Guerra económica y límites del capitalismo (Venezuela) – Por Rodrigo Alonso

Los conceptos vertidos en esta sección no reflejan necesariamente la línea editorial de Nodal. Consideramos importante que se conozcan porque contribuyen a tener una visión integral de la región.

UNO.
La economía se ha posicionado como el principal frente de lucha al que se enfrenta la Revolución Bolivariana. Así lo ha hecho ver la dirección de la revolución, así también es percibido por la base social del chavismo y el pueblo en general. Tal parece que estamos ante una batalla decisiva cuyo resultado determinará en gran medida el curso histórico en Venezuela.
La burguesía ha desplegado de forma constante toda su capacidad de desestabilización de la economía venezolana que le permite el control que aún mantiene de gran parte de las áreas estratégicas de la economía y del producto social. Lo que acertadamente se ha denominado por parte del gobierno como “guerra económica”, no es otra cosa que las acciones de los capitalistas por apropiarse crecientemente del producto social al mismo tiempo que apuestan por el descalabro económico como movimiento estratégico para modificar la correlación de fuerzas a su favor en el terreno político.

Hasta ahora el bloque popular viene desarrollando una desgastante guerra contra el contrabando, el bachaqueo y por el control de los precios. Esto implica que se ha venido desarrollando en lo fundamental una respuesta de carácter táctico y defensivo a la guerra económica de la burguesía. Por el momento el eje principal de respuesta gubernamental ha sido el envío de la “infantería liviana” para contener daños.

La gravedad de la situación impone la necesidad poner en juego medidas de envergadura para llegar a las posiciones estratégicas desde las cuales la burguesía alimenta su guerra económica. Sumar a la infantería el uso de piezas de artillería; romper el cerco y pasar a la ofensiva complementando las medidas ya tomadas con acciones estratégicas que afecten los verdaderos intereses y espacios de poder detrás de la guerra económica. En concreto, se trata de avanzar en el control del excedente social y la renta petrolera por medio de la toma de posiciones estratégicas en lo que hace al comercio exterior, fundamentalmente las importaciones, y en el sistema financiero, fundamentalmente en lo que hace al manejo de las divisas. El objetivo central de este movimiento debe ser impedir la continuidad del uso antinacional de las divisas (fuga de capitales, fraude con importaciones, importaciones suntuarias, entre otros) y garantizar el uso productivo del excedente económico local. El faro que orienta estas medidas es el cumplimiento del Objetivo Nacional 1.3 del Plan de la Patria: Garantizar el manejo soberano del ingreso nacional. Se trata en definitiva de aumentar la soberanía sobre el proceso económico y ganarle terreno al capital en su capacidad de regular el metabolismo social. Nada menos.

DOS.
La derecha está ganando terreno en la atmósfera interpretativa de lo que sucede con la economía venezolana. Básicamente presenta a la actual situación como un problema de política económica poniendo foco en la crítica en el manejo de la política cambiaria y de control de precios. Su apuesta pasa por lograr la síntesis de que ha fracasado el “modelo económico del chavismo”. Por otro lado hay voces que sitúan el problema en errores de gestión, ineficiencia o abandonos de legados.

Ni una cosa ni la otra. Ni se trata de un problema de política económica, ni se trata de un problema de ineficiencia (por más que pueda haber problemas en ambos planos, como ocurre en cualquier parte del mundo).

El ciclo de desajustes económicos (inflación por encima del 50%, diferencial cambiario, baja del PIB) que se abre a fines de 2012 con el despegue creciente del tipo de cambio paralelo tiene un componente de guerra económica inducida y otro, más relevante aún, de agotamiento de la capacidad del capitalismo venezolano para continuar sosteniendo el equilibrio distributivo entre las clases. En lo fundamental, este agotamiento está relacionado con un achicamiento relativo de la renta petrolera (las necesidades de la economía venezolana crecen en mayor medida que las exportaciones petroleras), lo que ahora se agrava con un achicamiento absoluto producto de la baja en el precio del barril de petróleo.

