que antes del incendio se preocupaba principalmente de la promoción artística y cultural del Cerro Las Cañas, en un trabajo desarrollado principalmente por jóvenes y para jóvenes y niños del sector, luego de la tragedia se transforma en comedor popular, centro de acopio, baño público, lugar para a contención emocional y para la entrega de información de todas las temáticas vinculadas al incendio, multiplica sus funciones y da respuestas a problemáticas que ni el Municipio ni el Estado ha sabido resolver.

De este trabajo es del que queríamos hablar a una periodista de El Mercurio de Valparaíso, en una nota que fue conversada por las personas del Centro Comunitario y organizaciones que están colaborando, pero no fue posible, porque el enfoque estaba nuevamente puesto en hablar con una familia damnificada, ver las condiciones de vida, mostrar la imagen emotiva y hablar de la “solidaridad” de los estudiantes universitarios.

Lo que nos hace volver al título, que el pueblo ayude al pueblo no es noticia, porque no es interesante para los poderes fácticos, económicos ver que el pueblo se organiza, se articula, desarrolla su propia voz y pensamiento político, al contrario, el interés está en continuar con el asistencialismo y hablar del estudiante de la universidad privada, de la elite, que sube al cerro y hace actividad solidaria.

Pero acá no estamos hablando de solidaridad, estamos hablando de justicia. Alberto Hurtado lo dijo: “la caridad comienza donde termina la justicia”. Y también estamos hablando de comunicación, del derecho de la comunicación, a construir en un diálogo una noticia, que fue lo que intentamos hacer con la periodista, eso es comunicación social. Cuando llega El Mercurio y te dice: “no puedo hacer el reportaje del Centro Comunitario porque no es nuestra línea editorial”, y luego, para tranquilizar, afirma si quieren no se publica nada, ni de la familia ni del centro, queda claro algo que afirmó uno de los jóvenes que trabaja en el Centro: “es tanto lo que quieren invisibilizarnos, que prefieren perderlo todo, perder a la familia entrevistada, que tener que mostrarnos a nosotros también”. Eso no es comunicación social, es información, es mera manipulación, propaganda, es venir con una idea clara de lo que quieren mostrar, y no investigar qué es lo que está sucediendo de verdad con las personas, qué es lo que las comunidades quieren que se sepa.

Lo que nos deja un desafío, la necesidad de las comunidades a ejercer su derecho a la comunicación, hecho que pasa por tener medios propios, pero no pequeños, sino masivos y comunitarios. Porque si debemos romper el cerco informativo, debemos hacerlo con la posibilidad de que los discursos de la gente lleguen masivamente, a todas las personas, no a las cuadras a las que alcanza una antena permitida por la ley actual de radiodifusión comunitaria. Y desde luego, dejar de ser ingenuos y no confiar, como lo hicimos en esta oportunidad, porque aunque ya lo sabíamos, siempre es estremecedor comprobar que el hecho de que el pueblo ayude al pueblo no es noticia, pero que el cuico ayude al pobre sí.

El Martutino