La “reparación” del sistema cambiario de Venezuela: ¿por qué?, ¿para quién? – Por C. Della Croce

No hay duda que siempre es necesario debatir la política cambiaria – incluyendo la cotización del bolívar- en el mismo nivel que debe hacerse con otras políticas (sociales, productivas, tributarias, entre otras), y enormes desafíos como la inflación. Pero el debate se hace difícil por la continua descalificación de quienes no se suman al coro neoliberal, mientras desde los centros de poder del capital financiero (y sus repetidores locales) se presiona para terminar con el proyecto bolivariano.

Las modificaciones cambiarias nunca son neutras. Toda política y acción debe responder para qué y para quién. Por ejemplo, sostener precios de productos de primera necesidad que requiere la mayor parte del pueblo que no negocia divisas, poner más divisas a disposición de los mercados financieros, recomponer reservas del Banco Central, sustituir importaciones, impulsar la modernización y ampliación productiva interna, facilitando las importaciones de bienes de capital e insumos… ¿Por qué? ¿Para qué?

Lo que llama la atención es la sintonía del economista estadounidense Mark Weisbrot con lo sostenido por los asesores socialdemócratas franceses del gobierno de Nicolás Maduro. (1) Weisbrot confunde el debate al referir el control cambiario como sinónimo de cotización fija y, llamativamente, valora al mismo tiempo la desregulación por su “rendimiento mucho mejor” -sin referir para quién- denominándola con el eufemismo de “flotante gestionado” . Fuertes devaluaciones han llevado históricamente siempre a mayor regresión social y económica.

Lo cierto es que el FMI y los economistas neoliberales no tienen ningún principio en relación a la defensa de un cambio fijo, pero si lo tienen respecto a la liberalización cambiaria. En su recetario incluyen tanto la fijación como la devaluación de acuerdo a las circunstancias, pero siempre priorizando intereses de “inversores extranjeros y prestamistas”.

En un momento lo hacen para garantizar en el ingreso su rentabilidad local – estabilidad cambiaria- y en otros de mayor incertidumbre, tal como ocurre hoy en Venezuela, para permitir la salida/fuga de capitales. Puede notarse lo mismo en relación a los tres países que menciona Weisbrot: Argentina, Brasil y Rusia, pero también en relación Bolivia .

Lo que está en juego hoy en Venezuela con la “reparación cambiaria ” no es una perspectiva económica/productiva estratégica -un debate sin duda pendiente en relación a la matriz productiva y los precios relativos de la economía venezolana- sino simplemente la rapiña de los ingresos petroleros estatales (ingreso central, permanente para el país) , avalando en lo inmediato la fuga de capitales, tras aceptar presiones de la banca y sus aliados para volcar más dólares al SICAD II, negociados en forma poco transparente.

La carestía, la especulación y el desabastecimiento no se combaten con mayor liberalización, sino con el cumplimiento de la ley y el combate a la corrupción (hablamos de sobre facturación de importaciones, fuga de divisas por SICAD II, falta de control fiscal, contrabando extensivo al exterior de importaciones “subsidiadas”, etc. )

Y, la consecuencia inmediata- sensible en forma cotidiana- de la desregulación creciente hacia un tipo de cambio “flotante gestionado” es ahondar el marco de carestía y desabastecimiento , y por lo tanto de incertidumbre e intranquilidad social y política para la mayor parte de la población, al retacearse divisas a cambio preferencial (oficial y SICAD I) , mientras continúa rampante la especulación , ahora protegida por la objetiva justificación de impunidad al avalarse la marcha hacia un régimen cambiario más desregulado, “flexible”.

No caben dudas que el objetivo central de Venezuela debe ser hoy la paz social. Y para ello es imprescindible, en forma prioritaria e inmediata, defender las condiciones de vida de la mayor parte de la población que no opera o especula con divisas, pero se ve dañada y provoca desasosiego por el desabastecimiento básico y la carestía no provocados por la falta de divisas sino por su desvío.

El supuesto que la desregulación y la devaluación cambiaria no dispararán aún más la inflación ya que “muchos precios ya se ven determinados por el mercado paralelo” -según Weisbrot- no sólo es ilusorio sino que es extremadamente peligroso y, en el marco actual es seguramente regresivo.

La justificación de la liberalización y unificación cambiaria en nombre de la protección de los ahorros contra la inflación parte del supuesto equivocado que la única “reserva de valor” posible siempre debe ser la moneda extranjera y debe ser afrontada directamente. Y, a la vez, abrir el debate sobre las alternativas para cuidar y fortalecer el ahorro en bolívares. Las divisas las gana el país y no deben seguir siendo prenda de la rapiña de especuladores y de la internacional del capital financiero.

¿Por qué? ¿Para quién? Mucho se habla de “transición cambiaria”, pero que no es posible seguir repitiendo este estribillo sin saber a dónde se desea marchar. Mientras, los cantos de sirena de los buitres del Bank of America-Merryll-Lynch, Lazard y la “conexión francesa” socialdemócrata y del propio Weisbrot seguirán envenenando el medio ambiente económico y financiero venezolano.

Por supuesto que es al gobierno venezolano a quien le corresponde definir las políticas económicas, por las que sigue esperando el castigado pueblo.

Nota:

http://www.ultimasnoticias.com.ve/opinion/firmas/mark-weisbrot—desconsenso-en-washington/reparando-el-sistema-cambiario-en-venezuela.aspx

*Economista argentino, miembro de la Asociación de Economía Radical

http://www.aporrea.org/ideologia/a191671.html