Destabilization: Made in USA – Por Andrés Sal.lari

Los conceptos vertidos en esta sección no reflejan necesariamente la línea editorial de Nodal. Consideramos importante que se conozcan porque contribuyen a tener una visión integral de la región.

Estas informaciones molestan, la gente las cree poco porque no forman parte de la agenda informativa y a mí en lo particular me aburren, pero lamentablemente existen y son bien verídicas.

Cuando se afirma que Washington designó a Philip Goldberg como su embajador en Bolivia en octubre de 2006 con el objetivo de promover un conflicto étnico entre bolivianos, no se está descubriendo la pólvora.

Hago la aclaración porque desde aquella época la oposición a Evo Morales pretende afirmar que ese proceso de desestabilización sólo existió en las mentes afiebradas de algunos colaboradores cercanos al Presidente. Con esto pretenden lavar la cara injerencista de sus mandantes norteamericanos y borrar de un plumazo un capítulo dramático de la historia del proceso de cambio actual y del país en general, donde el intervencionismo estadounidense ha sido protagonista exageradamente principal.

Aquí mostraremos algunos datos que les propongo tengan en cuenta para contextualizar lo vivido en aquellos años en Bolivia.

Como una valoración adicional, quisiera mencionar que los ideólogos de los procesos de desestabilización que Estados Unidos impulsa en todos los países del mundo donde los gobiernos no responden a sus intereses geopolíticos, lo hacen sobre la base de los caldos de cultivo que puedan identificar en cada una de nuestras sociedades. Quiero decir que si Washington excitó el conflicto separatista de Bolivia en 2006, 2007 y 2008; lo hizo porque existían las condiciones necesarias para ello. Los gringos no inventan conflictos internos, los estimulan cuando les conviene. Y para ello cuentan con una gran billetera.

Desobediencia civil

En 1983, el filósofo, político y escritor estadounidense Gene Sharp, crea el Instituto Albert Einstein con el objetivo de fomentar la desobediencia civil no violenta como estrategia de lucha en contra del comunismo.

Durante la segunda mitad de la década del ‘90 y principios de los 2000, la estrategia de desobediencia civil (supuestamente) no violenta, gana gran protagonismo en el Este de Europa.

Las conexiones entre lo sucedido en los Balcanes durante los ‘90 y el proceso separatista impulsado por Goldberg en Bolivia erizan la piel. Preste atención.

Derrumbada la Unión Soviética, la mayoría de países que estaban bajo su órbita entran en crisis políticas de diversa índole. Washington se da a la tarea de recolonizar la región y borrar cualquier vestigio de influencia rusa.

En los países de la ex Yugoeslavia, desmembrada tras la desaparición de la URSS, emerge un líder contrahegemónico que no responde a los intereses de EE.UU., Slobodan Milosevic.

En la zona de influencia de Milosevic, Washington impulsa un conflicto étnico y una vez desatada la matanza justifica su intervención militar junto con la OTAN. En todo ese proceso uno de los principales operadores políticos en los Balcanes es Philip Goldberg. Asistente especial del embajador en Bosnia, parte del equipo negociador para poner fin al conflicto y jefe diplomático en la provincia separatista de Kosovo.

Una vez finalizado el etnocidio y cuando Goldberg pasó a ser asistente ejecutivo del Departamento de Estado, todavía permanecía en el poder el molesto Milosevic. Entonces Washington creó con fondos de la NED y la CIA una organización llamada Otpor (recuerde el nombre), dirigida por jóvenes estudiantes quienes mediante la mencionada estrategia de una supuesta desobediencia civil no violenta lograron derrocar a Milosevic en octubre de 2000.

¿Anotó la sucesión de hechos?

Estados Unidos impulsa un conflicto étnico con fines separatistas, luego financia a grupos armados para atizar el conflicto; posteriormente negocia la paz y finalmente organiza a un grupo de jóvenes bajo la estrategia de desobediencia civil para desacreditar a un gobernante que no responde a sus intereses y logra removerlo del cargo. Le llamaron la Revolución de Terciopelo.

En todo este proceso uno de sus principales operadores fue Philip Goldberg. Y de yapa, uno de los tantos grupos de mercenarios contó con la activa participación de Eduardo Rozsa Flores.

Hasta ahora nadie ha podido establecer una relación directa entre Goldberg y Rozsa. Para descubrir si fue Goldberg quien reclutó o recomendó al terrorista Rozsa a los separatistas bolivianos, habrá que esperar algunas decenas de años a que se desclasifiquen documentos de inteligencia estadounidense, aunque su ubicación en el mismo espacio y tiempo es demasiado sospechosa.

