¿Evo se vuelve feminista? – Página Siete, Bolivia

Los conceptos vertidos en esta sección no reflejan necesariamente la línea editorial de Nodal. Consideramos importante que se conozcan porque contribuyen a tener una visión integral de la región.

En medio de los aprestos electorales y luego de reconocer que las leyes aprobadas en favor de la mujer no fueron implementadas, el presidente Evo Morales anunció la creación de un gabinete especial para luchar contra la violencia hacia la mujer.

Lo llamativo del caso es que no se le ocurrió mejor idea  que nombrarse a sí mismo como el jefe de ese gabinete. Un hombre, cuyos dichos y hasta algunos hechos machistas son más que evidentes, dirigiendo un gabinete en favor de las mujeres es toda una paradoja, por decir lo menos.

El segundo anuncio del Presidente es la pronta constitución de un servicio plurinacional de la mujer y de la despatriarcalización. Para ponerlo corto, dijo que será una especie de defensoría de la mujer. La aún  inexistente institución fue bautizada como Ana María Romero de Campero, esa periodista íntegra que condujo la primera Defensoría del Pueblo de manera independiente.

Anamar, como llamábamos los periodistas a Romero de Campero, lamentablemente ya no está en este mundo para preguntarle su opinión sobre la institución que será creada con su nombre. Conociéndola, podríamos aventurarnos a decir que ella no estaría contenta con la sistemática violación de la Constitución para convertir a Evo en presidente vitalicio. Ella siempre fue una demócrata y hasta hizo huelga para que Gonzalo Sánchez de Lozada renunciara al cargo y, de esa manera, se frenara la masacre de bolivianos inocentes el año 2003.

Los anuncios del Presidente estuvieron enmarcados en los mensajes por el Día Internacional para la erradicación de toda forma de violencia contra la mujer y, en medio de la coyuntura política, dejaron un fuerte tufo electoral.

Es evidente que este gobierno impulsó la aprobación de leyes en favor de la mujer, pero también es cierto, tal como lo admitieron el mismo Evo y Álvaro García Linera, que éstas no se aplicaron adecuadamente. Por eso, el Jefe de Estado anunció la creación de esta nueva institucionalidad.

Lo primero que hay que decir frente a esa admisión es que este Gobierno tuvo 13 años para lograr avances reales, además de legislativos, en favor de la equidad. Pero, haciendo las sumas y saldos, la lucha por la equidad y la no violencia hacia las mujeres fue un fracaso. Si alguien duda de ello, que mire la cifra anual de feminicidios, que siempre pasa del centenar.

Por eso, resulta poco creíble que sólo ahora el Presidente exprese su interés por un tema sistemáticamente relegado y que pretenda crear nuevas instituciones, pese a que ya existen otras que no han funcionado como deberían.

No sólo que la institucionalidad se durmió en sus laureles, sino que no se asignaron los presupuestos adecuados para luchar contra la violencia hacia la mujer.

Pero, no sólo eso sino que la gestión de este Gobierno ha estado manchada por graves violaciones a los derechos de las mujeres. El diputado Henrry Cabrera, un peso pesado del MAS en Santa Cruz, fue acusado de violencia física contra su expareja, caso del que salió campante con una conciliación sin que mereciera la expulsión de su partido y menos del Legislativo. En cambio, el mismo MAS expulsó con ignominia a un diputado que se desnudó en un aeropuerto como si ese escándalo fuera peor que golpear a una mujer.

A ese caso hay que agregar la trica de diputados masistas que fueron encarcelados o perseguidos por haber violado a niñas y adolescentes.

En estos años, además, ha recrudecido el acoso político contra las mujeres que se han atrevido a dejar la cocina para hacer política. El nombre de Juana Quispe, asesinada por ejercer la función pública, aún retumba en nuestras conciencias.

Hay leyes en favor de las mujeres, hay paridad en el Legislativo como en pocos países  del mundo, pero los reales avances en favor de la equidad están todavía por verse. No basta con que el Presidente quiera lucir como un feminista, hace falta una verdadera convicción de que la mujer es igual que el varón, que merece vivir sin violencia.

Página Siete