Santos pidió un debate con altura para el plebiscito

“No les digo que hagan campaña por el ‘Sí’ o por el ‘No’, ya saben muy bien que el ‘Sí’ está en mi corazón y en el de millones de colombianos”. De esta manera el presidente Juan Manuel Santos les pidió a los congresistas, durante la instalación de la legislatura, promover el plebiscito refrendatorio de los diálogos con las Farc.

En 31 minutos, en los que tuvo que hacer varias pausas por aplausos, el mandatario lamentó que, por causa del conflicto con la guerrilla más antigua del mundo, parezca “como si el fin de la Guerra Fría no se hubiera notificado en nuestro suelo”, pero que ante esto el Congreso “ha pavimentado el camino de la paz y la reconciliación”.

En esta ocasión Santos no aludió a sus opositores, aunque habló de la opción democrática del ‘No’ e hizo énfasis y endureció el tono en las 15 veces que mencionó la palabra guerra, y el deseo de ponerle fin y las bondades que esto traerá al desarrollo del país.
Aunque él mismo dijo que huía del balance tradicional de la gestión acostumbrada, aprovechó para hacer un recuento de los programas que ha sacado adelante, a través de leyes, en los últimos seis años, y de los retos que se le vienen al “Congreso del posconflicto”. También confirmó que habrá reforma tributaria.

El momento de más emotividad fue cuando el presidente Santos rindió homenaje de gratitud y admiración por el sacrificio de las Fuerzas Militares y la Policía Nacional. Al final de su discurso, y de manera coordinada, los congresistas de la Unidad Nacional y afines al proceso de paz, se pusieron de pie y levantaron un cartel donde se leía ‘Sí’.

EL COLOMBIANO invitó a varios docentes de diferentes universidades del país para analizar los cinco bloques en los que se dividió el discurso del presidente Santos.

Las seis legislaturas “progresistas”

El presidente recordó que en las últimas seis legislaturas ha sacado reformas “transformadoras” como la Ley del primero empleo, la financiación de hospitales, programas como ‘Ser pilo paga’ y ‘De cero a siempre’, el Código de Policía, leyes contra la discriminación y que mejoran las condiciones labores de los trabajadores.

Según Germán Darío Valencia, investigador del Instituto de Estudios Políticos de la Universidad de Antioquia, el mandatario realizó un balance de las más importantes reformas que se han introducido a la institucionalidad colombiana desde 2010.

“Desde transcendentales leyes como la de Víctimas y Restitución de Tierras en 2011, hasta aquellas normas recientes que aumentan los derechos de las minorías y de los grupos poblacionales más desfavorecidos (niños, jóvenes, mujeres, campesinos y ancianos). Recordando con ello que la paz se construye, precisamente, a través de la inclusión. De esta manera se trabajará con firmeza para romper el círculo de la violencia”, precisó Valencia.

Para Rainiero Jiménez, docente de Ciencia Política de la Universidad Nacional, el presidente hizo un recordatorio de los esfuerzos materializados por el Congreso y las demás instituciones, como para un ciudadano ausente de la cotidianidad política.

Olmer Muñoz, docente de Ciencia Política de la Universidad Pontificia Bolivariana, destacó que el presidente mencionó reformas importantes, “pero el país sigue teniendo una cantidad de problemas no solucionados, que ni siquiera han pasado por el Congreso, como el de la salud, la inflación, la infraestructura en las zonas de conflicto y el narcotráfico, que ha tomado gran ventaja en el país. Estos elementos le restan credibilidad al mandatario”.

Las leyes que ayudan al proceso de paz

Juan Manuel Santos elogió al Congreso diciendo que “ha pavimentado el camino de la paz y la reconciliación”. Le agradeció por aprobar el acto legislativo para la paz, la ley estatutaria del plebiscito y la prórroga de la ley de orden público, que le dio herramientas al Estado para adelantar procesos de desarme, desmovilización y reinserción a la vida civil.

Según Muñoz, el Jefe de Estado insistió en que el Congreso es para la paz y le ha cumplido al país al hacer las reformas relacionadas con la negociación de La Habana.

“Esto se ha hecho de manera acelerada, pero no ha revertido en el país una incertidumbre generada porque todo lo que está siendo negociado en La Habana no se conoce plenamente. Contrario a lo que el presidente ha dicho, de que la negociación ha sido una victoria del Estado, la percepción ciudadana es contraria: que las Farc han logrado tomar una ventaja política importante”, agregó Muñoz.

