Y, ¿dónde está la Nueva Mayoría? – Por Orlando Cisterna Oyarzun (especial para Nodal)

Los conceptos vertidos en esta sección no reflejan necesariamente la línea editorial de Nodal. Consideramos importante que se conozcan porque contribuyen a tener una visión integral de la región.

Luego de una necesaria instalación, luna de miel política, de este segundo lapso de Michelle Bachelet en la presidencia de Chile, el tiempo de los grandes proyectos reformistas ha llegado.

La Nueva Mayoría, la coalición en el poder, logró aunar fuerzas políticas de centro-izquierda pertenecientes a la vieja Concertación, junto con la izquierda parlamentaria representada en el Partido Comunista, la Izquierda Ciudadana, el Movimiento al socialismo, e independientes.

Se suponía que la gran fortaleza del liderazgo de la Presidenta se basaba en la construcción de mayorías parlamentarias, lo cual se había logrado en la última elección de diciembre pasado, en ambas cámaras (Senadores y Diputados).

Sin embargo, en pleno debate para generar una reforma tributaria, necesaria para los principales proyectos del gobierno (Reforma en educación y salud), se genera un acuerdo a puertas cerradas a la ciudadanía y al propio parlamento, entre la oposición, la Democracia Cristiana y el empresariado. Este acuerdo, firmando en la casa del tecnócrata derechista Juan Andrés Fontaine, era la consumación del cambio a un paupérrimo proyecto original, el cual dañaba tanto a la pequeña y media empresa, como a la ciudadanía de clase media. Según el Senador Andrés Zaldivar, miembro de la DC y gestor de este pacto “Existen acuerdos que se deben hacer a espaldas del parlamento, con pocos miembros, para así mantener el respeto a las instituciones”

Una contradicción, si recurrimos a la frase que la propia presidenta usó durante su campaña de reelección. “Quiero desarrollar un gobierno ciudadano, escuchando a la gente y sus demandas sociales.”. Lo que sorprende es que los grandes defraudados por este acuerdo son precisamente los sectores que se integraron a la Concertación, hoy Nueva Mayoría, al gobierno. Específicamente, el ninguneo sufrido por la bancada comunista es brutal. No fueron convocados a ninguna reunión para sellar este acuerdo, y se les paso a llevar en el elemento clave de esta reforma, y que era parte de los acuerdos para firmar el apoyo a la candidatura de Bachelet el 2013: La eliminación del FUT (Fondo de utilidades tributarias) y el desarrollo de un Royalty minero en vías a una renacionalización de los recursos naturales de nuestro país.

Todos elementos lanzados al tacho de la basura para respetar la “institucionalidad económica” de Chile. Ante esto, los sectores progresistas de la Nueva Mayoria se enfrentan a un hecho clave para el éxito o fracaso de la segunda gestión de Michelle Bachelet en el poder, y es que deberán definir el apoyo o no a estos proyectos cerrados a cuatro paredes, respetando el pacto político de la Nueva Mayoria, o se alzan contra sus compañeros de bancada y respetan el programa de gobierno original de la mandataria, rechazando estos acuerdos “ de la vieja política de consensos”.

Para variar, Bachelet mantiene su silencio (Positivo para la oposición y la vieja Concertación) ante las preguntas urgentes que surgen tras este acuerdo. El beneplácito generado a favor del consenso para aprobar la reforma tributaria es un síntoma de un gobierno que, a solo cinco meses

de su instalación, demuestra huellas de fisuras en su interior. Quizás, como dijo el propio ministro de educación Nicolás Eyzaguirre “No haremos una reforma con propuestas de la calle”. Ante esto, la pregunta que surge es ¿Donde esta la Nueva Mayoría? Al parecer, la retroexcavadora del presidente del PPD Jaime Quintana, uno de los firmantes de este acuerdo, pasó por ésta. Y ojo, estos son solos los primeros cinco meses del segundo tiempo de Bachelet en el poder. Veremos si la política de los consensos regresa al poder o el ala progresista de la terminal Nueva Mayoría logra inyectar adrenalina a este corazón agónico.