México de AMLO, la esperanza comercial de Sudamérica – Por Leandro Marasca, especial para NODAL

Los conceptos vertidos en esta sección no reflejan necesariamente la línea editorial de Nodal. Consideramos importante que se conozcan porque contribuyen a tener una visión integral de la región.

Por Leandro Marasca*, especial para NODAL

Desde su asunción, el presidente de los Estados Unidos Mexicanos, Andrés Manuel López Obrador (AMLO), tiene como uno de sus objetivos principales el de reaparecer en el horizonte comercial de los países suramericanos para agigantar las arcas económicas del México, y de esa manera, potenciar a la región del sur, la que había sido olvidada durante la gestión de su predecesor, Enrique Peña Nieto.

La región mencionada ofrece un potencial económico enorme para México y para concretar ello el gobierno necesita cerrar acuerdos con los países más importantes, Brasil y Argentina, así también como reimpulsar la Alianza del Pacífico más allá de las sustanciales diferencias ideológicas que existen entre AMLO de posición centro-izquierda y los presidentes de Chile (Sebastián Piñera), Perú (Martín Vizcarra) y Colombia (Andrés Duque Márquez) con fuerte orientación política de centro-derecha, con propuestas neoliberales, con Estados mínimos y dejando todo en manos del mercado.

Si bien las relaciones económicas más considerables del país del norte son aquellas que mantiene con los países conformantes del Tratado de Libre Comercio de América del Norte, conocido comúnmente como TLCAN, la actual administración de AMLO ha volteado su mirada hacia Sudamérica. En el primer semestre del año 2019 las exportaciones hacia el conosur ascendieron aproximadamente a 8.500 millones de dólares, apenas el 4% de las ventas externas totales de México; mientras tanto, las importaciones hicieron una suma que redondea los 6.000 millones,que representa el 2.5% del total de ellas. Si bien la balanza comercial de México con Suramérica es positiva, el objetivo de López Obrador es que ambos sean de sus principales socios económicos en todo el mundo.

Durante la presidencia del priista de Peña Nieto, el intercambio de bienes y servicios con Brasil estuvo en plena caída; las exportaciones mexicanas cayeron un 40% del número habitual de la primera década del siglo XXI. Es por ello que el jefe de Estado mexicano busca revertir la tendencia negativa rubricando el Acuerdo de Complementación Económica (ACE), en el que se incluye la apertura de intercambio de productos agrícolas e industriales, como ocurre en un tratado de libre comercio. La actualización que vienen negociando AMLO y Jair Bolsonaro consiste en aumentar el número de bienes y servicios de 800 a más de 3 mil con preferencias arancelarias, donde la relación se centra principalmente en el ingreso de granos desde Brasil, compensándolo con una mayor apertura de ese país a las exportaciones automotrices mexicanas. Desde el Ministerio de Hacienda confían en que las ventas externas de México a Brasil superarán los 1.200 millones de dólares. Con Argentina el panorama es similar. Durante el gobierno de Peña Nieto el comercio en cuestión cayó en sus números; entre 2013 y 2018 el comercio se ha mantenido alrededor de los 2.000 millones de dólares, registro por debajo de los alcanzados entre 2010 y 2013, con promedios anuales que oscilaron entre los 2.500 y 3.000 millones de dólares.

Andrés Manuel López Obrador sabe que tendrá un trabajo más complejo con la Alianza del Pacífico, donde el mecanismo de integración regional espera mejoras en la relación comercial y duplicar las actuales exportaciones intra-alianza en 2030 aunque desde la conformación de tal Alianza en el año 2012, el comercio de México con sus pares cayó más del 20%. Cierto es también que existe un gran problema a resolver, y es que los insumos que los demás países venden son productos que México también produce, sobretodo los que responden al sector agrícola.

A partir de lo descripto no caben dudas de que México deberá seguir mirando con mayor amplitud mercados a los que en el pasado les dio la espalda por su alta dependencia en materia económica de Estados Unidos y Canadá, y en América del Sur tiene una gran oportunidad. Es la región menos integrada del mundo si se tiene en cuenta que apenas 16% de sus exportaciones totales son intrarregionales. Lo importante es que AMLO y su gobierno, lo saben, sí que lo saben.

(*) Licenciado en Ciencias Políticas (Universidad Nacional de Villa María, Córdoba, Argentina)


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