De crisis y cambios de gabinete – Diario El Mostrador, Chile

Los conceptos vertidos en esta sección no reflejan necesariamente la línea editorial de Nodal. Consideramos importante que se conozcan porque contribuyen a tener una visión integral de la región.

En el sistema presidencial chileno, los cambios de gabinete o de ministros, de cualquier cartera, no tienen otra trascendencia que subrayar las dificultades de una coyuntura política o la eficiencia sectorial de ese personal de confianza del Presidente de la República. Solo son trascendentales los cambios que se producen en medio de una crisis del sistema, por visiones antagónicas de gobernabilidad entre los actores. Cuando llegan, ellas amenazan la estabilidad institucional del Estado por un antagonismo estratégico de poder, siempre con fuerte inestabilidad social. Nadie puede sostener que eso esté ocurriendo hoy en Chile.

El cambio de gabinete de este lunes debe ser leído como una expresión de ajuste político-técnico, advertido como necesario desde hace bastante tiempo y, finalmente, hecho en el particular talante de Michelle Bachelet. Su dimensión y alcances deben construirse contrastando la composición del gabinete con las prioridades de la agenda pública que el propio Gobierno ha impulsado. Ese es su sistema de referencia, especialmente en materia de ética y eficiencia políticas y de transparencia.

El país experimenta una crisis de confianza política en las autoridades. Ella ha pasado en corto tiempo de una apreciación de malas políticas de Gobierno a una convicción de corrupción pública, impulsada preferentemente por el financiamiento ilegal de la política, el tráfico de influencias o las crisis de regulación en el ámbito financiero. Pero no va acompañada de crisis social sino de distancia ciudadana.

Queda en duda si la elección de plataformas no convencionales de comunicación por parte de la Presidenta contribuye a disipar esa distancia y darle más sostén a las instituciones del Estado. Estas deben recalificar su fortaleza e idoneidad, y la elección de estas plataformas que pueden llegar a adquirir un tono humillante para los destinatarios y transformarlos en mofa popular, todo en medio de un ambiente que no se caracteriza por la finura y excelencia de los mensajes.

El acto de la Presidenta en la TV tuvo la virtud de la sorpresa que cambia el foco de un escenario difícil de manera imprevista, pero fue intempestivo y careció de la elegancia que tanto se aprecia en un líder moderno y complejo. Tiene algo de socialismo real y de baja estima de procedimientos democráticos, basados estos más en la rutina que en la sorpresa, para evitar la seducción de la audacia momentánea.

Los caminos de la República son áridos a veces y por ello requieren ejercicios colectivos y rigurosos para implementar las lecciones aprendidas. Mas aún, los gabinetes son equipos de trabajo, donde tales lecciones deben reflejarse, sobre todo si los cambios han sido impulsados por los requerimientos ciudadanos sobre probidad y transparencia.

Del examen del gabinete designado, llama la atención la desafección del marco propio de referencia, fijado en las propuestas de la Comisión Asesora Presidencial para la Corrupción, que hace poco más de dos semanas entregó sus resultados y recomendaciones. Entre ellas, las referidas a la industria del lobby.

Lamentablemente, el tema volvió a instalarse inadvertidamente en La Moneda, por el trabajo desarrollado anteriormente por el nuevo ministro de Segpres en la empresa Imaginaccion, la que representa intereses privados ante el Congreso. Al ministro ahora le tocará llevar la agenda legislativa del Gobierno y no parece un acto cuidadoso no tener en cuenta tal circunstancia.

Posiblemente entre las tareas fundamentales del nuevo gabinete esté articular una solución para la escasa legitimidad del Congreso. Es posible prever muchas formas de democracia, pero ninguna sin Parlamento. Ahí radica la esencia de la representación del soberano y es el núcleo de estabilidad de una mayoría política de Gobierno.

Entre las aptitudes notorias del nuevo gabinete político esta el hecho de que todos tienen experiencia parlamentaria. Más aún, la única que se salvó del tándem anterior aunque enrocó a otra cartera fuera de La Moneda, es Ximena Rincón, también ex parlamentaria y cuya principal tarea será la Reforma Laboral.

Pero la experticia parlamentaria no basta si no existe carta de navegación política clara sobre qué se hace o cómo se enfrenta la baja legitimidad del Congreso, para que pueda efectivamente remontar y asumir su rol político. Qué van a proponer y negociar los ministros con el Parlamento en ejercicio, con varios de los inculpados incluidos en su interior. Ello depende de un diseño fino cuyo impulso operativo debe estar muy cerca de la Presidenta de la República. La pregunta es si alguno de los nuevos ministros políticos tiene esa característica, o ella quedó ensimismada en un estrecho núcleo, proyectando días difíciles para este nuevo gabinete, por su tendencia al hermetismo.

Si por un momento alguien piensa que el escándalo del financiamiento ilegal de la política se terminó con el cambio de gabinete, está en un error. En algunos días o semanas, la comparecencia de parlamentarios ante la Justicia –ya sea en su fase investigativa o de formalización– va a complicar nuevamente su mermado ejercicio y entonces el engranaje volverá a trabarse. Y nuevamente aparecerá una ausencia notoria: la falta de un sistema de relaciones políticas entre Gobierno y su base de apoyo partidario.

Los partidos no solo estuvieron fuera de todo el diseño, una vez más, sino que, también, en el entorno presidencial existe la convicción de que gran parte de los problemas provienen de ellos y sus pugnas de poder interno. Al esquema personalista y vertical de la Presidenta, parece llorarle un partido monocolor, vasallo del gobierno, lo que felizmente en Chile jamás podrá existir.

Parte o todas estas tensiones y el enfriamiento de la desconfianza, dependerá en gran medida de la gestión del Ministerio de Hacienda. No cabe duda que la economía es el mejor punto de encuentro que puede presentar tanto el Gobierno como la oposición.

De muchas maneras la crisis se ha visto reforzada por las tensiones entre el Ministerio Público y el Servicio de Impuestos Internos, y por las malas relaciones con el empresariado como gremio. En tales circunstancias, estabilizar el deterioro del poder propio pasa por articular en un sentido común a los órganos del Estado en la lucha contra la corrupción y, al mismo tiempo, darle cauce de normalidad a la relación con los gremios empresariales.

Al igual que en las relaciones amorosas interesadas, el dicho es que billetera mata a galán. En política, en medio de una crisis, palabra mata palabra, pues la política es esencialmente dialógica.

Ello hace necesario rectificar en materia de comunicaciones. El prurito del Gobierno en esta materia ha sido que la prensa es hostil, junto con cuestionar no solo el derecho a publicar sino, más aún, a preguntar. Es de esperar que el cambio de ministro vocero traiga una nueva perspectiva. No existen datos, excepto de países totalitarios, donde las comunicaciones hayan mejorado matando al mensajero.

El Mostrador