Por su parte Valencia dijo que Santos aprovechó para dejar implícito que el reto más grande que tendrá el Congreso en esta nueva legislatura es la implementación de los acuerdos de La Habana.

“Al llamar nuevamente a este organismo el Congreso de la paz, les recordó que a partir de ahora sus esfuerzos deberán estar dirigidos a crear las reglas para el posconflicto. Los congresistas deberán leer con detenimiento los acuerdos a los que se llegue con las guerrillas, y a partir de allí viabilizar las reformas. Serán entonces los temas del desarrollo agropecuario, la participación política, la política de drogas y las víctimas del conflicto los temas centrales de los próximos años”, afirmó Valencia.

La tributaria y la agenda legislativa

Sin circunloquios, Santos invitó al Congreso a aprobar un presupuesto razonable para el 2017 y debatir la reforma tributaria estructural, que será presentada este semestre, “la cual debe generar ingresos fiscales que garanticen la sostenibilidad de las finanzas públicas y la continuidad de nuestros programas sociales”.

Según Muñoz es urgente que la reforma tributaria que se vaya a presentar tenga condicionamientos fuertes, porque afectará a la clase media.
Por su parte Jorge Iván Cuervo, investigador de la Facultad de Finanzas y Gobierno de la U. Externado, dijo que el presidente fue a hablarle a la coalición política que lo ha respaldado y le ha permitido todos los avances de la paz y la gobernabilidad, lo que contrasta con el escaso apoyo que tiene en la opinión pública.

“El presidente dijo que esta sería la última instalación de un Congreso con un conflicto y le trasladó la responsabilidad de que los procedimientos de paz que vienen tendrán que pasar por el Congreso”.

Sobre el costo político que tendrá la presentación del proyecto de reforma tributaria Cuervo señaló que el hueco fiscal es muy alto y muchas de las cosas del posacuerdo van a implicar un gasto del Estado.

“El Gobierno está descuadrado en finanzas, entre otras coas, por el precio del petróleo y la pérdida de recursos en asuntos macroeconómicos. Saben que políticamente no es lo más rentable y puede ser usado por la oposición del Centro Democrático, pero Santos no tiene margen. Las calificadoras de riesgo le han dicho que la tiene que hacer. Una mala calificación afectaría las expectativas de crecimiento”, explicó Cuervo.

Las tareas del congreso para el plebiscito

Valencia afirmó que el mandatario dejó un mensaje claro: es necesario seguir avanzando en la construcción de la paz en Colombia. Además, señaló que el poder legislativo tendrá una importancia de primer orden en el posconflicto.

Jiménez destacó en la intervención la postura del político que con sabiduría, exhorta a la racionalidad como el camino mas expedito para alcanzar la paz, sustentado en la justicia y las leyes, garantes de que lo que se decida sea acatado y respetado como lo demanda una sociedad democrática. “No desconoció a la oposición y a la posibilidad de un ‘No’, indicando las salidas que tendría el pueblo para seguir en ese intento por alcanzar la paz”, agregó Jiménez.

El llamado a la unidad en la ciudadanía

El mandatario, visiblemente emocionado por momentos, dijo que “este es un momento para unirnos, no para dividirnos, en torno al mayor propósito de nuestros tiempos. “La paz que lograremos con la guerrilla, Dios mediante, debemos ambientarla también en nuestros hogares, en nuestros trabajos, aquí mismo en el Congreso, en las calles y en las veredas de Colombia”.

Según Jiménez el discurso estuvo impregnado de sentimiento nacional. “Recoge sin pretensión de mandatario y más bien expone el clamor de un pueblo golpeado por rigor del infortunio histórico, guiado por la guerra, la cual arrancó la esperanza”.

Sobre el llamado que hizo a la unidad ciudadana en torno al proceso de paz, Cuervo dijo que Santos no ha logrado comunicarse con la opinión pública, y eso tiene que ver con su estilo y ejecutorias, pero también con que al otro lado está el expresidente Uribe, que tiene conexión con la ciudadanía y maneja con sensibilidad la opinión pública.

“El presidente sabe que si se dan avances concretos en materia de paz, la opinión irá cambiando a favor del proceso y de él. Las últimas encuestas muestran que la mayoría de la gente votaría por el ‘Sí’, pero en un escenario complejo de paro camionero, el golpe de la inflación podría cobrarlo la opinión” .

El Colombiano


La Corte Constitucional explicó los alcances del plebiscito para la paz

Ni la Fuerza Pública ni el Procurador y Fiscal General de la Nación podrán participar en las campañas del Sí y del No para el Plebiscito por la Paz.

