La historia no hace más que repetirse. La agenda ya está trazada y no es más que la consecuencia de la iniciativa negociada por el presidente Tabaré Vázquez y el ex presidente George Bush. Recordaremos que en 2006 y cuando ambos países se disponían a negociar un TLC, el entonces presidente Tabaré Vázquez dijo en el Foro de las Américas en Montevideo que “a veces, el tren pasa una sola vez”.

En una exposición en el World Trade Center, organizada por la Cámara de Comercio e Industria Uruguayo- Alemana, el 18 de marzo 2015, el “Primer Ministro” Danilo Astori destacó la importancia de consolidar la inserción internacional, en la cual la región es parte clave para alcanzar ese objetivo. No obstante, en aquella ocasión también, criticó el devenir del Mercosur y lo que ha significado para la región desde que se creó en 1991.

“Está pasando un muy mal momento, el peor desde que se creó”, aseguró.

Además agrego que se debe buscar las vías de negociación para “trascender ese proyecto”. “Nunca podrá ser la estación terminal, sino la plataforma de lanzamiento” para concretar acuerdos como el que se busca con la Unión Europea, y/o los Estados Unidos. Podemos afirmar por lo tanto que ha sido una idea fija de este ejecutivo, que si bien en el pasado ha chocado con algunas reticencias al interior de su fuerza política el Frente Amplio, o en la retorica de algunos sindicatos. Esta vez el tren parte desde Bruselas, en efecto durante este mes de mayo comenzaron las negociaciones Mercosur – Unión Europea, por un Tratado de Libre Comercio (TLC).

La agenda internacional viene siendo establecida desde el norte. La ofensiva, como ya lo hemos visto, es general y se desenvuelve en varios frentes, foros de discusión, negociación y elaboración de acuerdos. La iniciativa está allá y nuestros países rara vez logran coordinar sus esfuerzos estableciendo posiciones comunes defendiéndolas con energía, como se vislumbra en los desvaríos del Mercosur. Tal vez, el generalizado menear la cabeza en alusión a las deficiencias de los dirigentes políticos, oculta un descontento global que aun no ha tomado forma. Es así, que algunos dirigentes progresistas, un día nos sorprenden con una declaración en contra de tal o cual posición y al otro día niegan todo y adoptan una postura contraria, agudizando de esta forma la ignorancia de la gente. Si ayer la cuestión era la de saber ¿que política económica, seguir?

Hoy la misma ya está claramente definida y no admite el menor contratiempo.

Sin perjuicio de considerar y respectar las ajenas opiniones, nosotros vemos las cosas con preocupaciones diversas de las que sustenta el actual “Primer Ministro” de economía Danilo Astori, o mejor dicho interpretamos el “programa” desde una óptica muy diferente. Pero en este presente que huye y el futuro que se anuncia nos exige ser lucidos. Y la lucidez consiste en ver con claridad, en no ceder a los reclamos de moda en no inclinarse ante los triunfadores supuestos o reales del momento por la sola razón de la moda o el triunfo. Hoy nuestros dirigentes progresistas asisten a esta convocatoria del imperialismo decadente, con un optimismo generalizado y con argumentos de corto plazo que son los de mayor peso esgrimido por los nuevos tecnócratas: economistas, políticos socialdemócratas, conservadores y post-modernos.

Los tiempos de crisis sigue siendo un ardid poderoso ya que actúa como factor irreversible a tener en consideración de cara a los retos futuros de modernización y transformación productiva.

Este repunte de los tratados, – ya que de eso se trata – sea en su versión original, sea en su opción “a la carte” esgrimida por los Acuerdos Bilaterales, Multilaterales y las restantes variantes impulsadas por los Tratados de protección de Inversiones, o los Tratados de Libre Comercio que impulsan los EEUU, o la UE en la región, forman el conjunto de su estrategia alternativa, que es parte y aún desarrollo de este sistema de transferencia de recursos. – con idéntica filosofía y objetivos– los resultados no serán otros que la consolidación de la hegemonía hemisférica de Estados Unidos, el acrecentamiento de los beneficios de sus transnacionales y el reforzamiento de la subordinación económica, política y hoy diríamos sin equívocos ni exageraciones hasta militar.

Muchos caen en la trampa de las promesas ilusorias y se lanzan a una carrera de seducción para lograr ventajas respecto a las dificultades de sus pares, tantas o más pobres que ellos. Algunos terminan apoyando las iniciativas de los países ricos, sea porque creen ciegamente en las promesas del libre comercio y profesan la teología del mercado caso el Presidente Vázquez y el “Primer Ministro” D. Astori, sea porque esperan ganar de mano a sus vecinos y medrar algún mendrugo que valoran como un alto privilegio.

Nuestro país, al igual que el resto de los países pobres, tiene sobradas razones para pretender el acceso a los mercados de los países ricos, es cierto que necesitamos imperiosamente vender nuestra producción especialmente productos agrícolas y textiles, fundamentalmente para afrontar el pago de nuestras obligaciones, difusamente para disponer de divisas y generar empleo genuino etc.

