Ángela Becerra, escritora colombiana: «Yo miraba la foto de Betsabé y pensé ‘te voy a resucitar, vas a volver a hablar’»

Entrevista a Ángela Becerra, escritora colombiana

Por Daniel Cholakian – Nodal Cultura

“Las historias a mí me buscan, yo no voy pensando cual va a ser mi próxima novela. Iba a empezar a escribir una historia que tenía hacía un tiempo y dije ‘me voy a Cartagena cinco días para descansar’. Una noche no podía dormir y mirando la televisión apareció esta niña. Todavía no existía ni el #MeToo ni nada de eso, pero la imagen de ella era potentísima. Yo miraba la foto de Betsabé y pensé ‘te voy a resucitar, vas a volver a hablar’. Asumí un compromiso en ese instante. Esa noche me puse a buscar todo lo que encontraba de ella. Al día siguiente le cuento a mi marido y me dice ‘pero si ya tienes todo para la otra novela’, y yo le respondí que no: que esa niña me estaba buscando” así contó Ángela Becerra a Nodal Cultura el origen de su nueva novela Algún día, hoy  por la que obtuvo el Premio Fernando Lara 2019. La protagonista a quien se refiere es Betsabé Espinal.

De la Betsabé real se conoce poco y nada. Fue una de las lideresas de la huelga de mujeres trabajadoras que en 1920 paralizó la fábrica textil más importante de Colombia. En esa oportunidad, como cuenta Becerra en su novela, ellas se enfrentaron al mismo tiempo con el poder político, económico y eclesiástico.

La novela toma esos pocos datos para construir una ficción en la que integra protagonistas de la historia con un conjunto de personajes improbables, desde otros países y otros tiempos. Becerra se permite la libertad de combinar personas ficticias y reales, del tiempo de Espinal y de otros, para contar una historia que no por ficcional deja de ser verosímil.

Algún día, hoy cuenta la historia de las luchas de mujeres en un tiempo que fue muy distinto al presente, pero que sin embargo habla de resistencias y emancipaciones que resuenan con potencia ahora mismo. Y habla también de las mujeres que son abandonadas generación tras generación a ser solas, madres, pobres, desclasadas y excluídas.

Nodal Cultura dialogó con Ángela Becerra sobre su encuentro con la historia de Betsabé Espinal, los vínculos entre ella y su propia historia, el cruce con los personajes europeos reales y ficticios y el modo en que trabajó con estos materiales.

¿Qué información encontró sobre la real Betsabé Espinal y qué información encontraremos de ella en la novela?
De la Betsabé real encontré muy poco. Su fecha de nacimiento, que fue en 1896; que venía de una familia de mujeres que habían parido hijas naturales: su abuela había sido hija natural y tuvo una hija natural que fue la madre de ella, que fue una hija natural también, y eso tiene su importancia; encontré que la madre después del parto tuvo una crisis de enajenación y acabó internada, pude hallar su historia clínica completa en el manicomio de Bermejal; que fue bautizada en la Iglesia de Bello; que vivió varios años en un patronato regenteado por las monjas de la Presentación, donde ingresó más o menos a los 13 años;y después de ese dato recién aparece documentación cuando realizan la huelga.
Los periódicos de la época registraron el suceso como algo muy importante, pues se paralizó la más importante fábrica textil de Colombia. A nivel nacional hubo mucha gente que apoyó esa huelga. Eso era todo lo que yo tenía sobre la Betsabé real.También supe que la habían echado de la fábrica un mes después de finalizado el conflicto con la obtención de lo que reclamaban. También su trágico final, ya que murió joven en Medellín, aunque había vivido casi siempre en Bello.
Tenía para hacer más o menos 3 capítulos de la novela. Lo interesante para mí era que iba a poder ficcionar la mayor parte de la historia. Posiblemente su vida hubiera sido más o menos anodina, entonces era muy importante para mí que ese hecho y ese personaje que merecía salir a la luz. Si había quedado oculta en la historia era por cuestiones muy claras. Los dueños de la fábrica eran tres. Uno era el gobernador de Antioquía en aquel momento, otro un empresario dueño de más de la mitad de la región, propietario de una enorme cantidad de hectáreas de algodón y café. Del tercero no quedaron muchas referencias.Ellos cedieron a todas las peticiones de las huelguistas, no porque las creyeran justas, por supuesto.
El clero también también estaba unido a ese poder. Ellos dirigían el patronato a través de las monjas, y el arzobispo además de apoyar a los empresarios era famoso por excomulgar a los rebeldes. Hay cantidad de escritores conocidos por ser excomulgados. En la novela aparece un grupo real que ellos crearon. Lo integro como parte de una mezcla de realidad y ficción que armo en un tejido muy fino pero muy fuerte. Así llega un momento en que te pierdes y no sabes el personaje que es real y el que no.
Hay también personajes medio mitológicos que abundan en los bosques y en las selvas, como el hojarasquín del monte, o la madremonte, o la chupabrava, que no existe pero podría estar en la corriente de todos ellos. También hay pájaros que son reales y otros que me inventé, como los rubíes alados.
Fue un trabajo muy enriquecedor para mí, porque cuando empecé a investigar y perfilar el personaje de Betsabé, lo que leo de las pequeñas entrevistas que dio, con un vocabulario muy florido propio de la época, se le ve el arrojo, la fuerza y la valentía que tiene. Eso me sirvió para el momento de trabajar su perfil desde pequeña como alguien muy aguerrido y muy salvaje. Era un personaje muy potente.