Así quedó establecido en el comunicado 30 de la Corte Constitucional, en el que se precisaron detalles sobre el mecanismo de refrendación popular con el que los colombianos podrán expresar su respaldo al acuerdo de paz entre el Gobierno y las Farc.

El documento también aclaró que en caso de que el plebiscito no sea aprobado, “bien porque no se cumple con el umbral aprobatorio o cumpliéndose los ciudadanos votan mayoritariamente por el No, el efecto es la imposibilidad jurídica de implementar el acuerdo final, comprendido como una política pública específica”.

De otro lado, la Corte confirmó que los colombianos en el exterior podrán participar de esa jornada de votación.

¿Quiénes pueden hacer campaña? ¿los servidores públicos?

Los servidores públicos sí pueden realizar campaña en favor o en contra de este plebiscito (pues) la materia del acuerdo final no tiene naturaleza partidista, “sino que es un asunto que se inserta en los derechos generales de participación, de los que también gozan los servidores públicos”.

¿Pueden hacer campaña el Procurador o el Fiscal?

La Corte Constitucional concluyó que “dicha habilitación para participar en las campañas del plebiscito especial excluye a los servidores de la Rama Judicial, de los órganos electorales, de control y de seguridad, como también a los miembros de la Fuerza Pública, limitación esta última prevista en el Artículo 219 de la Constitución”.

Efectos de la votación

Si gana el Sí

“En caso de que el plebiscito sea aprobado, el efecto es la activación de los diferentes mecanismos de implementación del acuerdo final”.

“Los efectos de la aprobación del plebiscito están concentrados en otorgar legitimidad democrática a la implementación del acuerdo
final; conferir estabilidad temporal al mismo, en tanto el aval ciudadano es obligatorio y solo podría ser desvirtuado en el futuro a través de un nuevo llamado institucional a la voluntad popular; y prodigar hacia las partes involucradas garantías de cumplimiento de lo pactado en el acuerdo, precisamente en virtud de la legitimidad democrática que confiere la refrendación popular”.

Si gana el No

“Si el plebiscito no es aprobado, bien porque no se cumple con el umbral aprobatorio o cumpliéndose los ciudadanos votan mayoritariamente por el No, el efecto es la imposibilidad jurídica de implementar el acuerdo final, comprendido como una política pública específica”.

“Por ende, si se parte de considerar que el plebiscito no reforma la Constitución, entonces una potencial desaprobación del acuerdo final tiene incidencia únicamente respecto de la implementación de esa decisión de política pública en específico, manteniéndose incólumes las competencias de los diferentes órganos del Estado, entre ellas la facultad del Presidente para mantener el orden público, incluso a través de la negociación con grupos armados ilegales, tendiente a lograr otros acuerdos de paz”.

“Dichos acuerdos, a su vez, podrán ser sometidos a refrendación popular si así lo deciden el Ejecutivo y el Congreso, siempre con base en las normas constitucionales que regulan los mecanismos de participación”.

Campaña

¿Qué no se vale en campaña?

“No se puede incorporar contenidos que promuevan un partido, movimiento político o grupo significativo de ciudadanos, o que se relacionen con la promoción de candidaturas de ciudadanos”.

¿Cómo se usarán los recursos?

En ningún caso podrá afectar el normal desarrollo de las funciones a cargo de los servidores públicos, ni las partidas presupuestales asignadas, así como tampoco podrán destinarse a ejercer presiones indebidas en los funcionarios o contratistas del Estado, según la ley electoral.

¿Cómo debe ser la divulgación?
La Corte insistió en que la divulgación se distingue de la promoción. Es decir, que los contenidos del acuerdo final deben darse a conocer de manera imparcial, objetiva y sin sesgo o carga valorativa alguna, que permita formar un criterio autónomo e independiente.

Efectos jurídicos

¿El plebiscito cambia el derecho a la paz?

No. “El acuerdo final, por ende, debe comprenderse como una decisión política particular y concreta, expresión del derecho a la paz, pero que no puede confundirse con este”.

¿Por qué el resultado solo vincula al Presidente?

Que el plebiscito fuera vinculante para los demás poderes públicos, diferentes al Gobierno, se mostraba “problemático en términos de preservación del principio de separación de poderes”. La Corte resaltó que el objetivo del plebiscito especial no es someter a refrendación popular el contenido y alcance del derecho a la paz, sino auscultar la voluntad del electorado sobre la decisión pública contenida en el acuerdo final. Esto es, un documento específico de índole política, que puede ser comprendido como una política pública en sentido amplio”.

¿Crear una ley para regular este plebiscito especial necesitaba consulta previa?