Pero este acceso a sus mercados ha sido caracterizado por el reinado de las falsas promesas ya que nunca se cumple. Las leyes antidumping, las barreras arancelarias, los cupos y las cuotas, las exigencias en materia sanitaria muchas veces absurdas o de cumplimiento imposible y un conjunto de otras medidas más o menos ingeniosas, así como los subsidios y la “ayuda interna” sirven para dilatar una y otra vez la apertura real a sus mercados.

En este primer contacto por ejemplo, la carne vacuna y diversos productos agrícolas, no serían objeto de cambios en sus condiciones actuales de comercio. Europa pretende exoneraciones para la venta de sus productos industriales y servicios sin otorgar nada a cambio. También quiere que los diferendos con sus inversores sean juzgados en ámbitos internacionales. Lo demás es literatura.

Y así paulatinamente se desata la guerra entre pobres, compitiendo entre sí por el acceso a los mercados ricos, mostrándose ávidos de otorgar concesiones y reciprocidades que hagan posible alcanzar la meta anhelada.

Y mientras las concesiones llegan las reciprocidades continúan en la sala de espera. Lo debemos decir claramente no creemos en la promesa del desarrollo tal cual está establecido ya que es otra promesa falsa, que ofrece como meta ilusoria para nuestros países el nivel de vida y bienestar que ostentan los países industrializados, lo que incluye un consumo y un despilfarro de los recursos de la humanidad sin precedentes.

Para disimular esta verdad inapelable se desarrolla el concepto de “crecimiento sustentable” del cual ya hemos escrito en varias ocasiones. En realidad no hay ninguna posibilidad de crecimiento sustentable, sin la reformulación justa de los sistemas universales de producción y distribución de bienes, lo que supone, al mundo industrializado una renuncia de sus “insustentables” niveles de consumo y despilfarro.

Hoy aparte de ‘terroristas’, el imperio nos vende la ilusión tramposa – que los dirigentes del progresismo compran – del “comercio libre” piedra angular del acceso a los mercados de los países ricos y la promesa de inversiones y transferencias de tecnologías, verdaderos cantos de sirena.

La realidad es algo más compleja y menos seductora ya que la única libertad que se busca es la de las grandes corporaciones multinacionales y el capital financiero internacional.

En los hechos los países industrializados se han negado sistemáticamente en los ámbitos de negociación, – en particular en la Organización Mundial del Comercio (OMC), – a aceptar exigencias para eliminar las medidas proteccionistas que amparan sus economías, otorgando impúdicamente en sus programas, por ejemplo los subsidios agrícolas.

Por eso la acción combinada y convergente del FMI y el Banco Mundial presionando a las privatizaciones el contenido de las negociaciones – y las presiones – en la OMC y la ofensiva de los tratados de inversión, tratados de libre comercio etc. muestran que la estrategia de múltiples frentes es una realidad y está en plena ejecución.

Diríamos que nos preocupa aun más la valoración que se hace sobre los principios transversales de “trato nacional” y “nación más favorecida” que no es más que un nuevo concepto de expropiación.

Hace algún tiempo atrás en estas mismas páginas habíamos advertido sobre esta eventualidad en estos términos “si bien la idea original de dichos tratados ha sufrido un importante menoscabo, los objetivos que el poder hegemónico de la región persigue se mantienen incólumes y serán perseguidos por otros causes, de manera diversificada, secreta, y sin participación del pueblo”. El TISA, nos daba la razón. Pero no diríamos toda la verdad si ocultáramos que tanto o más que los desaciertos de los actuales gobernantes, nos asusta las ligerezas y liviandades de cierto tipo de oposición que se derrama y desparrama, que persigue el detalle y olvida el conjunto. Nos preocupa la aptitud de algunos parlamentarios, y sindicalistas ávidos de declaraciones intempestivas frente a los medios, pero que callan en el ámbito donde deberían hablar.

La pulseada continuara en este terreno de una u otra manera. Los que vivimos esta época luchamos contra el imperialismo capitalista yanqui, como los que vivieron hace más de 120 años luchaban contra el imperialismo feudal español, francés, portugués.

No obstante la dominación yanqui si perdura, nos dejara también sus huellas tan profundas como la española… a condición de que la humanidad subsista a tanta barbarie.

*Periodista uruguayo, fue director del semanario Siete sobre Siete y colaboró en otras publicaciones uruguayas y de America Latina. Corresponsal en Naciones Unidas y miembro de la Asociacion de Coresponsales de prensa de la ONU. Redactor Jefe Internacional del Hebdolatino en Ginebra. Miembro de la Plataforma Descam de Uruguay para los Derechos Economicos sociales y medio ambientales. Docente en periodismo especializado sobre Organismos Internacionales.