Brasil: los militares y la opción neoliberal – Por Ernesto López , especial para Nodal

No deja de sorprender que el Ejército de Brasil acompañe –desde una autoimpuesta función tutelar sobre el sistema político anunciada en septiembre por el general Antonio Mourão- una reconversión neoliberal de la economía del país. Es un proceso en curso, lo que significa que nada está definitivamente consolidado aun y puede ser eventualmente revertido. Pero desde el inicio de la gestión de Michel Temer los vientos no han cesado de soplar en ese sentido. Puede consignarse, a modo de ejemplo y entre otros posibles,el propósito de autorizar la explotación de petróleo off shore – el llamado presal-a empresas internacionales (privadas); el intento de abrir la Amazonia también a empresas privadas locales o extrajeras para la explotación de minerales, con riesgo incluso de producir un descalabro ambiental; esto ha sido frenado por un juez de primera instancia pero permanece como un asunto pendiente. Finalmente, el apuro por sellar un acuerdo de libre comercio entre el Mercosur y la Unión Europea sobre el que abunda información periodística que indica que Brasil estaría concediendo a la parte europea mucho más de lo que le había sido ofrecido en tiempos de los gobiernos del Partido de los Trabajadores. Cabe aclarar que en este último caso deben opinar también los otros países mercosureños, entre ellos Argentina que parece estar tan predispuesta como la administración Temer a abatir los aranceles comunes y adentrarse en un régimen de regionalismo abierto.

Precisa y paradojalmente, la Amazonia y el presal –al que se apodó también la Amazonia Azul, en un apropiado juego de palabras- han sido las dos cuestiones estratégicas más importantes de Brasil desde el punto de vista territorial de los últimos 15 a 20 años, que han ordenado el ciclo de planeamiento en defensa, las orientaciones en materia de producción y/o compra de material bélico, la doctrina y el adiestramiento de las fuerzas, entre otros importantes asuntos.

Sorprende la mudanza militar respecto de las orientaciones económicas del Estado. Hace 53 años la flamante dictadura castrense, cuyo primer presidente fue el Mariscal Humberto Castello Branco, puso en marcha el I Plan Nacional de Desarrollo que fue continuado por un segundo Plan. Se dio especial énfasis a la sustitución de importaciones industriales y se le otorgó prioridad al desenvolvimiento de la industria de base (especialmente la siderurgia y la petroquímica) tanto como al de la energía eléctrica. En la primera fase de este proceso de desarrollo tuvo lugar el llamado “milagro brasileño”, que se cerró hacia 1973 en coincidencia con la crisis internacional del petróleo y el incremento del precio de los hidrocarburos.Pese a las dificultades y ya con el General Ernesto Geisel en la presidencia, el rumbo se mantuvo: se sostuvo el desarrollo del Plan Nuclear, que se había iniciado en 1972, así como la construcción de la represa de Itaipú, que había comenzado en 1973. Creció asimismo la industria automotriz y la de bienes industriales durables, y comenzó su despegue la industria militar brasileña.

Los uniformados acompañaron también las vicisitudes y los logros del trayecto democrático posterior, sin apartarse de esta concepción general industrialista que en su último tramo incluyó en los planos económico y estratégico la incorporación brasileña al grupo BRICS. Hace muy poco nomás, Brasil buscaba proyectarse a escala internacional como global player y procuraba ampliar sus márgenes de autonomía estratégica.

El giro propiciado por Temer no abona esta larga singladura previa. Más bien empuja hacia una reperiferización de Brasil, que parece ligada a la módica búsqueda de un sitial de privilegio en la jerarquía de la subordinación a la gran potencia del norte.

En este contexto, los uniformados parecen decididos a acomodarse dentro de esta nueva matriz económica sin resignar su papel políticamente tutelar. Nada está escrito sobre piedra aun. Deberá haber elecciones generales en octubre del año que viene, que podrían arrojar un resultado no favorable a la opción que se viene desarrollando en este tiempo. Podría asimismo suceder –aunque no es muy probable- que surgieran desavenencias entre los uniformados. E incluso cabe la posibilidad –aunque remota- de que Temer se vea obligado a abandonar el poder. Como quiera que sea el porvenir cercano, esta deriva neoliberal castrense es hoy perfectamente perceptible.

(*) Sociólogo. Ex embajador en Haití, Guatemala y Belice