Un tsunami electoral – Diario El Espectador, Colombia

Los conceptos vertidos en esta sección no reflejan necesariamente la línea editorial de Nodal. Consideramos importante que se conozcan porque contribuyen a tener una visión integral de la región.

La oposición venezolana escribió una página histórica al doblar al chavismo en el número de curules obtenidas en la Asamblea Nacional. No lo esperaba. Luego de 17 años de dominio parlamentario y de control absoluto de los órganos de poder, el oficialismo sufrió una apabullante derrota como pase de factura de una sociedad hastiada del mal manejo gubernamental. Así como se le reconoce al presidente Nicolás Maduro el haber aceptado el triunfo opositor, se espera que a partir de enero promueva el diálogo político. Se impone la sensatez y el país así lo reclama.

La nueva Asamblea Nacional, conformada por 167 escaños, tendrá no sólo la mayoría simple de 84, la mayoría calificada de las tres quintas partes, 101, sino que están por definirse dos curules que podrían darle la mayoría de las dos terceras partes, es decir 112 diputados. El tema es de fondo. No se trata tan sólo de la diferencia de ganar por el mínimo marcador o por goleada, en este caso casi dos millones de votos de diferencia. La Constitución prevé distintas facultades para la Asamblea de acuerdo al número de votos que se necesiten para aprobar ciertas medidas de gran calado. Entre ellas la de convocar a partir del año entrante un referendo revocatorio contra el presidente Maduro. De esta definición dependerán decisiones esenciales a corto y mediano plazo.

Así las cosas la oposición, aglutinada alrededor de la Mesa de Unidad Democrática, MUD, afianza la vía electoral como único camino frente al oficialismo. Ni en sus mejores escenarios previeron un resultado de esta magnitud. Superar el oprobioso ventajismo chavista fue un proceso desgastante. Debieron aguantar el encarcelamiento de sus líderes, denunciar fraudes, sufrir la violencia política, contemplar la campaña contra los medios de comunicación opositores, ser señalados como los responsables de todos los males del país y muchas cosas más. Con todos estos hechos en contra es que la titánica lucha concluye en este primer capítulo con un saldo holgado a su favor. Sin embargo deberá actuar, como lo dijera Henrique Capriles Radonzky, con “humildad, madurez y mucha serenidad”. Sus divisiones internas son muy fuertes y de ahí el llamado a la razón.

Del lado del Gobierno la crisis es inevitable. El chavismo vive su peor momento desde que Hugo Chávez asumiera el poder en 1999. Las tensiones entre el sector de Nicolás Maduro y el de Diosdado Cabello, quien sale de la presidencia de la Asamblea, van a aflorar con mayor fuerza desde ahora. La debacle se le va a adjudicar al pésimo manejo que se ha hecho desde el Palacio de Miraflores y, por más discursos populistas para responsabilizar a la “guerra económica” contra el socialismo del siglo XXI, la pelea interna será como para alquilar balcón. Algunos analistas especulan sobre la posibilidad de una eventual renuncia de Maduro, a mediano plazo, pues dentro del Partido Socialista Unido de Venezuela, PSUV, preferirían entregar su cabeza antes que medirse en un revocatorio que en este momento ganaría sobrada la oposición.

A lo anterior hay que sumar el papel jugado por las Fuerzas Armadas Bolivarianas, consideras hasta ahora como un apéndice del Gobierno. El domingo en la noche, y dada la demora en conocerse el primer boletín con resultados de manera inusual el ministro de Defensa, general Vladimir Padrino López, salió por los medios a pedir calma. Para los conocedores es una muestra de que ante la debilidad evidente del Gobierno los militares asumen el papel de garantes de la democracia y exigieron el respeto por la decisión popular.

Es de esperar que así como desde el domingo ha prevalecido un ambiente general de tranquilidad, en medio de la demora por conocer el resultado final, el siguiente paso sea abrir la puerta al inaplazable diálogo, no sólo político, sino entre todos los actores públicos, privados y sociedad civil en Venezuela. Está en juego el futuro del país ante la grave crisis que se vive y la salida les compete a todos.

El Espectador