Alejandro Solalinde, sacerdote mexicano: “La violencia ha sido el toque más dramático de esta contienda electoral”

Entrevista a Alejandro Solalinde, sacerdote católico mexicano y reconocido defensor de los derechos de los migrantes

 

Por Gabriel Montoya, especial para NODAL

Durante el proceso electoral que el 1 de julio definirá quién será el sucesor de Enrique Peña Nieto como presidente de México, se han cometido centenares de asesinatos y el principal blanco de esos crímenes son los políticos, los periodistas y los sacerdotes. En referencia a éstos últimos, el padre Alejandro Solalinde, director del albergue de migrantes “Hermanos del Camino” ubicado en la ciudad de Ixtepec del estado mexicano de Oaxaca, realiza una lectura política sobre el asesinato de los religiosos durante los últimos meses. Solalinde, quién ha vivido el exilio como consecuencia de las amenazas recibidas por parte del crimen organizado por defender los derechos de los migrantes, también analiza en esta entrevista con NODAL el rol que ha jugado la violencia en este proceso electoral y la participación de los feligreses en las próximas elecciones.

¿A qué atribuye que en los últimos años los sacerdotes y religiosos se hayan vuelto un blanco creciente de los atentados en México?

Los sacerdotes se han vuelto un blanco de la violencia y del crimen en México por varios factores. El primero, que es muy claro, es porque los criminales ya han perdido el sentido de lo sacro, de lo religioso. Se han secularizado y ya no les importa ejercer la violencia contra otros sectores de la sociedad o contra estos sectores que antes eran sagrados e intocables. Por otro lado también es cierto que los sacerdotes son los que ofrecen menos resistencia. Somos los más vulnerables porque nosotros no estamos armados y somos gente pacífica. La otra causa, que es la que más me preocupa, es porque todavía los sacerdotes somos generadores de conciencia y entonces nosotros tratamos de despertar a la gente, de hacerle ver otra realidad. Todo esto aunado a que la mayoría de los sacerdotes que han sufrido de la violencia del crimen organizado hemos trabajado con sectores vulnerables. Hemos trabajado con los estratos sociales más bajos, con los indígenas, con los campesinos, con los migrantes, con la gente más pobre. Por eso creo que somos los que más estorbamos. En mi caso ha sido claro, yo he estorbado al crimen organizado al impedir la comercialización ilícita de la vida humana de los migrantes. Por impedir ese tipo de cosas hemos recibido tanta violencia. A algunos los han asesinado y otros, a pesar de todo lo que hemos pasado, aun estamos vivos. Por otra parte, los sacerdotes somos personas mejor informadas, más conscientes y por esto podemos tener una actitud más crítica ante el Gobierno, ante la corrupción. Los sacerdotes estamos a dos fuegos: entre el crimen organizado y el crimen autorizado.

¿De qué manera los fieles participan y se ven interpelados en la campaña electoral donde está en juego más de 3 mil cargos en todo México?

Es todo un tema el de la participación de las feligresías en los procesos electorales porque todavía prevalece en gran parte de ella el divorcio entre la fe y la vida, entre la fe y la política, entre la fe y la economía, entre la fe y la cultura. Pareciera que la política nada tiene que ver con la fe, como si fueran dos cosas que deben separarse, que no se puede mezclar. En el templo estaría la fe, la religión y allá afuera la política. Al mismo tiempo, la política no goza de buena salud y de buen prestigio en México. La gente asocia política, con política de partidos y política corrupta. En México decir política es hablar de corrupción, por eso es que los fieles dicen que no se puede mezclar la fe con la política. Eso se da porque no han tenido la educación para entenderla como el bien común. Podría decir que buena parte de las feligresías es analfabeta política porque no tiene referencias críticas, analíticas, liberadoras, confiables. Así las feligresías no tienen una visión de quién decide en México y por qué. A la gente le falta más criterio, más sentido crítico para analizar la estructura de participación y las decisiones en el país. Los gobiernos que hemos tenido han sido autoritarios, a veces paternalistas, pero siempre han sustituido de alguna manera la consciencia, la libertad y las decisiones de las feligresías.

