Los conceptos vertidos en esta sección no reflejan necesariamente la línea editorial de Nodal. Consideramos importante que se conozcan porque contribuyen a tener una visión integral de la región.

El 26 de marzo se cumplen 25 años desde que se firmó el Tratado de Asunción, hecho que se toma como hito fundante del Mercado Común del Sur. El acuerdo fue firmado inicialmente por Brasil, Argentina, Paraguay y Uruguay, e incorporó como miembros plenos a Venezuela en 2006, y a Bolivia en 2015.

Más allá de los debates de su gestación entre los gobiernos del argentino Raúl Alfonsín y el brasileño José Sarney, que pensaron un proceso de integración abarcativo; cuando se firmó el tratado, en 1991, ya estábamos en pleno apogeo del Consenso de Washington y de sus ideas neoliberales. Por eso, más allá de expresiones generales sobre cultura, educación y medio ambiente, lo fundamental de ese acuerdo fundacional es crear las condiciones para el libre comercio y la libre circulación de bienes en la zona.

Llama poderosamente la atención que se conozca poco acerca de la conmemoración de los 25 años de ese hecho, siendo que un aniversario siempre es una oportunidad interesante para trasladar a la ciudadanía las virtudes y dificultades de un proceso de integración. Entiendo la situación política de Brasil y de cada uno de los socios, pero creo que Argentina debería ser proactiva en impulsar distintas actividades, salvo que a la política exterior del presidente Mauricio Macri y la Canciller Susana Malcorra no le parezca este hecho tan importante como para distraerlo de acciones como el viaje al Foro de Davos o las bravuconadas hacia nuestros socios y amigos de la República Bolivariana de Venezuela.

Ningún proceso político es perfecto ni esta exento de transitar por caminos erróneos o de adoptar ideas hegemónicas de cada época; sin embargo, 25 años de continuidad en la construcción del Mercosur ya de por sí es valioso, más si ha tenido resultados que pueden mensurarse y sirvieron para el desarrollo y la inclusión en nuestros países.

Veamos algunas variables. En 1991 el comercio entre Brasil y Argentina era de aproximadamente de U$S 3.000 millones; en 1998 había pasado a U$S 15.000. Por lo tanto, podríamos decir que hubo un crecimiento espectacular del intercambio entre los dos países. Cuando hurgamos un poco más, nos damos cuenta que básicamente eran granos y productos agrícolas, muy en consonancia con la primarización de la economía que se produjo durante el menemismo.

Se trata de políticas que pueden volver a reproducirse con el gobierno de Macri. Seguramente recordamos la crisis que nos acompañó desde 1998 al 2001; empezó por Brasil y siguió por Argentina, arrastrando al resto de los socios del Mercosur. A partir de 2002, volvimos a retomar un camino de crecimiento en el intercambio comercial hasta llegar a casi U$S 40.000 de intercambio en 2011, pero esta vez básicamente de manufacturas de origen agropecuario e industrial.

Fue un cambio sustantivo, que implicó gran incorporación de valor agregado, conocimiento, desarrollo científico-técnico e inteligencia. En síntesis: políticas inclusivas y de desarrollo nacional y regional independiente. Tratamos de ir generando una cultura de la integración, de complementación, y de empezar a pensar en cómo la asociatividad nos mejoraba la competitividad para abordar también terceros mercados.

Por supuesto fue en medio de ruidos y protestas de sectores empresariales que no aceptaban pasivamente que nuestros gobiernos tuvieran políticas activas para ellos. Hubieran preferido las leyes del mercado, donde los grandes terminan comiéndose a los más chicos. Vale la pena tener en cuenta esta enseñanza, cuando la Federación de la Industria de San Pablo no sólo se ha puesto a la cabeza de los planteos destituyentes contra la presidenta de Brasil, sino que alienta la esperanza blanca del macrismo para destruir sectores productivos argentinos.

Sé que algunos estarán pensando que ese crecimiento de manufacturas se asentó principalmente en la industria automotriz, cosa que es cierta. No fue casual, tuvo un gobierno activo discutiendo con las casas matrices y creando condiciones para que la industria automotriz se modernizara y expandiera, logrando que nuestros productos llegaran a más de 80 países del mundo, aunque es cierto que eso trajo otros problemas que podremos analizar en otro artículo.

La integración no es solo ganancia y requiere de políticas activas, de decisiones políticas de máximo nivel. Sin la determinación de los presidentes Lula Da Silva y Néstor Kirchner esto no hubiera sido posible; depende mucho de los Cancilleres y de las prioridades que se establezcan, pero si los jefes de Estado no se ponen a la cabeza y conducen esos procesos, se seguirán profundizando los efectos en los dos países de la crisis mundial del capitalismo, que se inició en 2008 y que se expresa en el deterioro del comercio y de las relaciones entre los Estados miembros del Mercosur desde 2011 en adelante.