“El proyecto de ley no incorpora una medida que afecte directamente a las comunidades étnicas, en la medida en que se trata de un régimen de aplicación general para todos los ciudadanos, que contempla un mecanismo especial para la refrendación popular del acuerdo final. Por lo que no era predicable en este caso el requisito de la consulta previa”.

¿Se necesitará consulta previa a futuro?

Podría necesitarse. “(…) No obsta para que durante el potencial proceso de implementación del acuerdo final se deba realizar dicha consulta, respecto de regulaciones específicas que lleven consigo una afectación directa a dichas comunidades”.

Sobre el umbral

¿Por qué la Corte avaló el umbral del 13 %?

El umbral previsto para este plebiscito especial cumple con una finalidad constitucionalmente importante, como es promover la participación efectiva de ciudadanas y ciudadanos en los asuntos que los afectan, como claramente sucede respecto del acuerdo final. “El umbral aprobatorio es una medida idónea para cumplir con el fin de promover la participación, pues genera incentivos para que quienes apoyan o rechazan el acuerdo final expresen sus preferencias y las mismas sean identificables, lo que a su vez redunda en la legitimidad de la decisión en uno u otro sentido”.

¿Estuvo bien reducir del 50 % al 13 % el umbral?

“La Corte destaca que en la historia electoral colombiana de las últimas décadas no existen antecedentes de participación igual o superior al 50 % del censo electoral, al menos tratándose de elecciones nacionales. Por lo tanto, resulta válido que el legislador estatutario fije una medida que fomente la partici- pación, más aun teniendo en cuenta la importancia central que tiene para el Estado constitucional la expresión de la voluntad popular sobre los instrumentos dirigidos a la transición hacia la paz”.

¿Los colombianos en el exterior pueden participar?

Sí. “La previsión que regula la participación de los colombianos en el exterior es plenamente compatible con la Constitución, pues reafirma la vigencia de los derechos políticos que la Carta reconoce a dichos ciudadanos (…) Corresponde a la organización electoral garantizar el ejercicio libre del sufragio de dichos ciudadanos”.

El Pais


Palabras del Presidente Juan Manuel Santos en la instalación de la legislatura del Congreso de la República 2016-2017

Hace justamente dos años, en este mismo recinto sagrado de la democracia, pronuncié una frase que hoy puedo decir que fue profética.

Dije entonces –al instalar las sesiones del nuevo Congreso elegido por el periodo 2014-2018– que este sería EL CONGRESO DE LA PAZ.

Qué bueno volver hoy al más alto cuerpo legislativo de Colombia para decirles, honorables senadores y representantes, con gratitud en el alma –una gratitud que representa el sentimiento de millones de colombianos–, que han cumplido.

¡Gracias, muchas gracias, Congreso de Colombia, por ser el Congreso de la Paz!

Las leyes y reformas que ha aprobado esta institución –con sentido de patria y de futuro– marcan el rumbo de la mayor transformación de nuestra nación en muchísimo tiempo.

Su trabajo –en conjunto con el Gobierno nacional y con otras instancias del Estado– ha pavimentado el camino de la paz y la reconciliación de los colombianos, que es como decir el camino de vuelta a la normalidad.

Porque por más de medio siglo no hemos sido un país normal.

Por más de medio siglo hemos cargado con el lastre de un conflicto interno armado que nos genera el estigma de ser el país “diferente” del continente.

Mientras otros han superado dictaduras y duros tiempos de violencia, nosotros seguíamos enredados en una confrontación contra la más grande y más antigua guerrilla del hemisferio, como si el fin de la Guerra Fría no hubiera sido notificado en nuestro suelo.

¡Teníamos que soltar este lastre!

Teníamos que quitar este obstáculo del camino de nuestro desarrollo y nuestro progreso social.

¡Teníamos que entrar por fin al tercer milenio!

Hoy –luego de más de tres décadas de intentos por los diferentes gobiernos que han liderado la nación– lo estamos logrando de la mano de ustedes y de todos los colombianos.

Y no me refiero solamente a las iniciativas legislativas que han permitido el mejor desarrollo del proceso de paz y que asegurarán la debida implementación de los acuerdos. No.

La paz –lo sabemos bien– es mucho más que el fin del conflicto armado con la guerrilla.

La paz exige también reformas que garanticen un mayor desarrollo, una mayor equidad y una mayor convivencia en nuestra nación, y esas reformas las hemos hecho juntos, no solo desde el 2014, sino desde el 2010, cuando muchos de ustedes acompañaron iniciativas de enorme trascendencia.

