Es aquel que ha hecho de la política un esencialismo mítico del cual provendría un ser étnico global, sin luchas, sin disputas, sin disenso. Una armonía atemporal. Su tiempo cíclico con su arquitectura de las no contradicciones. El pachamamismo de las ONG, el milenarismo de ciertos ‘pensadores’ interculturales, les llevó a dejar la lucha social por la armonía suprema de sus fuerzas espirituales; no importando si sus bases comen o no.

Si viven en miseria o no. Reproducen el viejo modelo de un pasado inca que nada tuvo de igualitario ni equitativo. Menos de igualdad o de equidad de género. De fondo ha sido el triunfo de un sector apegado a intelectuales indigenistas que importaron el comunitarismo más anglosajón posible.

De fondo la política ha quedado supeditada a fortalecer los estratos económicos; donde los sectores más acomodados del empresariado indígena han llegado a controlar cierta dirigencia. Empresariado que encontró en lo étnico su gran nicho de producción y exportación de la simbología comunitaria en el mercado nacional y mundial. Etnicismo que en lo político se apropió del milenarismo, de la Pachamama para encubrir formas sistemáticas de explotación capitalista y concentración de la riqueza.

Toda una pirámide de desigualdades naturalizadas bajo el discurso de los estamentos comunitarios. El sector clasista del indigenado es el que ha sufrido las mayores derrotas. Entre la visión clasista y etnicista del indigenado, esta última se impuso antes de 2006. Articulan estructuras de mercado puramente capitalistas, con modos de operar la política por castas. Controlan territorios imponiendo una visión entre mercado e ideología muy efectiva que les ha fortalecido en los poderes locales. Son los que se apropiaron del quiebre de la ventriloquía de los noventa para imponer una ventriloquía propia desde las castas superiores. Son quienes impulsan la agenda de crear su propio Estado. Que han sido aupados por ONG internacionales que no solo les proveyeron de recursos económicos, sino de metodologías para la ‘incidencia política’, pero lo más grave que les introdujeron es el modelo de comunitarismo anglosajón.

Ese comunitarismo, que no tiene nada que ver con el comunitarismo andino, se apropió de grandes códigos y rituales para naturalizar las prácticas más neoliberales del mercado como centro de organización social. Las consecuencias las vemos ahora. Una desideologización de la política que les hace unirse en su propia casa con las derechas regionales y nacionales. Se reúnen con quienes les traicionaron y fisuraron las estructuras de organización. Sin duda donde más se refleja la debilidad de la izquierda progresista indígena de tradición étnica es en la pérdida de control de su brazo político.

Lo dicen abiertamente, que no les importa si son de izquierda o derecha, sino la ‘unidad’ en oposición para vencer en las elecciones. Libreto tal cual del asesor ecuatoriano que ya va dejando Argentina para instalarse de nuevo por estas tierras. ¿Se habrán reunido con sus operadores políticos? ¿Cuánto durará el estate quieto que les puso la dirigencia mayor? Durará poco. La derecha indígena no es de ahora, sino que viene desde los setenta del siglo pasado. Incluso por ahí están algunos de los que traicionaron a Leonidas Proaño cuando se fundó la Ecuarunari en 1972 en Tepeyac, Chimborazo. ¿Dónde quedaron los árboles que sembraste?

*Werner Vásquez von Schoettler. Sociólogo. Magíster en Relaciones Internacionales(especialidad Economía y finanzas). Magíster en educación Intercultural.