Obama y su familia están en Cuba. No es un viaje de carácter turístico. Es una visita oficial del Presidente de Estados Unidos a la isla revolucionaria de Latinoamérica y el Caribe. Es, por cierto, un cambio muy grande para los analistas de la geopolítica, porque nadie puede pensar que ambos países comenzarán sus vidas otra vez, copiándose mutuamente.

Pero nadie puede sostener que no va a pasar nada, que todo seguirá igual. Tampoco nadie va a defender la tesis de que Cuba no recibirá un fuerte impacto en su cultura, en su economía, en su filosofía dominante y quizás en su sistema político.

A pesar de su pequeñez territorial la sociedad cubana es un factor influyente y decisivo en el Caribe, Centro y Sudamérica. Cuando Fidel y sus barbudos derrocaron la dictadura de Batista y abrieron camino a una revolución profunda que al poco andar, en medio de la guerra fría, se transformó en una revolución de carácter socialista.

“Sí se puede” bien pudo haber sido el grito unánime de los pueblos, cuando sintieron que en el horizonte se abrían puertas y ventanas para todos aquellos que se dispusieran a seguir el camino de Fidel y su hermano, del Che, de Camilo.

Fue en ese marco que Cuba se dispuso a construir una nueva sociedad, teniendo como ideología el marxismo y el pensamiento de José Martí. Fidel Castro se transformó en un gran líder mundial, al grado que distintos países del Tercer Mundo lo observaron con admiración.

Mientras Cuba construía y ensayaba la gestación de una nueva sociedad en las puertas del imperio estadounidense, cercada por el embargo, decenas de pueblos ensayaron su lucha armada, que en el 90% de los casos terminó en un dolorido fracaso. Pero en los últimos años el camino pacífico hacia las grandes transformaciones se extendió por América del Sur, aunque en los últimos días hay señales de un posible retroceso global.

Fidel fue el principal promotor de un gran debate que se extendió entre la gran generación de la década del 60, llegando con matices a distintas sociedades muchas veces lejanas. Uruguay fue uno de los centros de ese debate, donde confrontaron miles de trabajadores y estudiantes que mayoritariamente se afiliaron al camino de la lucha de masas de Rodney Arismendi o a la acción guerrillera de Raúl Sendic.

Hoy, por cierto, el debate no sería sobre las vías de la revolución, sino sobre las características de esa nueva sociedad que aún no está bien dibujada en el horizonte. El asunto fundamental es saber cómo se va transformando el capitalismo para aproximarse a la sociedad socialista.

Y será en este intercambio de ideas que la política exterior de EEUU y Cuba, deberá estar en la agenda de todos los pueblos. Lo que no puede pasar es que la izquierda uruguaya se limite a sentarse ante el televisor, como un espectador ajeno a la historia de Cuba y sus líderes.


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