La historia examinará el trabajo del Congreso de la República en estos dos periodos, y no me cabe duda de que hablará de un Congreso que produjo las iniciativas más progresistas de su tiempo y que avanzó más que ninguno en la garantía de los derechos de los colombianos.

En las últimas seis legislaturas el Congreso y el Gobierno nos la hemos jugado por una agenda que está cambiando para bien la vida de nuestros compatriotas.

Por las víctimas, que por fin tienen una ley y unas instituciones que velan por sus derechos, que avanzan en su reparación y en la devolución de sus tierras despojadas.

Por las regiones, que han mejorado su capacidad de gestión y la equidad de sus ingresos con normas como la reforma a las regalías y la ley de ordenamiento territorial.

Por la solidez de nuestra economía, con legislación innovadora como la reforma constitucional y las leyes que nos imponen una disciplina fiscal, garantizando así unas finanzas sanas y recursos para los colombianos más vulnerables.

Por el empleo, con normas como la Ley de Primer Empleo, la reducción de las contribuciones parafiscales, y –en esta última legislatura– la Ley de Empleo Juvenil.

Por nuestros pobres, para seguir reduciendo la pobreza –como lo hemos hecho en los últimos años más que en ningún otro periodo de nuestra historia– con iniciativas como la Ley de Vivienda Social o la ley que convirtió en política de Estado el programa Más Familias en Acción.

Por nuestra salud, con leyes que mejoraron la financiación de los hospitales, y nada menos que una ley estatutaria que consagra la salud como un derecho fundamental y es el primer estatuto de un derecho social en la historia de nuestra Constitución.

Por nuestros niños y nuestros jóvenes, al aprobar en los últimos dos años presupuestos donde la educación es el sector con más recursos asignados, gracias a lo cual estamos implementando programas como Todos a Aprender, Ser Pilo Paga, el Bilingüismo y la Jornada Única, y construyendo más infraestructura escolar que nunca antes.

Debo destacar y agradecer, señores congresistas, la ley que aprobaron este año y que convierte a la Estrategia Integral por la Primera Infancia “De Cero a Siempre” en política de Estado.

Esta es una cruzada que hemos dado desde el mismo inicio del gobierno para que todos los niños entre 0 y 5 años, y las madres gestantes, tengan atención integral, pues sabemos que son la mejor inversión para el futuro.

Con esta ley, ustedes han dejado sembrada la semilla de la mayor transformación de Colombia, que es la que se realiza desde la primera fase de la vida, y quiero agradecerles por eso.

Y quiero también resaltar y reconocer –ante el país– el compromiso de mi señora María Clemencia con este programa tan especial, del que ha sido su mayor impulsora.

¿Y por quién más hemos trabajado el Congreso y el Gobierno?

Por nuestro campo, con iniciativas como la Ley de Financiamiento Rural, y la que autoriza la creación de las Zonas de Interés de Desarrollo Rural, Económico y Social –las Zidres–, para promover la inversión y los proyectos productivos en las áreas más desaprovechadas del país.

Y por nuestra justicia, con los nuevos códigos Administrativo, General del Proceso y Penitenciario; con el Estatuto de Arbitraje; la eliminación del incentivo económico de las acciones populares; la Ley de Arancel Judicial; la que amplió las fuentes de financiamiento de la justicia, y –por supuesto– la Reforma de Equilibrio de Poderes.

Aun con las partes de esta reforma que no se podrán aplicar –por recientes fallos de la Corte Constitucional–, hay que resaltar su trascendencia, comenzando por la eliminación de la figura de la reelección no solo del Presidente sino de todos los altos dignatarios del Estado.

Colombia avanza así hacia una democracia más ágil y participativa, que garantiza –además– el relevo generacional.

Destaco el nuevo Código de Policía –aprobado por ustedes– que actualiza una normatividad que viene de hace más de 40 años, y dota de mayores y más eficaces herramientas a la Policía para proteger la seguridad y tranquilidad de los ciudadanos.

Y hemos hecho algo muy importante –muy importante–, que es producir una legislación de avanzada que vela por los derechos de las minorías, que incluye a los excluidos, y responde a las realidades y necesidades de los tiempos actuales.

Normas como la ley contra la discriminación; la ley para personas en situación de discapacidad; la ley para las víctimas de violencia sexual; la ley de feminicidio; la ley que regula el uso y producción de la marihuana para uso medicinal…

O las leyes que han mejorado las condiciones laborales de los trabajadores y trabajadoras del servicio doméstico; de las madres comunitarias; de los voluntarios; de los bomberos –que pasaron de tener una inversión anual de 800 millones de pesos ¡a 30 mil millones de pesos!–, y la Ley de Protección al Cesante.

