México: migrantes centroamericanos parten hacia Oaxaca para ayudar en la reconstrucción tras el sismo

Alrededor de cien migrantes centroamericanos partieron este lunes en caravana hacia Oaxaca para ayudar en los trabajos de reconstrucción por los daños ocasionados por el sismo de magnitud 8.2 ocurrido el 7 de septiembre, informó Irineo Mujica, director de la agrupación Pueblos Sin Fronteras.

Después de participar en labores de ayuda, la caravana planea llegar a la frontera con Estados Unidos para pedir asilo en ese país.

El denominado Viacrucis Guadalupano Migrante Solidario hará escalas en el Istmo de Tehuantepec, Oaxaca, y en otros puntos para ayudar en labores de reconstrucción para los damnificados de dos terremotos que dejaron severos daños y más de 450 muertos en septiembre.

Los centroamericanos seguirán la ruta migratoria desde la costa de Chiapas hasta Juchitán e Ixtepec, donde permanecerán el tiempo necesario para ayudar a los afectados.

Irineo Mújica añadió que de allí saldrán hacia el estado de Morelos y después a Ciudad de México, para denunciar el próximo viernes en el Senado las violaciones a los derechos humanos que sufren los centroamericanos en tránsito hacia Estados Unidos.

‘‘En el Senado denunciaremos la falta de oportunidad que tienen los migrantes para ser reconocidos como refugiados en el país y que las políticas de migración aún siguen agrediendo los desechos humanos de los indocumentados’’, aseveró.

Dijo que en la reunión en esa cámara del Congreso participará una representación de la caravana, aunque aclaró: ‘‘Por el momento lo que tenemos bien definido es llevar ayuda’’.

Mujica también refirió que demandarán al gobierno mexicano terminar con el programa de contención migratoria Frontera Sur y agilizar los trámites de asilo.

Mujica, afirmó que la falta de empleo, los problemas con las pandillas y los conflictos sociales son las causas fundamentales de que familias completas estén abandonando sus lugares de origen en las naciones de Centroamérica, en busca de mejores condiciones de vida.

La Jornada