El vestido de la Primera Mujer Prefecta en la historia de la Pichincha: Un nuevo caso de acoso a las mujeres que hacen política – Por Pamela Aguirre

Los conceptos vertidos en esta sección no reflejan necesariamente la línea editorial de Nodal. Consideramos importante que se conozcan porque contribuyen a tener una visión integral de la región.

Si bien en términos legales nuestros Estados nos garantizan igualdad de derechos y oportunidades, el predominio de lo masculino en el ámbito político latinoamericano ha dado lugar a nuevas formas de violencia además de las tradicionalmente conocidas: la violencia politica, en particular contra las mujeres. Estas se expresan de distintas formas como el acoso político y mediático, y enfocadas en su sexualidad y su feminidad. Por citar un ejemplo, en Argentina, Cristina Fernández, ex presidenta de la República y actual senadora, además de recibir cotidianamente insultos por su condición de mujer (yegua, puta, montonera) ha debido enfrentar un escrutinio constante por su manera de vestir o su apariencia. Medios como el diario La Nación o la BBC escribían de ella con expresiones tales como: “presidenta nunca repite vestuario”, “cambia su look constantemente”, “una cantidad obscena de ropa”, “para alimentar la obsesión de la presidenta, llega un avión repleto de diseños de Christian Dior”, “se cambia 5 veces al día”, etc. Ataques que resultan inconcebibles en contra de hombres.

Casos como estos no han faltado en Ecuador. El artículo “Marcela Aguiñaga debe abrir su ropero” de 4P, está repleto de expresiones burlonas como: “se desgañita gritando a la cámara de algún comedido que la filma”, “pone trompita y tono de plazuela”, “los zapatos con los que aparece cuestan más de 700 dólares”, “debería tranquilizar a sus críticos abriendo su casa y su ropero para que la gente pueda ver lo que tiene. Ah y su colección de zapatos también”. Asimismo, en más de una ocasión, mujeres políticas ecuatorianas han sido maliciosamente involucradas en redes sociales con material pornográfico o referente a su vida íntima. Para citar otro ejemplo, el expresidente Bucaram señaló que las mujeres de una cierta tendencia son “drogadictas, degeneradas, ligadas a prostitución y putería…”. Y como si no fuera poco, la actual ministra del Interior, María Paula Romo, antes de ser nombrada en este cargo, aceptó que si le dicen “Gorda, fea, despeinada está bien. Es parte del debate político”.

Todos estos, insisto, serían ataques impensables para el caso de los hombres, a ellos se les critica sobre lo sustantivo y común, pero a las mujeres que participan en política se les critica por su estética. Este conjunto de hechos, constituyen en un disuasivo para que más mujeres quieran participar en la vida pública, pero también un mecanismo de expulsión para las que ya lo hacen. Como disuasivo también resulta la anulación, el lenguaje y bromas sexistas, la invisibilización, la desvalorización, entre otras situaciones que las mujeres tenemos que superar en nuestros espacios de ejercicio político.

Esta semana se ha discutido sobre el vestido de Paola Pabón, un tema que ni siquiera debería estar en discusión, es más, no debería ni escribir estas cortas palabras sobre aquello; pero me he visto en la obligación de hacerlo pues es un tipo de violencia a su condición de mujer. Anulan que Paola en el acto de posesión como Prefecta de Pichincha pronunció un discurso impecable, lleno de esperanza, emotivo, que la ciudadanía vibraba con sus propuestas, que sus ejes de trabajo demostraron que es una mujer que conoce el territorio y sus necesidades; pero sobre todo, el libreto machista dicta, que ser la primera mujer en la historia de la provincia en asumir la Prefectura, debe ser invisibilizado, anulado o desvalorizado.

La discusión sobre su vestido va más allá. Si dejamos pasar este tipo de conductas sin ninguna reflexión, reproducimos el machismo en la política que queremos eliminar. Es así que no se ha escrito nada sobre el traje de Jaime Nebot, los zapatos de Francisco Cevallos, ni el atuendo de Jorge Yunda, nadie dijo nada de la estética de los hombres que asumieron o dejaron algún cargo, independientemente de su posición política.

Como mujer, femenina y feminista, militante de izquierda, Paola no se va a amilanar por las críticas a su forma de vestir, al contrario, responderá cada una de ellas, con un trabajo excepcional. Pero este hecho es un llamado más a romper el libreto machista que como he descrito busca alejarnos de la vida pública y de la política, a deconstruirnos y no asumir que son formas de violencia. Debemos continuar reaccionando contra la violencia política, a rechazar con énfasis el lenguaje y las bromas sexistas, a reconstruir esos espacios donde la invisibilización y desvalorización a las mujeres están naturalizados.

Confirmado