UE-Mercosur: no es cierto que no haya alternativas – Por Rubén Armendáriz

Los conceptos vertidos en esta sección no reflejan necesariamente la línea editorial de Nodal. Consideramos importante que se conozcan porque contribuyen a tener una visión integral de la región.

Portavoces calificados del Mercosur y la Unión Europea ratificaron el último fin de semana la firme voluntad política de alcanzar (aunque sea la firma de) un acuerdo antes de fin de año, mientras crecen las dudas y las demandas para trasparentar lo que se negocia en las reuniones, que hasta ahora se han mantenido en el más estricto secretismo.

Para hacer posible este acuerdo que se negocia sin éxito desde 2004 fue necesario el triunfo electoral del neoliberal Mauricio Macri en Argentina, el advenimiento del golpista Michel Temer en Brasil y el desplazamiento de Venezuela del Mercosur, que permitieron reactivar las negociaciones como pretendían los europeos.

Los presidentes de Argentina y Brasil, con el aval silencioso de sus pares de Paraguay y Uruguay, están decididos a mostrar su voluntad de “abrirse al mundo” aceptando las exigencias europeas de no hacer mayores concesiones a la demandas de apertura de sus mercados agrícolas (sus oferta para las carnes y biocombustibles es aún menor que en propuestas anteriores).

Los cancilleres de Mercosur entregaron el viernes último a la UE sus propuestas para intentar cerrar antes de fin de año el acuerdo. “A partir de la reacción de la UE sobre este paquete con números, reglas, gradualismo y cantidades, podemos acelerar y concluir la negociaciones este año”, dijo Aloysio Nunes, canciller de Brasil.
El corolario final sería la conversión de la unión aduanera del Mercosur en una zona de libre comercio, en una mutación que aceleraría el desvanecimiento de la industria local y la regresión de la primarización a especialidades más elementales. El correlato de esa subordinación económica es la pérdida de autonomía geopolítica.

Una apertura precipitada del mercado por parte del Mercosur a una economía como la europea puede tener consecuencias dramáticas para el empleo, en particular sobre el industrial, para la seguridad alimentaria, enfocando el uso de la tierra hacia los productos de exportación como el etanol, y para la estabilidad financiera de la región.

El eurodiputado Helmut Scholz, coordinador de la bancada de Izquierda Unitaria (GUE/NGL) para los asuntos de comercio internacional, señaló que pensaba que los países de Mercosur “estaban vacunados contra las fórmulas neoliberales después de lo que padecieron durante los años ’90, y no hay dudas de que la Comisión Europea impone un modelo de acuerdo que va muy allá de la OMC y del ALCA”. Según Scholz, reproduce las mismas recetas neoliberales obsoletas.

Los negociadores de Unión Europea presioaron por una liberalizacióin vertiginosa para sus exportaciones, estimando, no equivocadamente, que contaban con gobiernos en el Mercosur dispuestos a abrir sus mercados en forma inédita.

Además de la reprimarización de la economía, habrá una triangulación del comercio: “lo que antes le comprábamos a Brasil se lo compraremos a la UE y, simultáneamente lo que antes Brasil nos compraba, ahora lo hará a la UE, con el consiguiente debilitamiento del Mercosur como economía de integración”, señala Marita González, de la Coordinadora de Centrales Sindicales del Cono Sur.

Un acuerdo estratégico, no solo comercial

“Estamos muy cerca de lograrlo, ambos bloques promovemos la apertura económica”, sostuvo el 9 de noviembre en Buenos Aires el vicepresidente de la Comisión Europea, Jyrki Katainen, quien agradeció el impulso dado por el gobierno de Mauricio Macri para reactivar las negociaciones que eliminarán los aranceles y tarifas en el intercambio de bienes entre ambos bloques.

El finés hizo un viaje relámpago a Argentina y Brasil para dar una fuerte señal política a los negociadores conosureños del acuerdo, a sabiendas que quedan pendientes por resolver las áreas más sensibles, como la agropecuaria. La firma del acuerdo, prometió, “fortalecerá la posición geopolítica del Mercosur en el mundo, además de disparar la confianza de los inversores europeos”. Añadió que con Macri “confirmamos que esto se trata de un acuerdo estratégico y no sólo de libre comercio.