La jerarquía de la Iglesia tampoco ha sido muy clara porque, por un lado habla a veces muy en general de la obligación de participar en el proceso político y electoral. Pero por otro lado ha mandado malas señales al estar siempre del lado del poder y del gobierno de turno. Antes fue el PRI (Partido Revolucionario Institucional), después fue el PAN (Partido Acción Nacional) y ahora seguramente se vaya deslizando hacia Morena (Movimiento Regeneración Nacional) y su candidato a presidente Andrés Manuel López Obrador, que parece ser la opción puntera en las próximas elecciones del 1 de julio. Respecto a la política y la feligresía hay dos comportamientos. Las feligresías que están más apegadas a las parroquias y a la vida diocesana son las más acríticas. Van tranquilamente a más de lo mismo, no buscan el cambio y se conforman con las verdades oficiales del gobierno aunque sea muy corrupto. Pero hay otras feligresías, las que se acercan menos a las parroquias, son las que más se dan cuenta de las cosas. Tienen ellos mejores referentes, hay muchas personas que leen La Jornada, que leen la revista Proceso o que consultan o ven a la periodista Carmen Aristegui. Dan seguimiento a personas más críticas que tratan la verdad con justica. Entonces estos cristianos, los católicos y católicas que no se acercan tanto a las parroquias, son los más críticos y los que en este momento están haciendo el cambio en México.

¿Qué papel jugó la violencia en la campaña y cuáles son las similitudes en los asesinatos a candidatos?

La violencia es un azote, un flagelo que ha acompañado a México desde que estaba como presidente Felipe Calderón (2006-2012 PAN). Con su táctica irracional y torpe contra el crimen organizado desbocó la violencia y se desbordó. Hoy la violencia es ya una realidad cotidiana que se ha ensañado en este proceso electoral contra muchas personas que contendían en la gesta electoral. Tiene mucho que ver en esta violencia política tanto el crimen organizado como el crimen autorizado. Estos dos elementos ya se han vinculado. Crimen organizado y personas del gobierno se han visto unidos en la misma línea. No son pocos los funcionarios públicos, principalmente del partido oficial (PRI), que se han visto vinculados con crímenes y negocios ilícitos. Por eso algunos de los candidatos que están siendo ultimados es por venganza política del crimen organizado pero otros también han sido mandados a asesinar por personas vinculadas a la política.

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Se cree que esta presencia cínica, descarada y abierta del crimen organizado para ultimar políticos o candidatos es para mandar una señal y decirle a México y al próximo presidente que hay un poder que no se va a hacer a un lado. Ese poder ya tiene su lugar en las estructuras fácticas del país, por eso se ha vuelto más peligroso. Porque no sabes de quién cuidarte. Te estás cuidando de que venga un agente del crimen organizado de afuera y a lo mejor lo puedes tener entre tus filas, entre tus comandantes, entre la policía, entre los funcionarios o los servidores públicos. No se puede saber las implicaciones que éstos tienen. Por eso esta violencia ha sido el toque más dramático de esta contienda electoral. El crimen nos quiere decir que salga quien salga aquí hay fuerzas que van a mandar. Poderes fácticos que van a mandar. Eso es un reto para la sociedad, para poderse liberar de ellos como lo ha hecho posible la comunidad de Cherán en Michoacán. Y como lo han hecho posible en otros lugares donde, poco a poco, la sociedad organizada con actitudes muy estratégicas ha podido liberarse del crimen organizado y también del crimen autorizado corriendo a autoridades corruptas de diferentes niveles de gobierno que no solo no servían al pueblo sino que estaban robando y comprometían la vida de los propios ciudadanos.


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