Si agregamos adicionalmente que Goldberg no es un diplomático cualquiera, sino que su perfil está más emparentado a los servicios de inteligencia, y que siempre son estos los encargados de reclutar a los grupos de mercenarios que operan en su favor, cuesta mucho creer que cuanto menos Goldberg no supiera quién era Rozsa, o que no lo conociera.

Un dato final no ayuda al espía embajador. Rozsa ingresó a Bolivia el mismo día (15 de septiembre de 2008) que Goldberg abandonaba el país y mientras mantenía una reunión secreta con Rubén Costas.

En su misión inmediatamente anterior a Bolivia (2004-2006), Goldberg fue el jefe de la legación diplomática en Pristina, capital de Kosovo; y en 2008 Estados Unidos fue el impulsor de la declaratoria de independencia de esta provincia perteneciente a Serbia, independencia que Washington reconoció inmediatamente.

Nótese además que la inclusión de grupos armados en la estrategia separatista en Bolivia, hubiera seguido la misma correlación de la escalada del conflicto impulsada por Estados Unidos y Goldberg en los Balcanes, los pasos son calcados.

Sólo que Evo Morales expulsó a Goldberg y este no tuvo el tiempo necesario para consolidar y reconocer la independencia de Santa Cruz, mucho menos para lograr su derrocamiento.

Revoluciones de colores

Pero volvamos a Europa del Este; ya vimos que Estados Unidos está en campaña para barrer la influencia rusa, comienza el siglo XXI y la estrategia de desobediencia civil no violenta (podemos llamarla también revolución de colores, golpe suave o golpe blando) ha funcionado contra Milosevic.

Los próximos años consolidan estas revoluciones en las que lo fundamental es el protagonismo de jóvenes estudiantes que cuestionan a unas autoridades cuidadosamente desacreditadas, a sus regímenes políticos y, muy particularmente, a los procesos electorales de esos países.

En noviembre de 2003 es el turno de Georgia, su presidente Eduard Shevardnadze, ex secretario del Partido Comunista y canciller de la Unión Soviética, es removido del cargo en lo que se conoce como la Revolución Rosa.

El 21 de noviembre de 2004 en Ucrania, se celebró una segunda vuelta electoral entre el pro occidental Viktor Yushchenko y el pro ruso Viktor Yanukovich, quien según los cómputos resultó ganador.

Sin embargo, se declaró que hubo fraude y se produjo una gran movilización ciudadana con las mismas características que las organizadas por Estados Unidos y Otpor. Se le conoció como Revolución Naranja y, finalmente, se impuso en una tercera ronda electoral el candidato favorito de Washington.

En Ucrania la batalla política continuó durante muchos años entre pro rusos y pro estadounidenses. En 2013, la subsecretaria de Estado para Europa y Eurasia, Victoria Nuland, participó de una reunión en Washington en la que reveló:

“Los ucranianos están saliendo a las calles a exigir un futuro europeo, lo hacen pacíficamente pero con gran coraje y con un enorme restricción personal. Desde la independencia de Ucrania en 1991, Estados Unidos ha apoyado a los ucranianos a construir capacidades e instituciones democráticas y a promover la participación ciudadana y el buen gobierno, todos los cuales son condiciones previas para las aspiraciones ucranianas de entrar en Europa. Hemos invertido más de 5 mil millones de dólares para asistir a Ucrania en estos objetivos para asegurar un futuro próspero y democrático.”

Meses después de este discurso, el entonces presidente ucraniano Yanukovich (quien se había presentado nuevamente a elecciones en 2010 resultando triunfador) fue derrocado por un golpe de Estado avalado por Washington.

Cinco mil millones se lee fácil, pero es muchísimo dinero de los contribuyentes estadounidenses despilfarrado en desestabilizar un país para evitar que sea gobernado por un aliado de Moscú.

Made in USA

Puede demostrarse que todas estas revoluciones de colores están relacionadas entre sí, y que la mano de Washington las enlaza.

El 24 de febrero de 2005, el entonces presidente George W. Bush visitó Bratislava, la capital de la República de Eslovaquia; allí mantuvo un encuentro bilateral con su homólogo Vladimir Putin, se la conoció como la cumbre de la reconciliación, ya que se produjo pocos meses después de la batalla geopolítica que Moscú perdió ante Washington por la Revolución Naranja de Ucrania. Pero el encuentro bilateral no fue lo único que ocurrió en Bratislava.

La noche anterior a la llegada de Bush, la delegación estadounidense organizó una cena en el Hotel Marriot en la que se festejó en la intimidad la victoria en Ucrania. Para esta ocasión Washington trasladó especialmente a todos los dirigentes juveniles de las revoluciones de colores que se habían impuesto desde diciembre de 2000 en la Serbia de Milosevic.

