El xenófobo y el apátrida (Colombia-Venezuela) – Por Matías Jáuregui

Los conceptos vertidos en esta sección no reflejan necesariamente la línea editorial de Nodal. Consideramos importante que se conozcan porque contribuyen a tener una visión integral de la región.

El xenófobo y el apátrida tienen algo en común: pueden ser perversos, miserables, ignorantes, idiotas o enfermos, y probablemente son las cuatro cosas al mismo tiempo.

El xenófobo cree que los colombianos tienen la culpa de todo lo malo que le pasa a Venezuela; el apátrida cree que ponernos en cuatro patas ante los gringos y los colombianos es la solución para no tener problemas.

El xenófobo cree que todos los colombianos son delincuentes y por ello tienen que ser expulsados y vejados; el apátrida cree que hay que guardar las apariencias, el “qué dirán” internacional, y decretar que quien golpee a un colombiano (así sea violador, asesino, empresario o espía) es un xenófobo.

El xenófobo anticolombiano cree que ser venezolano es ser gente de pinga, chévere, trabajadora, sana y pulcra, en tanto que lo colombiano es sinónimo de rastrero, maldito, corrompido, narcotraficante y prostituta. Hasta que usted lo agarra y le pregunta si se siente más identificado con Lorenzo Mendoza que con Camilo Torres y los millones de campesinos en lucha contra la tiranía colombiana del capital. Entonces responde vainas como: “No me cambies la conversación”

El apátrida es el clásico mamagüevo que cree que Venezuela es un pobre pueblo que se merece una desgracia, que compró el mojón de que “los mejores venezolanos están en el exterior”; que añora una invasión gringa o una intervención internacional.

El xenófobo es el clásico racista pendejo que cree juzga a la gente por el acento y por sus costumbres. El apátrida es el clásico güevón que cree que, de verdad, Medellín y Bogotá son ejemplos que los venezolanos debemos seguir porque “derrotaron la violencia criminal”.

El xenófobo y el apátrida: otros insoportables parecidos

El xenófobo habla mierda del pueblo colombiano sin haber ido a Colombia; el apátrida habla mierda del pueblo venezolano sin haber salido nunca de su urbanización.

El xenófobo odia al vallenato y considera una aberración que en Venezuela se escuche tanto vallenato. Dice: “Que la gente aquí oiga vallenato es penetración cultural”. Medio minuto después se declara salsero, merenguero, rockero, jazzófilo, amante de la música clásica, la trova o el hip hop (géneros venezolanísimos, cómo no) y se calla la boca cuando le preguntan el nombre de dos compositores de música venezolana.

El xenófobo es un ignorante que cree que la hazaña de Bolívar consistió en separar a Venezuela de Colombia. El apátrida es un antibolivariano que, de pronto, como invocar a Bolívar le suena a antichavismo, entonces se declara bolivariano.

El xenófobo y el apátrida meten a todo el pueblo colombiano en un mismo paquete junto con sus expoliadores y gobernantes de mierda: los primeros para criminalizarlos y los segundos para endiosarlos y declararlos mejores que nosotros.

El xenófobo cree que el Gobierno venezolano cerró la frontera porque asume que todos los colombianos son delincuentes, y por eso lo aplaude. El apátrida cree que el Gobierno venezolano cerró la frontera para ganar votos en diciembre, y su cerebro estalló en mil pedazos.

El xenófobo y el apátrida tienen otra cosa en común: no se han dado cuenta de que los pueblos de Colombia y Venezuela comparten una misma historia, una misma tragedia y una misma cultura. Ignoran que a los criminales de aquí y de allá hay que tratarlos con el mismo rigor, y además creen que un encorbatado es más pulcro que un campesino.

El xenófobo y el apátrida son costras de la misma llaga, hijos de la ignorancia y de la creencia de que hay nacionalidades superiores e inferiores. Eso tal vez se cure de alguna manera, pero los casos que se han desatado en estos días parecen incurables.

Matías Jáuregui.
Periodista venezolano. Columnista de Misión Verdad.

Misión Verdad