Los conceptos vertidos en esta sección no reflejan necesariamente la línea editorial de Nodal. Consideramos importante que se conozcan porque contribuyen a tener una visión integral de la región.

Un Informe elaborado por el Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD), pone una voz de alerta respecto de la baja participación electoral que exhibe el país -a propósito de las recientes elecciones municipales, en las que votó solo el 35% del padrón-, haciendo ver que los niveles de abstención no solo están fuera de los promedios que se observan en la región, sino también a nivel OCDE. Investigadores del PNUD han hecho ver que la tasa de participación en Chile está al límite, y que se está acercando al umbral del 30%, lo que se considera un nivel crítico.

Si bien desde un punto de vista conceptual sería deseable que la mayor parte de la población en edad de votar efectivamente lo hiciera, los países donde ocurre una participación masiva son escasos, y por lo mismo la abstención se ha internalizado como algo inherente a las democracias. Resulta por lo tanto discutible predeterminar una tasa de participación óptima, o sostener que hay umbrales “críticos” que, de ser traspasados, la voluntad expresada en las urnas se tornaría poco representativa o que ello pudiera devenir en una inestabilidad institucional.

El documento del PNUD hace ver que la cantidad de votantes en Chile se mantuvo relativamente estable hasta la entrada en vigencia del voto voluntario en 2012, régimen que impera en la mayoría de las democracias del mundo. Si bien los índices de abstención se han agudizado desde entonces, ello es perfectamente esperable cuando se pasa desde un esquema obligatorio hacia otro voluntario, donde la ciudadanía conserva su derecho a voto, pero en cada elección decide si lo ejerce o no. El propio informe reconoce que a nivel global la tendencia es a una menor participación electoral, lo que significa que el país no está especialmente desalineado en esta materia. Esta idea es fácilmente verificable al observar lo que ocurrió en los plebiscitos realizados en Gran Bretaña -Brextit- o para el proceso de paz en Colombia; en ambos casos se resolvieron asuntos de especial trascendencia, y sin embargo la abstención fue notoriamente elevada.

Al mirar el fenómeno desde la óptica de los promedios, es efectivo que nuestra realidad de abstención aparece más pronunciada en relación a la OCDE y la región, pero ello también debe ser examinado con especial atención, pues en la muestra hay países como Ecuador y Bolivia, que han aumentado la tasa de participación, y otros, como Venezuela y Nicaragua, que la han mantenido, y en ninguno de estos casos es posible afirmar que ello ha derivado en una mejor calidad de la democracia. Por el contrario, hay sectores que plantean un retroceso en esos países.

Por ello no parece acertado condicionar la calidad de la democracia a una elevada tasa de participación electoral, pues la evidencia muestra que a pesar de que solo se exprese una fracción, ella puede ser suficientemente representativa del sentir de la mayoría. Tal es el caso de lo que ocurrió en el país con las recientes elecciones municipales, donde el electorado fue capaz de enviar un mensaje consistente y nítido, a pesar de que solo votó el 35% del padrón.

Así, la abstención es un síntoma y no el problema en sí mismo. Las razones por las cuales la mayoría no vota son muy variadas, pero probablemente un factor preponderante tiene que ver con propuestas políticas que no resultan suficientemente atractivas. La democracia ganaría en la medida que la oferta fuera más atractiva, pero que ello no ocurra dista de constituir una crisis.

La Tercera