El canciller argentino Jorge Faurie, en pública y vergonzosa muestra de su disposición de brindar concesiones insospechadas con tal de arribar a la firma del acuerdo, filosofó: “la solución para llegar al acuerdo marco no va a ser mágica pero todos los grandes hechos de la humanidad se hicieron con esfuerzo y negociación (…) Un comercio con reglas de disciplina y que tiene valores sobre el Atlántico entre dos regiones que son muy similares, con lo cual debemos reconocer que somos una parte que salió del continente europeo”, añadió. Difícil de comprender lo que quiso decir.

Los europeos, sin duda, se manejan con mucha más cautela que los mercosureños, lo que da la pauta que la negociación aún no está cerrada, que restan temas en negociación, señaló el experto Claudio della Croce.

La realización del convenio que comenzó a negociarse en 2004, despierta preocupación entre distintos sectores del Mercosur, entre ellos los de producción agropecuaria y el de las pequeñas y medianas empresas que generan la mayor parte del empleo industrial, más allá de las implicancias de mediano plazo sobre el desarrollo industrial que representa el acuerdo.

El economista Claudio Katz alerta que Macri tiene interés personal en la implementación de tratados de libre comercio, que facilitan la evasión y reducen la capacidad de los estados para litigar con los paraísos fiscales. Esos convenios le cubren las espaldas a todas las irregularidades de sus Panamá Papers y Paradise Papers.

El demoledor combo de capitulación ante la UE y sometimiento a Estados Unidos es complementado con tratativas de mayor apertura a las exportaciones de China. Esa invasión de manufacturas abaratadas acompaña el saqueo de los recursos naturales que soporta la región, señala Katz.

Lo poco que ha trascendido del acuerdo que se negocia en el mayor secretismo y oscuridad, es que la UE excluyó de la negociación nuevas concesiones a las carnes bovinas, el biodiesel y el etanol. Se trata de los productos que concentran las mayores oportunidades para los sectores agroindustriales del Mercosur.

En la narrativa del gobierno argentino, es un escalón en lo que llama la ingeniería de reinserción internacional del país, en la que también figura el intento de ingreso a la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE). La liberalización, desregulación y apertura son pautas comunes en ambos procesos que, contra la evidencia histórica, se presentan como ineludibles para conseguir la confianza de los inversores.

“Tuvimos una muy buena discusión con el Presidente, en la que confirmamos que esto se trata de un acuerdo estratégico y no sólo de libre comercio”, agregó Katainen, quien destacó que si se firma el acuerdo se fortalecerá la “posición geopolítica del Mercosur” en el mundo, además de “disparar la confianza de los inversores”.

Los diputados argentinos trataron de romper el secretismo con el Secretario de Relaciones Económicas Internacionales Horacio Reyser, preocupados por el hecho de que se mantienen en completa reserva los criterios y posiciones que se presentaron y presentarán por parte del Mercosur ante los negociadores europeos.

Algunos legisladores argentinos suponen que no se llegaría a un entendimiento por el hecho que los europeos no ampliarían su oferta en relación a los temas críticos de la carne y los bicombustibles, pero hoy no descartan que los gobiernos del Mercosur –sin consulta- terminarán aceptando las restricciones europeas a cambio de promesas de cooperación y/o futuras apertura.

En el marco del clima político anti-TLCs existente en los países europeos cooptado por el avance de una derecha regresiva el presidente de la Comisión Europea, Jean Claude Juncker, desea demostrar a su opinión pública que gracias a la actitud aperturista de los gobiernos neoliberales del Mercosur, Europa solo obtendrá beneficios del acuerdo no solo por ganar mayores mercados para los productos europeos ante el ahorro de más de 4,400 millones de euros (5.200 millones de dólares) que representaría tres veces más que las reducciones logradas en recientes negociaciones con Canadá y Japón.

Asimismo, garantizaría a los europeos, entre otros beneficios, mayores ingresos para sus empresas por la mayor apertura en áreas de servicios, incluyendo en particular el sector financiero, compras públicas, y la mayor extensión para la protección monopólicas de sus patentes medicinales.

Carlos Bianco, ex Secretario de Relaciones Económicas Internacionales y actual asesor de la central sinsidcal CTA de los Trabajadores, consideró que “estamos ante la consumación en tiempo real de una tragedia histórica para las posibilidades de industrialización y desarrollo futuro de nuestros países, con consecuencias que serán irreversibles sobre el tejido industrial y la posibilidad de generar empleo de calidad y bien remunerado”.

Los análisis de impacto existentes muestran que la concreción del acuerdo generará resultados comerciales positivos sólo en el caso de UE, mientras que Mercosur se verá perjudicado por un mayor déficit comercial bilateral y por la reprimarización de su producción y su oferta exportable.