Todas estas normas representan logros concretos en la garantía de los derechos sociales de los colombianos, y me ratifican en la convicción de que la agenda que hemos cumplido en los últimos seis años constituye un salto histórico para el país.

Y significa algo más… Significa que las grandes reformas que transforman a Colombia, reformas progresistas y de avanzada, las estamos haciendo –como debe ser– desde las instituciones republicanas y democráticas, y no desde las armas, no desde la revolución, no desde el autoritarismo.

Siéntanse orgullosos, señores congresistas, de hacer parte de este cambio, que nos lleva a una nueva Colombia: una Colombia con mucha más equidad, con más progreso, con más educación y –como siempre la hemos soñado– ¡UNA COLOMBIA EN PAZ!

Por eso, ¡cómo no resaltar y agradecer las importantes iniciativas que aprobaron en el último año para hacer realidad el más grande anhelo de los colombianos!

En primer lugar, el acto legislativo para la paz, que establece los procedimientos para implementar y blindar jurídicamente los acuerdos alcanzados en la Mesa de Conversaciones, con la salvedad fundamental de que solo regirán luego de que los colombianos –con su voto– ratifiquen el Acuerdo Final.

La conjunción del Gobierno, del Congreso, de la Corte Constitucional y del voto ciudadano dotará a los acuerdos que pongan fin al conflicto de la máxima legitimidad.

Para cumplir con dicha refrendación –y con la promesa que hice a mis compatriotas desde cuando inició el proceso de paz–, ustedes también aprobaron la ley estatutaria que regula el plebiscito para este fin, un procedimiento que esta misma semana fue declarado exequible por la Corte Constitucional.

Así que será el pueblo –y nadie más– quien tenga la última palabra sobre si acepta o no lo acordado en La Habana.

Como gobernante, tengo la plena certidumbre sobre la seriedad, la responsabilidad y la prudencia con que se llevaron a cabo las negociaciones, y por eso confío en que los colombianos darán vía libre a este camino hacia la paz.

Ustedes –congresistas–, como representantes de sus regiones y de sus partidos, deben ser los primeros en promover este mecanismo de participación popular.

No les digo que hagan campaña por el SÍ o por el NO –ya saben muy bien que el SÍ está en mi corazón y en el de millones de colombianos–…

Pero sí les puedo pedir a todos –sin excepción– que promuevan un debate de altura y con ideas, con argumentos y no medias verdades, con realidades y no con mitos, para que los colombianos, libremente –¡libremente!–, definan su futuro.

Finalmente, aprobaron ustedes en la pasada legislatura la prórroga de la ley de orden público que da herramientas al Estado para adelantar los procesos de desarme, desmovilización y reinserción a la vida civil.

Un desarme que será verificado y monitoreado nada menos que por las Naciones Unidas.

Este Congreso le ha cumplido al país, y sé que le seguirá cumpliendo.

En la legislatura que hoy comienza ustedes tendrán el reto de aprobar las leyes y reformas que se requieran para implementar los acuerdos de paz, reformas todas que son benéficas para Colombia, y que tendríamos que acometer tarde o temprano.

En otras palabras, les llegó el momento de completar su misión:

Porque este Congreso de la Paz ¡será ahora el Congreso del Posconflicto!

Y les corresponderá también aprobar un presupuesto sensato, responsable, para el año 2017, y debatir la reforma tributaria estructural que vamos a presentar este semestre, la cual debe generar ingresos fiscales que garanticen la sostenibilidad de las finanzas públicas y la continuidad de nuestros programas sociales.

Será una reforma que mejore nuestro sistema impositivo, haciéndolo más progresivo, más equitativo, más simple y más eficiente. ¡De eso se trata!

Así seguiremos construyendo –juntos– un nuevo país del cual nos sintamos orgullosos; una nación mejor, una nación viable, una nación normal, sin guerra, para nuestros hijos, para nuestros nietos y para las próximas generaciones.

Apreciados congresistas; queridos colombianos:

Hace 206 años exactamente, a pocos metros de donde ahora mismo nos encontramos, un grupo de patriotas cambió la historia con su valor y su determinación.

Hoy nos reunimos para celebrar ese grito de independencia que nos llevó a ser la república libre y democrática que somos.

Hoy –más de dos siglos después– tenemos nosotros, ¡nosotros!, la oportunidad de oro de consolidar esa libertad y esa democracia, y de poner punto final a una guerra interna que nos ha desangrado por décadas.

