Un mensaje desde Cartagena – Periódico El Tiempo, Colombia

Los conceptos vertidos en esta sección no reflejan necesariamente la línea editorial de Nodal. Consideramos importante que se conozcan porque contribuyen a tener una visión integral de la región.

El conversatorio de ayer en Cartagena, alrededor del cual se congregaron importantes personalidades para hablar sobre la Tercera Vía como camino a la prosperidad económica y social, fue uno de esos eventos que merecen más de una reflexión. El motivo estriba en que la cita no solo pudo reunir a personalidades de la talla del estadounidense Bill Clinton, el británico Tony Blair, el español Felipe González, el brasileño Fernando Henrique Cardoso y el chileno Ricardo Lagos, sino que permitió un ilustrado debate de ideas que le sirven mucho a Colombia.

Como bien se ha señalado, el encuentro tenía un trasfondo ideológico, al destacar las bondades de un modo de llevar los asuntos gubernamentales que no se encasilla en los principios de la izquierda o la derecha. El promotor más destacado de la idea fue en su momento el sociólogo Anthony Giddens, que señaló que los fundamentos de la economía de mercado no tienen por qué contraponerse a los de buscar el progreso social.

Tales nociones fueron recogidas por Blair, quien las plasmó en un libro una vez concluyó su labor como primer ministro del Reino Unido. En Colombia, su gran promotor acabó siendo Juan Manuel Santos, que, igualmente, expresó hace 15 años sus ideas en un volumen que contó con un texto del líder laborista. A su manera, y después de triunfar en las elecciones de junio, el inquilino de la Casa de Nariño quiso establecer que sus planteamientos se apartan de los del uribismo, tal vez como forma de imprimirle una impronta ideológica al periodo que comienza el 7 de agosto.

Pero, más allá de concentrarse en los fundamentos de la Tercera Vía, el mensaje central salido de la capital de Bolívar tuvo que ver con la importancia de la paz para Colombia, ante lo que hubo duda en calificarse como una posibilidad histórica. De manera unánime, los diferentes líderes dejaron claro que hay una gran expectativa en el planeta en torno a la marcha de las conversaciones que se llevan a cabo con las Farc y las oportunidades que se abrirían tras la firma de un acuerdo.

Igualmente, se reconocieron las recompensas posibles, consistentes en una tasa de crecimiento económico más elevada, que permitiría, a su vez, una mayor movilidad social, y concretar, más temprano que tarde, el propósito de tener un sistema educativo que garantice una enseñanza de buena calidad y una salud que funcione, al igual que una justicia que opere con eficiencia.

Nadie, por supuesto, señaló que el camino que queda sea sencillo. Tanto los temas aún por negociar como las etapas que vienen serán difíciles y exigirán mucha dedicación para que no regrese la época de las frustraciones. Asuntos que han sido objeto de polémicas en el país y que pasan por los derechos de las víctimas, el rol de la justicia o la participación en política de la guerrilla fueron tocados haciendo referencia a lo ocurrido en latitudes distintas de la nuestra.

Aparte de la importancia de esas experiencias, también se dijo que cada caso es único y debe adaptarse a las realidades locales. Pero lo destacable es constatar que la comunidad internacional no es en absoluto indiferente a la marcha de un proceso en el cual Colombia, asimismo, está trazando su propia vía. Tal como dijo Ricardo Lagos: “Ustedes no tienen derecho a fracasar”. Y esa admonición es válida no solo para el Gobierno o la sociedad colombiana, sino especialmente para las Farc, que deben entender la responsabilidad que tienen para concluir un conflicto que tanto dolor ha sembrado.

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