Hay alternativas

Resulta lamentable, y sobre toda falsa, la argumentación habitual que cobijan muchos analistas, incluyendo algunos críticos al acuerdo, justificando que “no hay otra posibilidad que la de aceptar”. Una negociación elemental y viable del Mercosur con la UE debería partir de la consideración de la existencia de condiciones y ventajas asimétricas entra ambos bloques. Para los analistas de la Fundación para la Integración Latinoamericana (Fila), una estrategia básica de negociación debería en forma transparente contemplar al menos:

a) La extensión de la liberalización comercial: Debería realizarse un análisis serio y transparente – no solo entre negociadores que poco conocen y/o no consultan las realidades y actores sectoriales o regionales- para evaluar los eventuales impactos de una mayor apertura de importaciones europeas.

Podría plantearse como alternativa una negociación en etapas y, en tanto se presenta como “acuerdo de cooperación económica”, vincular cada una de ellas al logro de ciertas metas prefijadas de desarrollo económico (aumento PBI per cápita, desarrollo industrial regional o social, aspectos del Índice de Desarrollo Humano de Naciones Unidas), con cláusulas de suspensión de ventajas de no cumplirse las mismas.

Aun si los negociadores europeos plantearan que no les sería posible aceptar el condicionamiento a indicadores que no pudieran ser controlados por Europa, se podrían vincular las concesiones mutuas a metas relacionadas con la participación de mercado de las exportaciones del Mercosur (productos con valor agregado, diversificación productiva).

Una metodología con metas acordadas para el desarrollo, que fueran más allá de salvaguardas temporales, permitiría: i) de producirse crisis de balanza de pagos u otras dificultades económicas que llevara a la caída de la actividad económica, pudieran revertirse legalmente y renegociar las concesiones, ii) ahondar el compromiso de bregar en forma permanente por el desarrollo mutuo y armónico de vínculos de cooperación y complementación.

b) Exigir un análisis consistente y responsable específico por productos y sector de la aplicación del Sistema Generalizado de Preferencias (SGP) por parte de la UE, interpretando que el cambio de criterios y la eliminación de su aplicación en las importaciones de casi todos los países del Mercosur desde 2014, es un factor distorsivo y/o condicionante indirecto al clima de armonía no extorsivo que requieren negociaciones internacionales con un horizonte de largo plazo.

c) Acotar las metas para alcanzar resultados viables, consistentes y mutuamente beneficiosos Teniendo en cuenta que, tal como ocurre en general con los mal llamados tratados de libre comercio (TLC), la mayor parte de los capítulos de la negociación Mercosur-UE no son de carácter comercial sino se vinculan a un amplio espectro de temas estratégicos (compras públicas, propiedad intelectual , servicios financieros, telecomunicaciones, transporte marítimo, competencia, entre otros), deben plantearse prioridades claras y alcanzables de negociación.

Por ejemplo, comenzar por los aspectos comerciales, pero sin temer la inclusión en una agenda efectiva otros temas que no deben ser marginados por su incidencia también hoy central en las relaciones comerciales y económicas intrarregionales como ser el movimiento de personas, la complementación educativa e industrial y los programas de cooperación en investigación y desarrollo.

Tal como señalara el ex secretario general de la Cancillería de Brasil, Samuel Pinheiro Guimarães, al realizar un análisis de las condiciones y efectos que podrían derivar en particular para Brasil un mal acuerdo con la Unión Europea , podría ser el inicio del fin del Mercosur, y el fin de la posibilidad de desarrollo autónomo y soberano brasileño y del objetivo estratégico de Brasil de construir un bloque económico y político de América del Sur , próspero, democrático y soberano. Una preocupación que debiera ser común a todos los países del Mercosur.

Los europeos han sido muy inteligentes en presentar este acuerdo como distinto a ALCA que quería imponer Estados Unidos y que fue derrotado en 2005, aunque sus condiciones y exigencias serían aun mucho más severas.
Asimismo, contribuye a la desconcierto por esta negociación históricamente regresiva, el hecho que la mayor parte de las organizaciones y movimientos anti-globalizadores (muchos de ellos con apoyo de fondos públicos europeos o de partidos políticos que apoyan el acuerdo) invisibilizan este acuerdo y concentran en la actualidad su atención solo en la próxima Conferencia Ministerial de la OMC en Buenos Aires a principios de diciembre.

(*)Periodista y sociólogo uruguayo, asociado al Centro Latinomericano de Análisis Estratégico (CLAE, www.estrategia.la)