Fernando Lugo, senador y expresidente de Paraguay: “De nada sirve el crecimiento económico si no se ve en el bolsillo del paraguayo de a pie”

Por Orlando Pérez, Director

¿Cómo vive la condición de expresidente de Paraguay después de lo ocurrido? ¿Ve a Paraguay con una perspectiva más de futuro o cree que se está gestando otro proceso interno?

Muchas veces los mismos paraguayos no nos entendemos y a veces, desde lejos, es más difícil entender lo que pasa por dentro. Paraguay es una sociedad muy tradicional, conservadora. Iniciamos en 2008 un proceso inesperado, nadie creía que el partido Colorado, después de 62 años de poder, de identificarse con la estructura del Estado, podía perder unas elecciones limpias y transparentes; y segundo, que podían entregar el poder. Fue la primera vez que un partido político entregó el poder pacíficamente a un presidente de otro círculo político, en toda la historia republicana. Algunos me dicen: “Tú estás ahí con tus verdugos, con aquellos que alzaron la mano para decir por la condena”; yo lo he olvidado. Creo que tengo una ventaja, lo aprendí en mi familia y en la Iglesia; no hay en mí ni una pizca de rencor ni de venganza. Mi papá fue preso 20 veces en el tiempo de la dictadura, tres de mis hermanos fueron apresados, torturados, expulsados del país, pero nunca anidamos el odio ni la venganza contra los responsables de esos hechos. Quizás es una ventaja mía poder convivir con gente que piensa diferente.

¿A Paraguay, a diferencia de países como Bolivia, Ecuador o Venezuela, no le falta un proceso constituyente que reestructure el sentido mismo de la democracia y la participación ciudadana?

Sin ninguna duda. En 1989 cayó la dictadura de 35 años y en 1992 hubo una Constituyente que construyó una Constitución mirando al pasado, ahora necesitamos una que mire al futuro con nuevas posibilidades de participación. Por ejemplo, que cree nuevas instituciones democráticas. La misma autonomía de la justicia no está garantizada, en su estructura es prisionera del poder político y económico, entonces, eso de que es un poder independiente es letra muerta.

¿Están dadas las condiciones para que, en el corto o mediano plazo, haya una Constituyente?

Tiene que haber una gran voluntad política de los partidos. En este momento, cuando los dos partidos tradicionales han hecho una alianza para la gobernabilidad, todas las leyes pasan sin mucha discusión. Ahora están con el juicio político a los miembros de la Corte para cambiar fichas, nombres por nombres. Nosotros, sin embargo, propugnamos el cambio de la estructura jurídica, del poder judicial, para que eso garantice el derecho de la ciudadanía. En este momento hace falta una gran movilización y concienciación sobre las necesidades y qué aspectos de la Constitución se puedan mejorar a favor de la democracia paraguaya.

¿No fue quizá ese el error de su Gobierno: no consolidar la posibilidad de una Constituyente?

Nosotros no teníamos estructura. Estoy casi seguro de que siconvocábamos a una Constituyente, la mayoría de asambleístas iba a ser miembro de los partidos tradicionales y posiblemente salía una Constitución peor de la que tenemos. Hoy, los nuevos movimientos sociales podrían tener más peso para una renovación interinstitucional a través de una nueva Constitución.

Paraguay ha registrado un crecimiento económico en estos últimos años, ¿quizá eso también explica la situación política?

La élite económica paraguaya es más conservadora todavía, los empresarios, la clase pudiente, acumularon a raíz de las dos hidroeléctricas y los llaman los barones de Itaipú. En 2010 tuvimos un crecimiento económico durante nuestro Gobierno, 15,3% del Producto Interno Bruto, (primero Catar, segundo Paraguay, tercero Singapur) pero se quedó en muy pocas manos, por eso hay que trabajar en una nueva reingeniería distributiva de los recursos. De nada sirve el crecimiento económico si no se ve en el bolsillo del paraguayo de a pie.

Con el crecimiento económico que vive América Latina, los gobiernos progresistas, gente que aparece en la escena pública desde los movimientos sociales, ¿qué visión tiene del futuro de la región?