A 25 años de la creación del Mercosur, se platea un debate de fondo: dejamos que el mercado ordene las relaciones económicas internacionales, o tenemos un Estado presente para ordenar los desfasajes que el mercado produce. En definitiva, dejamos que se asfixie el Mercosur o construimos una política que permita consolidar el mercado ampliado, complemente nuestros procesos productivos, nos integre científica y productivamente, genere mayor vinculo y coordinación macro económica y cultural; y facilite y fomente una identidad cultural; o retrocederemos a épocas del sálvese quien pueda con un tendal de victimas enorme. Aunque suene grandilocuente, en gran medida depende de usted, Señor Presidente.

Eduardo Sigal.
Ex subsecretario de integración económica de Cancillería y coordinador alterno de Mercosur de 2003 a 2011. Dirigente del Partido Frente Grande

Espacio Popular

Mercosur cumple 25 años apostando a la integración económica

Este 26 de marzo se cumplieron 25 años de la Firma del Tratado de Asunción, el cual puso la piedra fundacional del Mercado Común del Sur (Mercosur), un acuerdo suscrito por Argentina, Brasil, Paraguay, Uruguay, Venezuela y Bolivia y que ha sido la experiencia de integración más avanzada de América Latina.

La firma de este tratado se dio el 26 de marzo de 1991 y comenzó con Argentina, Brasil, Paraguay y Uruguay. Posteriormente, Venezuela firmó el Protocolo de Adhesión en 2006 y Bolivia hizo lo propio en 2012.

Desde su creación tuvo como objetivo principal propiciar un espacio común que generara oportunidades comerciales y de inversiones a través de la integración competitiva de las economías nacionales al mercado internacional.

Estos seis países conforman la quinta economía del mundo y se extienden por casi 15 millones de kilómetros cuadrados, con casi 300 millones de habitantes.

Además, el bloque cuenta con una de las mayores reservas de agua del planeta, el Acuífero Guaraní, y una suma inmensa de recursos energéticos renovables y no renovables.

Conforme se fue formando el bloque, cuya sede está en Montevideo, Uruguay, se fueron creando instituciones complementarias entre las que se encuentran el Consejo del Mercado Común, el Alto Representante General, el Parlamento del Mercosur (Parlasur), y otros institutos de derechos humanos, sociales y de integración.

El camino trazado

La entidad supranacional comenzó con la idea de la integración de los pueblos en la que se incluían metas como: la libre circulación de productos, servicios y bienes entre los estados, así como también eliminación de las barreras comerciales.

Entre los objetivos estaba el de crear un arancel externo común y también el desarrollo de una política comercial hacia terceros países o agrupaciones de estos. Asimismo, coordinar las políticas macroeconómicas y sectoriales respecto a las estrategias industrial, monetaria y fiscal, comercial, agrícola, de comunicación, de servicios y de transportes.

Otra de las metas trazadas está la de armonizar la confirmación de los estados miembros y su legislación en las áreas concernientes para alcanzar un fortalecimiento del proceso general de integración, tanto desde el punto de vista político como económico.

La economía es la base

Varios presidentes de gobiernos progresistas y revolucionarios de la región han abogado en reiteradas ocasiones por una reforma del Mercosur, bloque constituido desde 1991.

Inicialmente Mercosur no era el mejor ejemplo de socialización de la economía, pero con la llegada de gobiernos de izquierda y post neoliberales, se ha visto en la necesidad de replantear sus posiciones iniciales. Otra de las influencias para que el Mercosur aplique políticas más sociales es el despliegue de organismos de integración regional como ALBA, Unasur y la CELAC.

Al entrar Venezuela al Mercosur, el presidente Hugo Chávez hizo un planteamiento, que bien expresaba la situación económica -cada país con su contexto- en la región: “A Venezuela le fue impuesto un modelo en los últimos cien años.

Algunos lo llaman el modelo rentístico petrolero, otros el modelo monoproductor petrolero, otros la colonia petrolera, la factoría petrolera, pero bueno, ese es el papel que nos asignaron los poderes hegemónicos mundiales durante todo el Siglo XX”.

Los objetivos aún no se han logrado, tales como la libre circulación de productos, bienes y servicios, ya que todo el comercio, se realiza sólo parcialmente.

Por esta razón, en el año 2000 los miembros se propusieron un relanzamiento del bloque, que describieron como la etapa nueva de la integración regional, iniciativa que defiende fortalecer la unión aduanera tanto dentro como fuera en su contexto.

Lo logrado

Desde 2014 Mercosur puso en marcha la libre residencia. A partir de esa medida, vigente desde 2015, todos los ciudadanos de países miembros del Mercosur tienen un pasaporte único que les permite vivir, trabajar y estudiar en cualquiera de las naciones que integran el organismo; es un hecho sin precedentes en la región, que se prevé constituirá uno de los puntos principales en el encuentro.

ABC del Mercosur

– El Mercosur es la quinta economía del mundo.

– Estableció un mecanismo de libre comercio entre los países miembros basado en la premisa de la cooperación.

– Es considerado como una potencia económica, con un PIB de 4,58 billones de dólares en conjunto.

– Posee las mayores reservas hídricas del planeta.

– Es un área de libre residencia para los ciudadanos de países miembros del Mercosur, con el único requisito de no tener antecedentes penales.

TeleSur