Los conceptos vertidos en esta sección no reflejan necesariamente la línea editorial de Nodal. Consideramos importante que se conozcan porque contribuyen a tener una visión integral de la región.

Con la presencia del Secretario General de las Naciones Unidas, de los presidentes y representantes tanto de los países garantes como los acompañantes y de invitados nacionales e internacionales, el Presidente de la República y el jefe máximo de las Farc firmaron ayer el acuerdo de Cese al Fuego y de Hostilidades Bilateral y Definitivo, así como el referente a la dejación de armas que hará el grupo armado ilegal.

Aunque todavía no debe hablarse del fin del conflicto ni del acuerdo definitivo para terminarlo, queda así cumplido uno de los pasos más importantes en las largas negociaciones que han tenido a la capital de Cuba como escenario. Es, ni más ni menos, la declaración expresa de las Farc de abandonar las armas y comprometerse a hacer política en forma pacífica.

Así mismo se plasmó la declaración del Estado de cesar cualquier ataque contra el grupo guerrillero. De otra parte, se consagró una declaración expresa contra cualquier forma de paramilitarismo, satisfaciendo los pedidos de las Farc.

Casi cuatro años debieron transcurrir para llegar al que puede ser el más trascendental de todos los puntos acordados como marco de la negociación. Es una de las respuestas que el pueblo colombiano ha esperado con inquietud no exenta de escepticismo. El comunicado leído ayer en La Habana da claridad y certeza sobre el compromiso de las Farc de cesar la violencia para siempre.

Por eso se justifica el despliegue que se hizo de la especie de ceremonia que se cumplió ayer en Cuba. Y se explica la presencia del presidente Juan Manuel Santos, quien junto con alias Timochenko firmaron el acuerdo parcial, rodeados por los presidentes de los países garantes y acompañantes, así como de otras naciones americanas.

Si como se especula, en breve se firmará el acuerdo final, el acto de ayer pasará a la historia como una muestra más del logro de la civilización sobre la barbarie. Y será sin duda un hito de gran significado para conseguir la paz que anhelan los colombianos. Es la demostración de que sí es posible acabar con la violencia sin derramar más sangre inocente.

Quedarán faltando algunos detalles y compromisos para la firma del acuerdo final, después del cual se empezará a aplicar la desmovilización, el cese el fuego bilateral, la entrega de armas a la ONU y el procedimiento de vigilancia acordado. Y se iniciará el proceso de refrendación que ya fue aceptado por las Farc, y cuya revisión está en trámite en la Corte Constitucional.

Por supuesto, quedará también pendiente la necesidad de buscar el consenso para lograr que la Nación en su conjunto acepte lo pactado y lo respalde. Mientras tanto, debe reconocerse que los negociadores y el mismo gobierno han logrado concretar un acuerdo que como la dejación de armas por las Farc tendrá gran significado para terminar con la violencia en Colombia.

El momento es pues para mirar con optimismo el futuro de nuestra Nación. Atrás empiezan a quedar cincuenta y dos años de violencia fratricida e irracional. Adelante está la obligación de construir una paz sólida, duradera y sin exclusiones de ninguna clase, sin que ello implique silenciar las diferencias o callar.

El Pais