El fondo buitre Elliot Management que controla NML Capital, propiedad de Paul Singer, sorprendió ayer a los mercados al asegurar que logró un preacuerdo con el gobierno de Mauricio Macri, para dar por terminada la batalla que libra en el juzgado de Thomas Griesa, por los títulos de deuda argentinos en default.

“Estamos así de un acuerdo sobre las condiciones económicas con la Argentina”, sostuvo, Matthew McGill, un abogado que representa a los acreedores Elliot Management, durante una audiencia en la Corte de Apelaciones del Segundo Circuito de Nueva York, según aseguraron agencias internacionales.

Conocida la declaración, la Bolsa porteña pasó de perder -3,5% a ganar 0,7% en una jornada donde los bancos reflejaron la buena noticia con subas de hasta 4,5%. Pero esta larga historia aún no parece tener un final feliz. Por un lado, en el Ministerio de Hacienda y Finanzas, ante la ausencia del ministro Alfonso Prat-Gay (en Shanghai en la Cumbre del G 20), se mostraron muy cautos al asegurar que “el acuerdo no está cerrado y que las negociaciones siguen”. Por otro lado, en el mismo Ministerio se encargaron de aclarar que el único autorizado para hablar de un acuerdo, en el caso de producirse, es el mediador designado por Griesa, Daniel Pollack.

Precisamente fue Pollack que horas después de las declaraciones de McGill, salió ofuscado a aclarar que el único que hablará de forma oficial si se llega a un acuerdo es él. De todas formas, el mercado interpretó que el acuerdo está cerca. NML no es cualquier holdouts. De hecho es uno de los mayores tenedores que aglutinan la deuda local impaga y también uno de los más duros oponentes a negociar cualquier tipo de quita, luego del visto bueno que tuvo en su momento junto a otros fondos, cuando Griesa consideró que la Argentina le debía pagar el 100% del capital de los bonos que los fondos buitres habían comprado a precios ‘basura’. Hay más, su poder de fuego, el fondo de Singer no solo lo mostró en los tribunales de Nueva York, ya que es el el fondo buitre que logró embargar en octubre de 2012 la Fragata Libertad, el buque insignia de la Armada argentina, mientras estaba anclada en un puerto de Ghana.

Prat-Gay había anunciado el lunes pasado que la Argentina había alcanzado un acuerdo con “una tercera parte” de los tenedores de títulos, en la que estaban excluidos los más grandes. El ministro también anunció ese día que la Argentina iba a emitir un bono por u$s 15.000 millones para pagarle a los fondos buitre, mientras aseguró que la deuda total era de u$s 20.000 millones.

Según la versión oficial, la Argentina había logrado acuerdos con casi una tercera parte de los u$s 9000 millones reclamados y ante la audiencia en la Corte el abogado McGill dijo que sus clientes agrupaban el 65% de las demandas con sentencias de Griesa, esto suma unos u$s 5850 millones en bonos (en el mercado aseguran que esos mismos títulos fueron comprados por los buitres a un valor cercano a los 0,30 centavos de dólar).

La otra sorpresa

La otra sorpresa del día de ayer la dio la Corte de Apelaciones de Nueva York. Primero porque le otorgó a los a los fondos buitre, sobre todo a Aurelius y Olifant (los otros grandes en discordia) un plazo de 15 días –se diluye la fecha del 29 de febrero como pensaba la Argentina– para poder argumentar contra la estrategia presentada por el secretario de Finanzas, Luis Caputo. La segunda resolución fue a favor del Gobierno: la Corte le devolvió el caso a Griesa como pedía el país, situación que, si bien las negociaciones continuarán, pueden encaminarse a que el juez levante el stay y permita, cuando se deroguen las leyes de Pago Soberano y Cerrojo, pagar a los acreedores que habían aceptado los canjes negociados durante el kirchnerismo.

Cronista


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