Los conceptos vertidos en esta sección no reflejan necesariamente la línea editorial de Nodal. Consideramos importante que se conozcan porque contribuyen a tener una visión integral de la región.

Chile acaba de vivir un nuevo proceso electoral municipal, en que las dos principales fuerzas políticas que han controlado el país desde el término de la dictadura cívico militar de Pinochet, se disputan los principales municipios del país. Sin embargo, la gran triunfadora de la jornada electoral fue la abstención, que llegó al 67%, aumentando en diez puntos a lo ocurrido en la elección municipal de 2012, la cual llegó al 57%, y donde concurrieron a votar cerca del 43% del padrón electoral. Ahora votó solo un 33% de quienes podían hacerlo.Solo para hacerse una idea, Chile cuenta con inscripción automática y voto voluntario (IA-VV) y están habilitados para votar alrededor de 14 millones de personas. En 2012 votaron poco más de 5 millones 800 mil personas y para esta nueva elección esa cifra llegó más o menos a 4 millones 800 mil personas.Varias pueden ser las explicaciones que se pueden dar para entender el por qué de la apatía política que hoy se observa en la población chilena, y que refuerza la enorme distancia que hay entre votantes y política. Una primera idea responde a los escándalos de corrupción que ha debido enfrentar la Nueva Mayoría encabezada por Bachelet y también la derecha chilena expresada en la coalición llamada Chile Vamos. Ambas coaliciones han tenido que dar respuestas ante Tribunales sobre boletas falsas utilizadas para desviar impuestos y financiar campañas de candidatos políticos de una u otra facción política. Esto ha sido particularmente escandoloso, puesto que Chile siempre se promocionó como un país inmune a la corrupción, que las instituciones funcionaban y que la democracia chilena era digna de imitar. Un segundo factor está asociado a la alteración en el padrón de votantes y que golpeó severamente la credibilidad y la gestión del gobierno de Bachelet. Lo anterior consistió en que votantes de una comuna A, a semanas de las elecciones, fueron cambiados a votar a una comuna B, y en muchos casos sin consentimiento. Se habla de medio millón de personas que fueron cambiadas de lugar de votación, focalizando esto en comunas como Santiago, Providencia y Ñuñoa, zonas emblemáticas para ambos grupos. Como tercer punto es que los partidos políticos han logrado tal nivel de distancia con la sociedad civil, que no son capaces de movilizar a más votantes yfueron los grandes derrotados de la jornada electoral, así como también el actual gobierno.

A pesar que siempre que se situó a Chile como una de las democracias más destacadas de la región, los resultados de su participación hoy la dejan como el país que menos vota a nivel latinoamericano. Desde el propio gobierno de Michelle Bachelet estos resultados se consideran como una dura derrota para la coalición gobernante e instalan un manto de pesimismo para las elecciones presidenciales de 2017. A horas de conocer los resultados, la presidenta de Chile sostuvo ante la prensa que “Es una molestia, un malestar por la falta de probidad, por la falta de renovación de los liderazgos y por la pobreza de las ideas que se proponen al país, y es un malestar que crece.La fortaleza de nuestra democracia está afectada por eso quiero llamar a que todos abordemos este tema con seriedad”. Por lo mismo, ya hay sectores que plantean reponer el voto obligatorio y continuar con la inscripción automática para contrarrestar la debacle política que vivieron los partidos políticos tradicionales, más aun con el sorpresivo triunfo de Jorge Sharp en Valparaíso, que dejó sin esa importante comuna a la derecha y a la nueva mayoría. Seguirán apareciendo nuevas explicaciones a lo sucedido en Chile, pero sin duda la gran triunfadora de la noche fue la abstención, aunque a muchos les moleste.

Máximo Quitral. Historiador, U. Arturo Prat, Chile.