La actual situación da cuenta de que la renta ya no es suficiente para continuar importando bienes salarios baratos producidos a gran escala y con alta productividad, insumos para la producción, bienes suntuarios para la canasta de consumo de la burguesía, al mismo tiempo que se exportan dólares a Miami y otros destinos y se cumple con los pagos al capital financiero internacional. A algunos de estos rubros será necesario afectar para retomar el equilibrio de la moneda, hasta ahora han sido las importaciones.

La economía venezolana es de las pocas economías latinoamericanas que cuenta con un sistemático superávit de balanza comercial y cuenta corriente y paradójicamente es la que tiene un mayor problema de restricción externa y presión devaluatoria. La causa inmediata hay que buscarla en el hecho de que el segundo rubro de exportación en Venezuela después del petróleo son los dólares: en los últimos 15 años la economía venezolana ha acumulado por lo bajo una fuga de divisas de US$150.000 millones, casi dos años completos de exportaciones. ¿Cómo es esto posible cuándo es el Estado el que controla la mayor parte de la oferta de divisas de la economía? Porque la burguesía aún controla gran parte de las áreas centrales y del excedente económico y por medio de estas posiciones estratégicas consigue apropiarse de parte de la renta petrolera y vulnerar los diferentes controles estatales.

En el control de la renta petrolera, pero antes, en el control del excedente nacional y áreas claves de la economía como las importaciones y la banca, está el nudo central de la actual situación económica y por tanto de las posibilidades de su resolución. Esas son las colinas estratégicas que definirán el resultado de la guerra económica en curso.

TRES.
Hasta ahora el endeudamiento, el déficit fiscal y los altos precios del petróleo han operado como mecanismos que permitían diferir las contradicciones. La baja en el precio del barril y las dificultades crecientes para acceder a financiamiento externo hacen que no sea posible continuar postergando el conflicto distributivo por estas vías.

La “revolución productiva”, si bien es un eje estratégico fundamental, es una tarea esencialmente de largo plazo y solo será posible si se ponen en tensión todos los recursos nacionales para tal fin. De continuar con gran parte de la economía bajo control burgués y de tener que destinar recursos para el consumo suntuario de esta clase, no será posible transitar el camino hacia un nuevo orden económico. La superación del actual equilibrio de clases es condición necesaria para la modificación de la matriz productiva.

Los caminos se bifurcan y se instala una encrucijada: darle continuidad al clásico ajuste de los capitalismos periféricos cuando se reduce la renta que perciben del mercado mundial o avanzar a posiciones estratégicas de la economía y forzar una salida popular que reafirme el rumbo socialista de la revolución. Ante este escenario, el desafío puntual de las fuerzas revolucionarias es la diagramación de una estrategia y un plan que concretice un proceso de estabilización económica con recuperación del poder adquisitivo popular y avance socializante sobre áreas claves de la economía. No es una tarea sencilla y su éxito se dirimirá en el terreno de la política en función de la correlación de fuerzas.

Hoy el chavismo requiere de su mayor potencia política para la toma de colinas estratégicas que modifiquen el actual equilibrio de fuerzas, pero al mismo tiempo se encuentra en un momento de relativa debilidad política luego de dos años de guerra económica. En esa contradicción vivimos. En los últimos meses de 2014 pareciera que se ha afirmado el liderazgo de Maduro, realineado el bloque popular y retomado la iniciativa política; todo indica que 2015 será un año de definiciones.

El socialismo no es una noble idea a la que nos hacemos adeptos luego de leer un libro; es una necesidad de nuestras circunstancias históricas. Tal parece que hoy en Venezuela las circunstancias obligan a una profundización del rumbo socialista, de lo contrario se puede dar la terrible paradoja de fracasar gestionando un capitalismo moribundo y pasar a la historia como el fracaso del primer intento socialista del Siglo XXI.

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