A propósito de estos reclamos ¿cómo eran esos testimonios que encontró y en qué contexto se daban?
Se pueden encontrar varias entrevistas. Como decía ella tenía un lenguaje muy florido, yo reduje esa floritura que tenía en la manera de hablar. Le imprimí un modo de hablar que no fuera tan colombiano, porque no nos podíamos que tuviera una proyección más universal. Hui de hacerlo demasiado autóctono, porque creo que la historia aparte de que sucede en Colombia, podría ser absolutamente universal.
De hecho, en Francia, también en una fábrica textil se estaba produciendo en aquella época más o menos lo mismo. Y en Estados Unidos hubo una huelga de camiseras. Entonces, realmente, esta mujer es universal. Yo quería situarla en el contexto en donde se produjo la huelga, pero no quería que se quedara única  y exclusivamente en Colombia. 
En ese mismo tiempo entraba la corriente del socialismo, que en Colombia se dio como socialismo criollo. Lo hacía muy soterradamente, porque Colombia es un país muy religioso y la educación era manejada por la Iglesia. Contra eso surgen unas revistas como El obrero católico donde están tratando de alejar el «demonio». Todos las querían sumisas.

Un giro importante en la novela es la aparición de Emanuel y con él toda una corriente heterogénea de intelectuales y artistas entre quienes están Frida Kahlo y Simone Veil ¿cómo es esa construcción ficcional que tiene cierto anacronismo?
Adelanté en el tiempo algunos personajes que podrían ser muy afines a ella y que me servían en el momento de perfilar el personaje de Emanuel, que es muy potente y enriquece mucho la novela. Todo eso me permitió crear un hombre que fuera adelantado a la época.
Él viene de la alta sociedad parisina, pero renuncia a esa clase social el día en que asiste a la exposición universal, donde empieza a darse cuenta que el paseo que están haciendo sus padres, viendo cómo los nativos de todo el mundo son exhibidos como si fueran animales. Eso para él es tremendo, así que huye, se disfraza de pobre y adonde llega hay una revolución efervescente.
Simone Veil es su gran amiga y ella, que es una filósofa, es una gran defensora de los derechos humanos. Obviamente la tengo adelantada en el tiempo, pero ella ya se ha introducido clandestinamente en una fábrica obrera para ver cómo se maltrata a las mujeres.
Yo quería que cuando apareciera el amor, apareciera un amor que fuera de igual a igual, que él respetara esa feminidad que iba a tener Betsabé y se enamorara de todo ese contexto sin quererla cambiar en nada.

