El martes 5 de enero de 2016 la oposición en Venezuela asumió el control de la Asamblea Nacional y el nuevo presidente, Henry Ramos Allup, ya dijo que su objetivo es cambiar el gobierno en un lapso de 6 meses.

Se confirma entonces lo que han dicho en innumerables oportunidades los principales referentes de la oposición: que el objetivo es desalojar del poder al presidente Nicolás Maduro. No es un secreto que en las filas opositoras hace tiempo existe un debate respecto de los caminos para lograrlo y que el triunfo electoral del pasado 6 de diciembre de 2015 parece darle la razón al ala moderada encabezada por el dos veces candidato presidencial Henrique Capriles que propuso privilegiar la vía electoral, frente a aquellos -como Leopoldo López o María Corina Machado- que buscaron provocar la caída de Maduro mediante las movilizaciones callejeras.

Está claro que la oposición no sólo buscará impulsar leyes en la Asamblea sino que tratará de controlar todas las instituciones del Estado haciendo valer su mayoría parlamentaria. De todas maneras, también tendrá que resolver sus propias contradicciones. Por un lado varios de sus dirigentes piden la renuncia inmediata del presidente, la formación de un gobierno interino y la convocatoria a elecciones sin abandonar las calles. Por el otro, Ramos Allup dijo en su discurso ante la Asamblea que buscarían una salida constitucional, democrática, pacífica y electoral, claro que con el mismo objetivo según sus propias palabras: la cesación del gobierno. Aunque también es posible que ambas posturas se complementen tomando en cuenta que el resonante triunfo electoral los ha envalentonado como pocas veces en los últimos años y sienten que el fin del chavismo está a la vuelta de la esquina. Es lo que permite comprender que Ramos Allup hable de “reconciliación nacional” y pocas horas después de asumir la presidencia de la Asamblea ordene en persona retirar los cuadros de Hugo Chávez y de forma despectiva diga que no quiere ver un cuadro de Chávez o Maduro en la Asamblea. Lo que para la oposición pueden ser actos simbólicos de fortaleza, para los seguidores de Chávez –que son muchos y hace poco más de dos años eligieron como presidente a Nicolás Maduro- seguramente será percibido como una provocación lisa y llana.

La gran pregunta es cuál será la vía que elegirá la oposición en Venezuela para provocar la caída de Maduro. El país está dividido y profundamente polarizado. Cuesta ver hoy caminos de “reconciliación nacional”, más bien lo que se avizora es un enfrentamiento.

*Pedro Brieger. Director de Nodal.


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