Ecuador: Lenín llega al poder por los votos – Por Eloy Osvaldo Proaño (especial para Nodal)

La ajustada victoria obtenida por Alianza País y su candidato Lenin Moreno en la segunda vuelta electoral en Ecuador evitó el salto al vacío, al estilo argentino, un retroceso a las peores épocas del país. Pero lo que no pudo evitar, a pesar de la transparencia de los resultados, es la misma respuesta de las derechas derrotadas, reclamando un fraude electoral, incluso desde antes del acto comicial.

El libreto es el mismo que en Venezuela por ejemplo. Si no ganan –por falta de votos- denuncian fraude, tratan de enlodar los procesos, de desestabilizar el país, con el apoyo del gran aparato del terror mediático de la prensa hegemónica nacional e internacional, que trata permanentemente de imponer los imaginarios colectivos denostadores de la figura del dos veces presidente Rafael Correa y del ventajismo y fraude del oficialismo.

¡Fraude, fraude!, era el grito de los partidarios de Lasso, de la coalición CREO-Suma , frente al Consejo Nacional Electoral la noche del domingo, mientras del otro lado, a unas cuatro cuadras, cientos de personas que apoyan a Moreno bailaban y cantaban: ¡Sufre, Lasso, sufre!, ¡Llora, banquero, llora!

El guión oficialista se basó en los avances logrados en la vida social durante diez años bajo el liderazgo de Correa; y en la figura del banquero Guillermo Lasso, corresponsable de la megacrisis económica y financiera de 1999 ( el llamado feriado bancario, que los jóvenes no conocieron, aunque la siguen padeciendo). Dos millones de ecuatorianos que emigraron entonces para esquivar el desastre y hoy votan desde el extranjero y miran los resultados por televisión.

Lasso era un candidato de derecha, muy emblemático: miembro del Opus Dei, fue superministro en el gobierno del desastre financiero de Jamil Mahuad, un banquero experto en quiebras que pagó el Estado, adalid de la dolarización. Pero significaba también el retorno al pasado y no una apuesta al futuro, como podría haber sido un candidato más joven, sin tanto prontuario. Pese a eso logró casi 49% de los votos, y por ello hay que tener en cuenta la gran polarización, que ya se había visto en la primera vuelta, en la que la derecha no logró presentar un candidato único.

Mostró en la campaña todo el repertorio neoliberal: mayores márgenes de autonomía de las fuerzas del mercado, reducción del gasto público, privatización de la salud y la educación, baja de impuestos para los grandes capitales, en lo que llamó el fin del “populismo económico”. Prometió crear un millón de nuevos empleos en cuatro años, sin decir cómo, y también amenazó con cerrar la sede de Unasur en la mitad del mundo, entregar a Julián Assange a los británicos y abdicar de la Unasur, del Alba, de la Celac, para reforzar la OEA. El pueblo le dijo no: la derecha no cruzó el Ecuador.

Una victoria de Lasso hubiera reforzado la derecha regional y modificado el mapa sociopolítico sudamericano, fortaleciendo las políticas de los gobiernos de Argentina (surgido por los votos) y Brasil (salido de un golpe parlamentario-judicial-policial), cabezas del actual retroceso político. Lo del “fin del ciclo progresista” sigue siendo una consigna de escribas y opinadores (de derecha, de izquierda y ni tanto), sin incidencia en la voluntad de los pueblos.

En primera vuelta, Alianza PAÍS ya había logrado la mayoría absoluta de los diputados a la Asamblea Nacional, lo que limita las posibilidades de desestabilización institucional por parte de la derecha. Además, la mayoría de la ciudadanía aprobó la propuesta del gobierno de prohibir que los altos funcionarios y gobernantes tener sus dineros invertidos en paraísos fiscales.

Puede entenderse que existan muy justificadas críticas al correísmo desde la izquierda y el progresismo por sus virajes, autoritarismo, pedantería, incoherencias, entre otras cosas, pero de ninguna manera la contienda era entre “dos derechas” como manifestaron algunos dirigentes e ideologos progresistas y sociales, algunos de ellos desprendidos de PAÍS, con apetencias personales pero sin respaldo popular..

En la primera vuelta el candidato “progresista” Paco Moncayo alcanzó apenas el 6,71% de los votos, en una votación que mostró una polarización muy grande. Para la izquierda, históricamente, siempre ha estado presente el dilema de qué posición tomar ante procesos políticos que surgieron con apoyo y hasta cierto protagonismo popular, y van deteriorándose, desmoralizando y virando en forma regresiva ante un cambio de escenario.

Parte de la llamada izquierda optó por votar al enemigo, otro llamó a ser prescindentes, pero no desde una posición pública clara, indicando razones y condiciones. La historia dirá si Moreno marcha también a plantear ajustes muy regresivos en su gestión, como adelantaran. Sin duda, con el gobierno de PAÍS la izquierda y los movimientos sociales podrán encontrarse en mejores condiciones políticas no solo para enfrentar la ofensiva que se viene, sino también para superar el círculo vicioso de recurrentes frustraciones.

Correa, después de 10 años de gobierno, lo entregará el 24 de mayo próximo a Moreno (un Lenin que llega al poder por los votos), de 64 años, quien fuera su vicepresidente en la primera gestión, y que prometió: “vamos a seguir construyendo el camino, se ha hecho mucho, pero nos toca la tarea que falta por hacer”.

La victoria fue ajustada, pero eso no cuenta de aquí en más. Una de las tareas más importantes de Moreno será reconstruir el entramado con los movimientos sociales.

(*) Analista e investigador del Centro Latinoamericano de Análisis Estratégico (CLAE).