Hay avances y retrocesos, las últimas elecciones marcan eso. Venezuela, una sociedad que marcó una diferencia con el presidente Chávez, en las últimas elecciones creo que no alcanzó 2 puntos de diferencia frente al partido de la derecha;lo mismo pasó en Brasil, en Uruguay y Argentina. Quienes están más seguros del caudal electoral es Bolivia y Ecuador, sin ninguna duda, pero en los otros países la derecha no duerme y tiene una articulación regional.

Yo decía que la derecha latinoamericana, dueña de los grandes medios de comunicación, tiene una solidaridad -no sé si es arriesgado decirlo- casi mayor que la izquierda. Recuerdo cuando un medio de comunicación de Argentina hizo un cacerolazo contra Cristina (Fernández) y tuvo una repercusión global.

¿Cree, como dice el presidente Rafael Correa, que el mayor enemigo político de este proceso son los medios de la derecha?

Sí, sí, en Brasil por ejemplo. Y el gran déficit en contrapartida es que la izquierda no ha logrado articular medios de comunicación. Como no tiene tampoco Argentina, Brasil o Venezuela. Sé que partidos pequeños en Centroamérica tienen su propio medio, pero nosotros no tenemos siquiera un periódico, un semanario. Nada.

Lo primero que hicieron los que llegaron después de su Gobierno fue cerrar los medios públicos.

Exactamente. Eso iba a ser lo que es hoy acá el canal Ecuador TV. Hubo muchos prejuicios, pero demostramos que no había nada raro en eso. Y nos comparaban: “Así comenzó Fidel”, “Así fue Cuba”, “Se rompió la pluralidad de la comunicación”. Yo reivindico que los medios son fundamentales en la construcción democrática de una sociedad. Pero se trata de personas dueñas de canales, periódicos y emisoras. Entonces la ciudadanía está supeditada a los filtros que esas empresas quieren hacer conocer a la ciudadanía.

Sobre Unasur, ¿comparte las críticas hechas por Correa, por ejemplo, respecto a la lentitud que conllevan los consensos, en lugar de agilizar procesos?

Bueno, en su creación creo que siempre hubo una dosis grande de idealismo; y lo ideal es el consenso, así está en la carta de Unasur. Así llegaron a un consenso para elegir al secretario general con María Emma y Alí Rodríguez. Pero creo que hubo un proceso con Samper, quien tiene una sede, la presencia de sus delegados, cierta estructuración de 8 comisiones (defensa, economía, desarrollo, etc.), que le permitirán despegar con más fluidez este proceso de integración de la Unasur.

¿Cuál es el reto fundamental para Ernesto Samper?

Recuerdo que en 1967 los obispos latinoamericanos sacaron un documento en Medellín, donde ya señalaban que la brecha entre ricos y pobres era escandalosa, una brecha que se fue ampliando, por eso la superación de la pobreza es uno de los grandes desafíos de los países sudamericanos. Para eso no bastan políticas nacionales sino una política regional; el otro tema grande es la inseguridad, el combate al narcotráfico, la narcopolítica.

¿Qué es para usted una integración integral, como planteó Correa en su discurso?

La Patria Grande sin límites, sin fronteras, con equidad dentro de los países, pero el mismo PIB de los países no es el mismo. Uruguay nos supera a casi todos; hay potencias económicas muy fuertes, como Brasil, Venezuela y Argentina. No puede ser que un país tenga un PIB alto y haya mala distribución, mientras que otros países con menos recursos tengan más equidad en la sociedad civil. Esaspolíticas sociales, fiscales y educativas las están trabajando muy bien aquí, por ejemplo, con la creación del conocimiento, tecnologías de punta.

¿Unasur podría contribuir a una solución efectiva del problema entre Chile y Bolivia por la soberanía del mar?

Sí, porque a veces se acude a tribunales extraterritoriales, como La Haya. Veo en Unasur un espacio de rescate de la historia desde la Colonia, los pueblos originarios, los que lucharon por la independencia. Eso puede ayudar a una solución pacífica en el legítimo reclamo que hace Bolivia porque originalmente tenía salida al mar, pero también -no quería decir esto- ¿qué pasaría si Bolivia quiere una solución?, los paraguayos nos animamos también a reclamar lo que perdimos en la guerra de la Triple Alianza. La soberanía es untema de la política moderna y creo que en Unasur se puede solucionar.

El Telégrafo