En ese encuentro de personajes de ficción se puede leer el encuentro de dos estéticas, dos idearios, dos formas de narrativas diferentes. El universo mítico de la tradición latinoamericana y el surrealismo que viene de Francia. La escena del Café Globo, condensa el surrealismo en encuentro con el universo mágico de América Latina. ¿Cómo fue crear estos universos y hacerlos encontrarse?
Llevo 32 años viviendo en Europa. Pero tuve una infancia que se la regalé a Betsabé, ya que tuve una niñez muy vegetal. Éramos muy pobres. Para mi madre la manera de «deshacerse» de los hijos era mandarlos un rato al monte. Ahí, yo que era una niña muy observadora, muy silenciosa y fantasiosa, me perdía, iba siempre descalza, me metía en los charcos, me escondía arriba de las ramas de los árboles. Yo creía que podía hablar con los pájaros y les dejaba notitas.
Tuve la suerte de que un abuelo me enseñara a leer y a escribir a los 4 años y para mí fue la fascinación. Empecé a escribir cuentos a una niña, que evidentemente era yo, a quien le pasaba todo lo que no me podía pasar. Yo no podía tener unos zapatos bonitos, no podía tener lo que yo veía que otros tenían.
En mi casa no había libros, pero había una chica que vivía como a tres o cuatro cuadras y el padre le regalaba continuamente libros, pero ella odiaba leer. Entonces me los dejaba, yo los leía y le contaba qué pasaba para que ella se lo contara a su padre. El padre creía que ella leía.
En ese tiempo era educada por las monjas en el colegio de La Presentación. Ellas lo crearon en plan de ser caritativas con los pobres. Todos teníamos los mismos uniformes, pero las pobres no podíamos llevar lazo en la camisa, así que cuando nos veían pasar sabían que éramos las pobres. El Sagrado Corazón en el Colegio, el Cristo sangrante que cuando uno es pequeño ve eso y se horroriza.
Tenía un tío segundo adinerado que a veces nos dejaba ir a la finca que tenía. En un rincón había una mujer negra que contaba unas historias tremendas que nos hacían morir de miedo. Había un pájaro que siempre gritaba como si lo estuvieran ahorcando. Entonces decía: allá está llorando la novia sin cabeza. Todo ese universo estaba en mí.
Cuando me fui a España me fasciné por el París de los años 20. Hice una novela, Lo que le falta al tiempo, me fuí a vivir a París y recorrí toda la ciudad que no para de crear.
De ahí viene el surrealismo y en mí, que soy tan impresionable por la fantasía y por lo raro, se amalgaman esas dos cosas e inconscientemente salen. No es que diga: voy aponer esto junto con lo otro.

Betsabé Espinal

Algún día, hoy es una novela asequible, que se lee fácilmente ¿cómo se conjugan los temas vinculados a las luchas políticas y el marco intelectual con una literatura abierta a cualquier público?

En mi primera novela apareció ya lo que es mi voz literaria. No es intencional que lo veas asequible al gran público. No lo hago por eso. Cuando estoy escribiendo no lo hago por el fin, eso ya lo aprendí hace años. Ya soy mayor, voy a cumplir 62 años y una de las cosas que he aprendido es ser fiel a mí y consecuente conmigo, por eso abandoné la publicidad hace 20 años, no era lo que yo quería.
Lo hago como me sale. Es más todas mis novelas las corrijo cada día, de modo que cuando acabo una novela, ya está acabada. La leo, pero ya está hecha.
Cuando estaba por iniciar esta novela, tardé casi un año documentándome. Tengo un documento previo de 300 páginas donde registré hechos que sucedieron en Colombia y en el mundo. Todo eso lo tenía aunque no sabía cómo va a arrancar la novela.
Un día me senté sin saber el tono que iba a tener la novela y escribí de un tirón el primer capítulo, al que no le toqué ni una coma. Entonces me di cuenta de que esa novela iba a tener un tono épico y que sería como un canto continuo. Cuando acabé el parto que fue ese primer capítulo, me imaginé que sería como aquel cuadro de Delacroix, La libertad conduce al pueblo, en la que aparecer esa mujer con el puño en alto y el seno descubierto. Así me la imaginé y tuve ese cuadro presente durante toda la novela.

La novela tiene una estructura de saga familiar, de esas que atraviesan siglos, sin embargo todo ocurre en poco más que tres décadas
Es que esta novela casi no se acaba, porque además no es sólo la historia de las tres… que todavía no hemos hablado de Capitolina, que es un personaje importantísimo dentro de la novela. Es tan apetitoso que tuve que cuidarlo para que no se me fuera a robar el protagonismo de Betsabé, ya que allí estaba la denuncia sobre la injusticia social y las clases sociales cómo estaban demarcadas.

Habla de Capitolina y tengo la impresión de que a su manera, ella es también una resistente, una luchadora, una mujer que desde el primer berrinche está resistiendo aquello que le está dado como mandato. Por su lugar social, como mujer, menor, todo el tiempo ella está resistiendo, gritando…
Ella, las dos, nacen a la misma hora y en el mismo momento. Son rechazadas por su condición de mujer. La madre de Betsabé, no quiere que se repita su historia. Quisiera abortarla, pero como no puede, que por lo menos salga hombre. Capitolina y Betsabé terminan siendo dos huérfanas teniendo madre, en esa condición de sumisión y las dos se rebelan a eso. A su manera. Y entre ellas dos, además, se intercambian lo que pueden.
Betsabé le va a dar lo salvaje, la fuerza, lo que ella lleva de la naturaleza después de haber quedado sumergida en el barro. Y Capitolina le va dar el alfabeto y le va a regalar a su abuela, que es un personaje muy bello. Y toda la sabiduría que hay en esa biblioteca enorme.
Tal vez en esa niña que me pasaba los libros que le compraba su padre haya surgido Capitolina.

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