El desafío de construir un sentido común

En el Instituto Patria, Teresa Parodi ofició de anfitriona de los artistas convocados. CFK destacó la existencia de una “matriz política, comunicacional, judicial” que ahora está cercando a Dilma Rousseff. Apuntó a un “movimiento Ciudadano”.

Las sillas no alcanzaban, la sala desbordaba. En la primera hilera charlaban Dady Brieva y Rita Cortese. Un poco más atrás se sucedían Liliana Herrero, Miguel Angel Estrella, Víctor Heredia, Daniel Santoro, Alejandro Dolina, Carolina Papaleo, Darío Grandinetti, Donna Caroll. Muchos habían estado frente a Comodoro Py, pero todos esperaban tenerla al lado, cargar energías. La expectativa desembocó en un estallido: “Vamos a volver/ Vamos a volver”. Apenas entró Cristina Kirchner al salón del Instituto Patria, las fotos registraron besos abrazos y más besos y abrazos. La ex presidenta amagó sentarse frente al escritorio y en un instante cambió el escenario y la escena. “Me encanta ese patio”, dijo y caminó entre todos buscando la claridad en una tarde desapacible. Apeló a un asiento improvisado y les habló a artistas, escritores, periodistas. “El pueblo demanda que den testimonio como lo saben hacer, cada uno en cada lugar con sus convicciones, mostrando lo que está pasando no sólo acá, en la región” dijo y puso el foco “en Brasil, esa matriz política, comunicacional judicial que está armada de afuera” y atenta contra proyectos que “incluyeron a millones”.

–Quiero agradecerles que estén hoy acá… a todos y todas…

–¡A vos Cristina! –irrumpió el vozarrón de Claudio Rissi, el protagonista de Terrenal.

–¡Qué voz! –exclamó ella y aprovechó para mencionar el video No volvamos al Fondo en el que el actor y Rita Cortese leyeron un texto de San Martín. “Seamos libres que lo demás no importa nada”, recitaban los actores en la campaña que se viralizó en las redes sociales contra la aprobación del pago a los fondos buitre. “Menos mal que lo decía San Martín, si no, lo que hubieran dicho”, ironizó la ex presidenta. “Es que San Martín era kirchnerista”, gritó uno y ella retrucó: “No, nosotros somos sanmartinianos”. Después elogió a Dady Brieva por “esa pequeña obra” de un minuto en la que caracteriza a un policía que reprende a un joven que pide dos panchos con los dedos en V. “Pocas cosas más corrosivas que el humor para mostrar la estupidez, la mediocridad” , remarcó.

Sentada sobre una barra, la ex presidenta retomó los ejes de su discurso del miércoles pasado frente a la multitud que la acompañó tras la citación del juez Claudio Bonadio. La necesidad de formar un Frente Ciudadano, de comparar cómo estaba cada uno hace apenas cuatro meses y cómo está ahora y la decisión de no resignar “libertad” ni dejarse ganar por el miedo hilvanaron su exposición. Incorporó la preocupación por “la escalada regional” contra Dilma Rousseff. “Lo que está pasando en Brasil parece un sketch de Capusotto aunque Peter, con Saborido, lo hubieran hecho mejor”, especuló para luego denunciar además el componente de “misoginia” que la hermanó con la presdienta brasileña.

CFK pidió que le alcanzaran dos facsímiles de tapas de revistas. En la brasileña Istoé un retrato de Dilma desencajada ilustraba el título: “Las explosiones nerviosas de la Presidenta”

–¿Qué les recuerda? –provocó al auditorio.

–Noticias –corearon y ella mostró la tapa en la que la pusieron también desencajada bajo el título “Escenas increíbles del miedo a Cristina”. Recordó que la última vez que había estado con su par brasileña le dijo: “‘Dilma, esto es calcado, es una réplica de lo que yo viví desde el 2008’. Esto viene empaquetado de afuera. Es una matriz política, comunicacional, judicial. Esto está estudiado, no lo hacen acá estos que no saben articular sujeto y predicado, está diseñado en otras latitudes”, dijo y los aplausos la interrumpieron.

La construcción del sentido común que logra que el “sujeto promovido se desvincule” de su contexto fue analizado por la ex presidenta desde el ejemplo de su abuela Amparo hasta un nuevo escrito del vicepresidente boliviano, Alvaro García Linera. Contó que nunca pudo convencer a su abuela que como inmigrante había venido “con una mano atrás y otra adelante” que su bienestar no había sido solo producto de su esfuerzo sino de un contexto político que le había permitido trabajar, tener derechos. García Linera “habla de un sentido común que produce desclasamiento y reclasamiento. Muchos creen que todo es producto solo de su propio esfuerzo. Muchos creen que haber tenido casi el 50 por ciento de los trabajadores en el PBI, el 5,9 por ciento de desocupación, jubilaciones, , libertad era el país normal y, en verdad, si uno mira la historia argentina fueron doce años bastante atípicos”, destacó.

Como desafío para que las conquistas alcanzadas no queden presas del derrotero de líderes populares, la ex presidenta instó a construir un “Movimiento Ciudadano, de modo tal que cualquiera sea el gobierno que esté, haya cosas que no se puedan quitar a ningún argentino. Tenemos que lograr que nos respeten como ciudadanos libres”.

–¿Cómo hacemos? –susurró una chica. CFK no alcanzó a escuchar. La respuesta a esa pregunta quedó flotando en la inquietud de muchos de los participantes. El tetè a tetè terminó, esta vez, sin el ida y vuelta que muchos habían imaginado.

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