¿Quién, en Colombia, recuerda haber vivido un solo día sin tener noticias del conflicto armado?

¿Cuándo hemos pasado una sola mañana, una sola noche, sin ver en la televisión o escuchar en la radio sobre enfrentamientos, bombas, soldados y policías muertos o heridos, y guerrilleros también muertos o heridos?

Tenemos que admitirlo: ¡nos acostumbrarnos a la barbarie!

Porque la guerra siempre es eso: una barbarie.

La guerra es la derrota de la razón y la deshumanización del hombre.

Hay que reconocerlo, con tristeza: estábamos perdiendo la capacidad de ser compasivos, de indignarnos con la violencia, de sentir el dolor del otro, de conmovernos con su sufrimiento.

Nos acostumbramos a la guerra y a su lógica de odio y venganza… ¡Y eso tenemos que cambiarlo!

Porque la paz –por difícil que sea alcanzarla– siempre será mejor, ¡siempre será mejor y menos costosa que la guerra!

Hoy, por primera vez, estamos viendo –al final del túnel– la luz radiante que nos anuncia el comienzo de un nuevo horizonte para nuestra nación: uno donde NO nos matemos por nuestras ideas; donde todos podamos caminar juntos, así pensemos diferente.

La firma –hace menos de un mes– del acuerdo sobre el cese al fuego y de hostilidades bilateral y definitivo, y sobre el procedimiento y cronograma para el desarme de la guerrilla ha sido la mejor noticia en mucho tiempo para los colombianos.

Y no solo para nosotros, sino para el mundo entero, que ve con alegría la inminente terminación del último conflicto armado del Hemisferio Occidental.

El pasado 23 de junio –desde La Habana– hice un reconocimiento especial, indispensable, justo, que hoy quiero reiterar desde el centro mismo de nuestra capital y de nuestra democracia.

Quiero hacer un homenaje de gratitud y admiración –y sé que expreso el sentir de todos los colombianos– a nuestras Fuerzas Militares y a nuestra Policía Nacional.

Su sacrificio, su sentido del deber, su compromiso con la defensa de la libertad, han sido esenciales para llegar a este momento.

Sin ellos –sin nuestros soldados de tierra, mar y aire, y nuestros policías– la paz no sería posible.

Esta mañana presenciamos –emocionados– el desfile de nuestras Fuerzas Armadas en homenaje a nuestra independencia, y tuvo un significado muy especial.

Porque no fue un desfile cualquiera: ¡este fue el desfile de la victoria!

Porque LA PAZ ES LA VICTORIA…

La paz es la victoria de todos los soldados y policías de nuestra patria.

¡Y la paz es la victoria de todos los colombianos!

Por eso, nuevamente, ¡todo el honor y toda la gloria, toda la gratitud y el reconocimiento, a los héroes de nuestras Fuerzas Armadas!

Y gracias, muchas gracias, a nuestro Congreso, y gracias a nuestras cortes y a nuestras instituciones, y gracias a los ciudadanos que voten SÍ en el plebiscito… porque todos están llevando a nuestra patria a contemplar un nuevo amanecer.

Y quiero ser claro –como lo he repetido muchas veces–: la paz no es mía. La paz no es de mi gobierno.

¡Cómo va a serlo! La paz es demasiado grande para tener dueño.

La paz es el anhelo y será la realidad de más de 48 millones de colombianos.

Ahora bien, ¿la firma del Acuerdo Final será la solución a todos los problemas del país?

No, por supuesto que no. Nadie dice eso.

El fin del conflicto será el comienzo de un periodo de arduo trabajo para construir la paz en cada rincón del territorio…

Para llevar los servicios del Estado a las zonas más golpeadas por la guerra…

Para sembrar en los corazones y en las mentes de todos una cultura de tolerancia y convivencia que reemplace a esa otra cultura de enfrentamiento y exclusiones que tanto daño nos ha hecho.

Ahora –señores congresistas– es cuando más necesitamos el esfuerzo del país entero para que la semilla de la paz crezca y se convierta en un árbol fuerte y frondoso que nos dé frutos de desarrollo y progreso social.

Vamos a seguir trabajando por el empleo, por la reducción de la pobreza, por mantener el crecimiento de la economía, por aumentar las oportunidades para los más vulnerables, pero con una gran diferencia: ¡ya no cargaremos –ya no cargaremos– con ese lastre pesado y odioso de la guerra!

