Desenmascarando el poder – Por Hernán Saenz Cortés

Por Hernán Saenz Cortés *

La fascinación por el poder proviene de tiempos inmemoriales. Solo hace falta leer El Príncipe de Maquiavelo, El Arte de la Guerra de SunTzu o, incluso más recientemente, ver la serie Juego de Tronos, para darse cuenta de que el magnetismo que generan el poder y las relaciones a su alrededoren los imaginarios de la gente. Entenderlo es, por lo tanto, crucial si se quiere intentar visibilizar quiénes se benefician de las decisiones políticas, o encontrar respuestas a preguntas como porqué en ocasiones se toman decisiones que acaban perjudicando a la mayoría y beneficiando a una minoría. Son este tipo de cuestiones las que motivan el trabajo sobre la captura que llevamos a cabo desde Oxfam, y a las que intentamos dar respuesta con informes como Desenmascarando el podero Democracias Capturadas.

La excesiva influencia de ciertos grupos respecto a otros en una sociedad no es nada nuevo y ocurre tanto en países del Norte como del Sur. Es lo que se llaman asimetrías de poder y han existido desde que las primeras sociedades se crearon. Sí que es cierto que antes del ‘boom’ del uso del concepto de ‘captura’ que vivimos actualmente no existía ninguno que sirviese como ‘aglutinador’. Se hablaba de cooptación, corrupción sistémica, clientelismo, etc. pero el uso más generalizado del fenómeno de la captura surge en los últimos 20 años. Se trata, simplemente, del uso de un concepto-metáfora que sirva para la comprensión de un fenómeno que desvirtúa el funcionamiento de la democracia. Oxfam – y otros autores como JoeForewaker o Ramón Feenstra –  le llamamos también en ocasiones el ‘secuestro de la democracia’.

Quien controla más recursos de poder – dinero, tierras, armas, etc. – tiene más capacidad de influencia respecto a otros grupos. Éstos últimos pueden igualmente tener capacidad de influencia, pero su posición de partida para lograr influenciar es inferior y, por norma general, deberán utilizar otros recursos como la protesta. El problema reside cuando aquellos sectores con más recursos de poder – normalmente sectores de población muy minoritarios y mayoritariamente hombres – los usan en su beneficio sin que existan herramientas para contrarrestar su influencia. Es decir, cuando tienen la capacidad de capturar el poder. Capturar es, tal y como lo entendemos en Oxfam, hacer prevalecer los intereses de una minoría por encima de los de la mayoría en beneficio de los primeros.

A partir de aquí podemos discutir qué se captura. Se trata de una política pública o por el contrario de una regulación concreta; se capturan los imaginarios o se captura incluso un Estado. El abanico de opciones es amplio y es probable que el análisis de la captura de una política pública – por ejemplo, sobre un impuesto – nos lleve a concluir que el fenómeno va más allá de una simple legislación y abarca otros ámbitos.

Hablar de que ciertos actores puedan llegar a capturarun Estado o los imaginarios de una sociedad puede parecer imposible, pero hay más casos de los que nos pensamos. Hablamos de casos como el de Moldavia, país de la Europa del Este, que según varias organizaciones es un  ejemplo de captura del Estado. La captura de imaginarios, más compleja, también se refleja en ejemplos – ilustrado en el libro RestoringtheNationalOrderdel EuropeanParliamentaryForum – como el de grupos religiosos extremistas que están trabajando en la movilización de la sociedad contra derechos humanos en cuestión de sexualidad y reproducción.

La importancia de la captura para Oxfam va más allá del fenómeno en sí y el estudio de sus componentes – qué se captura, quién captura, cómo se captura o porqué. Para Oxfam, lo crucial, finalmente,es poder ver sus efectos. El impacto que la captura tiene en la desigualdad y en la democracia. Cómo impacta en la vida de las personas, en su día a día, en la confianza con el sistema y cómo erosiona el contrato social. Todo ello, debe llevarnos a articular estrategias y propuestas en nuestro trabajo en más de 90 países del mundo para combatir la captura, reducir la desigualdad y conseguir democracias que respondan verdaderamente a los intereses de la mayoría de la población y no a los de una minoría privilegiada.

* Doctor en Relaciones Internacionales e Investigador Sénior en Desigualdad de Oxfam Intermon


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