Por Daniel Cholakian – Nodal Cultura

El ministro de cultura de la ciudad de Buenos Aires, Darío Lopérfido, dejó su cargo después de resistir durante varios meses los pedidos de renuncia que surgieron de diferentes sectores de la cultura y los organismos de derechos humanos. Los rumores sobre renuncia se hicieron muy fuertes en las últimas 24 horas, en las cuales fue indisimulable cierta interna con su antecesor y cabeza de los medios públicos a nivel nacional, Hernán Lombardi.

Hace pocos días en la presentación de un teatro público itinerante de la ciudad, Lopérfido tuvo que enfrentar un repudio público y silencioso en medio del acto. La situación lejos de ser disimulada por los medios públicos, fue replicada por la agencia de noticias oficial, bajo el mando de Lombardi, con el título “Lopérfido, escrachado al inaugurar una sala itinerante del teatro San Martín”

Esta publicación dejó a las claras que la situación de Lopérfido al frente de la Ciudad de Buenos Aires, uno de los polos culturales más importantes del mundo, era insostenible.

A comienzos del año, en declaraciones que incluso fueron rechazadas por el propio jefe de gobierno de la ciudad, el conservador Horacio Rodríguez Larreta, Lopérfido había afirmado: “En la Argentina no hubo 30 mil desaparecidos,  fue una mentira que se construyó en una mesa para obtener subsidios.”

Esta frase, además de relativizar la violencia y la dimensión de la represión de la dictadura cívico militar instalada en marzo de 1976, dejaba velada la acusación a los organismos de derechos humanos de lucrar con el secuestro, la tortura y la muerte de sus familiares víctimas de la violencia estatal.

Fue entonces que un grupo de actores acompañaron el pedido de renuncia que hicieron por diversos medios los organismos de derechos humanos, con un documento en el que caracterizaron los dichos de Lopérfido como de “corte negacionista” y de “una apabullante ignorancia de los datos más elementales de Historia y geopolítica”.

Estela de Carlotto, titular de la asociación Abuelas de Plaza de Mayo, afirmó que tras sus declaraciones se esconde el “interés de desprestigio de quienes hace 40 años luchamos para que esto se sepa y se castigue con todo el peso de la ley. Sería muy contario a la lógica que siga en el lugar en el que está.”

Sin que Lopérfido se desdijera, grupos de teatro de la ciudad comenzaron a repudiar los dichos del ministro, leyendo un comunicado redactado en común al finalizar las funciones. Los diversos modos de exigir la renuncia del responsable de la cultura en Buenos Aires fueron creciendo y ganando el espacio público. Mientras tanto, el jefe de gobierno no exigía a su ministro que diera un paso al costado, y éste mantenía sus dichos en todo lugar en que se lo interrogara sobre el particular.

El pasado 14 de junio se constituyó la “Mesa de Acción de Cultura y Derechos Humanos” para coordinar las acciones en pro de la renuncia del ministro. La reunión de presentación se hizo en el espacio Casa de la militancia, de la agrupación H.I.J.O.S. dentro de lo que fuera la ESMA, uno de los principales campos de concentración durante la dictadura. Forman parte de esta mesa de acción personalidades destacadas de arte, el derecho, la ciencia y organismos como Madres de Plaza de Mayo Línea Fundadora, Abuelas de Plaza de Mayo, H.I.J.O.S Capital, APDH, Familiares de Desaparecidos y Detenidos por Razones Políticas, LADH, SERPAJ. Por casualidad o no, en el momento en que comenzaba el acto, se recibió en el predio una amenaza anónima de bomba, por lo cual hubo que desalojar el predio y el acto quedó trunco.

En medio de este debate, la cultura pública de la ciudad pasa por uno de los peores momentos de los últimos 30 años, con el principal complejo teatral cerrado y las salas públicas funcionando pobremente. La decisión del gobierno nacional de aumentar de un modo exorbitante las tarifas de servicios públicos (luz, gas y agua) ha puesto a los centros culturales y las salas privadas al borde del colapso económico. Desde el ministerio de cultura no se han gestionado soluciones o paliativos y además se observa una avanzada en la clausura de espacios culturales por pequeñas cuestiones que podrían solucionarse sin cerrar los espacios (FM La Tribu y Espacio Mu! Por citar algunos).

Como si todo esto fuera poco, el pasado 28 de junio Lopérfido acusó a actores, productores y realizadores audiovisuales de haber asumido la defensa del gobierno anterior a cambio de ser favorecidos en la producción de contenidos realizados con fondos públicos. “Compraron las voluntades de todos los fanáticos kirchneristas porque actuaban siempre los mismos: Rita Cortese, Luis Machín, Alejandro Awada, Juan Palomino, Gustavo Garzón; fans del kirchnerismo que, dicho sea de paso, son los que piden mi renuncia por decir estas cosas”. Además, demostrando una falta de conocimiento real de cómo se realizaban los concursos y adjudicación de fondos, afirmó que tres productoras se quedaban con la mayoría de los proyectos, cuando la distribución fue tan uniforme que el grupo que más realizaciones llevó adelante lo hizo con tres, cuando fueron varios centenares los contenidos producidos. Lopérfido demostró ignorar que la industria audiovisual creó 100.000 puestos de trabajo en el país y que su participación en el PBI nacional es mayor que la de la minería.

Luego de estos dichos, se multiplicaron los repudios a esta suerte de caza de brujas, que estigmatizaba a los actores por sus preferencias políticas. Incluso los propios elencos de los teatros oficiales de la ciudad se sumaron al pedido de renuncia en las funciones, y el titular del Instituto Nacional del Teatro Marcelo Allasino, nombrado por la gestión del mismo partido, pero a nivel nacional, pidió en las redes sociales la renuncia del ministro de cultura de Buenos Aires. En respuesta a las declaraciones de los actores referidos en su acusación, Lopérfido les negó el debate: “Hablen de arte, dejen de hablar de política. La política es algo muy complicado”, respuesta que exasperó aun más los ánimos.

Luego de estas demostraciones de soberbia, impudicia e ignorancia, no quedaba más que esperar que en pocas horas le fuera pedida la renuncia a Darío Lopérfido, cosa que finalmente ocurrió en el día de hoy. Se desconoce aun quien será su sucesor. Quien asuma el cargo tendrá la difícil tarea de reconstruir para la ciudad la relación entre el Estado y los diferentes actores de la cultura, que está severamente dañada

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