Uno de los dirigentes juveniles que ya sobrepasaba los 30 levantó la copa y ofreció un brindis:

“Quería darle las gracias a todos por haber venido aquí, lo que nos une es nuestra causa común, la libertad. Es importante que podamos discutir entre serbios, ucranianos, georgianos.”

En la cena participó Ivan Marcovic, el líder de Otpor; Giga Bokeria, referente de los estudiantes de Georgia y Vladislav Kaskiv, líder juvenil de la Revolución Naranja. Durante la cena soñaron con llevar su revolución de colores a Cuba. No lo lograron pero hicieron un buen intento en Venezuela. (en fotografía, una manifestante venezolana con el puño de Otpor el 2007)

Al día siguiente, durante un acto público, el Presidente de Estados Unidos afirmará:

“Hemos encendido un fuego, un fuego en la memoria de los hombres, calienta a los que sienten su poder, quema a los que intentan frenar su progresión, y un día este incontrolable fuego de libertad alcanzará a los lugares más oscuros de nuestro mundo.”

Los jóvenes combatientes de la libertad observan desde el palco. Su unión con Washington es umbilical.

Exportación a Suramérica

Un año y medio después de su exposición en Bratislava y en medio de un potencial conflicto étnico entre collas y cambas, Bush designa a Goldberg como embajador en La Paz. Algunos de los millones de dólares que fluyeron para desestabilizar el país están documentados y serían materia de otro análisis.

No hay que ser Jean Paul Sartre para deducir que los halcones de Bush enviaron a Golberg a Bolivia para replicar toda la destrucción lograda en los Balcanes, rematada con la remoción de líderes opuestos a sus políticas.

Durante 2007 Hugo Chávez convocó a un referéndum para realizar una profunda reforma a la constitución venezolana. Los jóvenes estudiantes de las universidades privadas de Caracas asumieron un gran protagonismo como líderes opositores a esta reforma. Su puesta en escena y su identificación con los principios de desobediencia civil no violenta fue idéntica a la de Otpor y la Fundación Einstein.

En el intento por trasladar sus exitosas revoluciones de colores a Suramérica ganaron una batalla. Los jóvenes opositores a Chávez obtuvieron una victoria por el mínimo margen en diciembre de 2007, pero una victoria al fin.

Uno de los líderes estudiantiles venezolanos fue Yon Goicochea, quien luego de esta batalla fue premiado por la ONG estadounidense CATO (una tapadera de los servicios de inteligencia de Estados Unidos) con 500 mil dólares por su lucha por la “libertad económica”.

El 15 de enero de 2008, seis semanas después del triunfo de los jóvenes venezolanos, en uno de los momentos más álgidos del proceso separatista en Bolivia, Yon Goicochea se apareció por Santa Cruz de la Sierra y comentó durante una reunión con estudiantes:

“Lo que pasa aquí en Bolivia definitivamente nos importa y nos importa porque no creer en Bolivia es no creer en Venezuela, vivimos situaciones muy similares. Estoy seguro que en Bolivia insurgirá un movimiento juvenil que pueda liberar las cadenas históricas que este país ha sufrido y que sigue sufriendo.”

No quisiera afirmar que el pasaje se lo pagó Goldberg para que no me demande por difamación. A propósito, el expulsado embajador terminó asumiendo el cargo de director de una de los 16 organismos de inteligencia de Estados Unidos, en este caso del que se encarga de proveerle información al Departamento de Estado.

Epílogo

La iniciativa de Revolución de Colores no obtuvo nuevas victorias en Venezuela ni pudo prosperar en Bolivia, pero las intenciones desestabilizadoras no cesaron. La estrategia de cuestionar la legitimidad de los procesos electorales, tal como fue implementada en Serbia, Ucrania y Georgia continúa siendo uno de los ejes de la campaña contra los procesos de cambio en Suramérica. La guerra económica contra Venezuela y el intento de ensuciar la imagen de Evo Morales con el narcotráfico se mantienen como pilares fundamentales para desgastar y deslegitimar la imagen de estos gobiernos contrarios a las aspiraciones geopolíticas de Washington.

La inteligencia estadounidense tardó 15 años y gastó 5 mil millones de dólares en sacarse de encima a Viktor Yanukovich en Ucrania; que nadie piense que le van a perdonar tan fácilmente a Evo Morales –a quien preferirían haber asesinado antes de su llegada a la presidencia– la expulsión de uno de sus agentes y la derrota de su estrategia golpista. Seguirán conspirando.

Andrés Sal.lari. Periodista, conductor del programa de Abya Yala Ojos con los medios.

La Época