Sin guerra, habrá más recursos para la educación, para la salud, para la vivienda, para la justicia, para el campo, para la protección del medio ambiente, para aumentar la cobertura de servicios básicos…

Y algo muy importante: sin guerra habrá más recursos para la seguridad ciudadana, porque los hombres y equipos destinados a enfrentar a las FARC podrán destinarse a proteger mejor a los ciudadanos y a combatir los restantes factores de inseguridad.

Sin guerra, vendrán muchos más inversionistas y muchos más turistas, con lo que esto significa en la generación de empleo.

Sin guerra, Colombia entrará por fin al siglo XXI, con el orgullo de haber superado una tragedia que nos duró más de medio siglo.

Colombianos:

Hoy no he querido hacer el clásico recuento de realizaciones del Gobierno que acostumbramos los mandatarios en este discurso anual.

Se ha hecho mucho en todos los frentes; hay avances, pero somos los primeros en reconocer que falta mucho, muchísimo camino por recorrer.

Pero si lo hacemos juntos –unidos– llegaremos más lejos.

Hoy quiero convocar a todos mis compatriotas a proteger, a defender, a imaginar, a soñar, a hacer posible el bien supremo de cualquier sociedad, la base fundamental sobre la que podemos levantar un país mejor y más justo: LA PAZ.

Este es un momento para unirnos –no para dividirnos– en torno al mayor propósito de nuestros tiempos.

La paz que lograremos con la guerrilla –Dios mediante– debemos ambientarla también en nuestros hogares, en nuestros trabajos, aquí mismo en el Congreso, en las calles y en las veredas de Colombia.

La paz se hace en nuestros corazones, reconociendo el valor del otro, encontrando la riqueza que trae la diferencia, y creyendo –de verdad– que somos capaces de vivir en una sociedad reconciliada.

No nos quedemos anclados en el odio o en el miedo.

No nos quedemos enterrados en el pasado.

Llegó la hora de concentrarse en las posibilidades del futuro.

Llegó la hora de comenzar –unidos– a hacer realidad los sueños.

Apreciados congresistas:

Este puede ser el último 20 de julio que tengamos que conmemorar en un país en guerra.

¡De todos nosotros depende que así sea!

Por eso –con toda la fuerza de mi corazón– los invito a que digamos –convencidos– ADIÓS A LA GUERRA, ¡SÍ A LA PAZ!

Este periodo que comienza puede ser –y debe ser– el primero en que ustedes, los legisladores, y todos los colombianos, vamos a saber lo que es vivir y trabajar en un país que recorre –optimista– el camino de la convivencia.

Con esta convicción, con esta esperanza, con este entusiasmo vivo en el alma… declaro oficialmente instalada la legislatura del Congreso de la República para el periodo 2016-2017.

Presidencia de Colombia


Las camisetas y banderas negras de Uribe que no gustaron este 20 de julio

Mientras en el centro y norte de la capital se llevaba a cabo el tradicional desfile de las Fuerzas Militares, los uribistas realizaban una especie de ceremonia con la que le daban la bienvenida a una nueva etapa legislativa para la que ya tienen diseñado un plan.

Según el portal Las 2 Orillas, Uribe y sus seguidores harán oposición con banderas enlutadas, las mismas que serán el estandarte de 59 proyectos que presentarán en el periodo legislativo que comenzó este miércoles.

Además de las banderas, también se vieron en la ciudad personas con camisetas negras que fueron convocadas por el mismo Álvaro Uribe como una señal de luto por la decisión de la Corte Constitucional de permitir la convocatoria de un plebiscito, señala Caracol Radio.

Sin embargo, las intenciones del ahora senador y líder del Centro Democrático no terminaron siendo del gusto de muchas personas en redes sociales, que consideraron el uso del símbolo nacional y de las prendas negras como una señal de fascismo.

Uribe, por su parte, aprovechó la instalación de sesiones del Congreso para criticar la aprobación del plebiscito y lo calificó como un “peligro real” porque el acuerdo entre Gobierno y Farc será de “total” impunidad para los delitos cometidos por los guerrilleros.

Consideró también como un “engaño” decir “que el Gobierno es el primero en consultar con los ciudadanos” lo acordado con esa guerrilla.

“El peligro real es la aprobación de un acuerdo entre el Gobierno y las FARC que da total impunidad y elegibilidad política al narcotráfico y a otros delitos atroces del grupo terrorista”, apuntó el senador.

El jefe de la oposición calificó de “tramposa” reducción del umbral del plebiscito del 50 % al 13 %, ya que, a su juicio, “afecta la equidad en la participación política no obstante que se tramitó de conformidad con las leyes estatutarias”.

Pulzo