Pérez Molina pierde sus brazos, piernas y le piden la cabeza – Diario Siglo 21, Guatemala

Los conceptos vertidos en esta sección no reflejan necesariamente la línea editorial de Nodal. Consideramos importante que se conozcan porque contribuyen a tener una visión integral de la región.

El presidente Otto Pérez Molina vivió ayer otro difícil momento al tener que aceptar la renuncia de Mauricio López Bonilla, su amigo y hombre de confianza, como ministro de Gobernación. Con este golpe, el mandatario prácticamente se queda solo, aislado, rechazado por una buena parte de la población y dependiendo, casi con exclusividad, del apoyo de la comunidad internacional, que le demandó la depuración que afronta y le exige, a cambio de su aval, reformas inmediatas a los organismos Ejecutivo, Legislativo y Judicial.

Desde una perspectiva política, los retiros de López Bonilla; Michelle Martínez, ministra de Ambiente, y Ulises Anzueto, secretario de Inteligencia Estratégica, el mandatario gana un poco de oxígeno, aunque no es seguro que ese aire le garantice otros ocho meses de gestión pública. A regañadientes, Pérez Molina ha tenido que aceptar, públicamente, que sus más cercanos allegados han sido separados de sus puestos por sospechas de malos manejos financieros, así como aguantar la contundente percepción ciudadana de que esta es la administración más corrupta en la era democrática.

Lo cierto es que, del 16 de abril para acá, el mandatario ha perdido a Roxana Baldetti y a Alejandro Sinibaldi (se retiró del Partido Patriota tras denunciar falta de transparencia e impunidad), considerados sus brazos políticos y, ahora, a López Bonilla y Anzueto, sin olvidar que hace seis días también “renunció” Érick Archila, su ministro de Energía y Minas. Estamos, pues, ante un gobierno que parece se case a pedazos y es incapaz de sobrevivir por sí mismo, falto de credibilidad, carente de legitimidad y, en dos platos, fracasado.

Por ello, Pérez Molina le ha pedido a la Comisión Internacional contra la Impunidad en Guatemala, a la que vetó en noviembre pasado, a la Fiscal General y al presidente de la Corte Suprema de Justicia que encabecen una cruzada para reformar el corrupto sistema de justicia, y ha delegado en el vicepresidente Alejandro Maldonado Aguirre los mecanismos que permitan reducir la corrupción en el Ejecutivo. Él solo dará legalidad a las acciones, pero ya no puede impulsarlas y, menos aún, liderarlas.

Hoy, la comunidad internacional ha pedido que el presidente acepte las demandas y reclamos ciudadanos y que acelere los procedimientos para que estos se cumplan. El próximo brazo que habrá de doblarse está en la novena avenida. Allí deberá consumarse esta revolución que empezó el 25 de abril, continuó el pasado 16 de mayo y que no tiene visos de detenerse porque está colmada por los abusos y despojos a manos de nuestra desprestigiada casta política.

Siglo 21