Moira Millán, lideresa mapuche: “La lucha no debe ser contra el ‘cambio climático’ sino contra el terricidio”

Entrevista a Moira Millán, lideresa mapuche

Por Lucía Cholakian Herrera

A comienzos de octubre, mientras las mujeres, lesbianas, travestis y trans de Argentina se preparaban para un encuentro masivo en la ciudad de La Plata, comenzó a circular una noticia: mujeres indígenas de territorios en conflicto habían ocupado pacíficamente el Ministerio del Interior de la República en la ciudad de Buenos Aires. Las denuncias que las convocaron, según rezaban sus comunicados, eran históricas y recientes. ¿Cómo transmitir la memoria de 500 años de genocidio? Ellas lo están haciendo.

Uno de sus nombres resonó especialmente en los últimos años: Moira Millán, una weychafe (guerrera) mapuche, y una de las coordinadoras del Comité de mujeres indígenas de territorios en conflicto. Fue la primera en publicar un libro indígena en Argentina de forma masiva: “El tren del olvido” es una novela que recorre la historia de su comunidad y el imperialismo británico que aún asedia las tierras mapuches. Publicado por Editorial Planeta a mediados de este año, se convirtió en uno de los muchos gestos de Moira y sus hermanxs por poner en agenda pública las demandas postergadísimas de los pueblos indígenas.

Sin embargo Moira no discute solamente con el colonialismo en sus tierras, ni en sus culturas: también discute dentro de la agenda de los feminismos, los derechos humanos, el ecologismo y las luchas contra el neoliberalismo. Mientras una parte de Chile arde en protestas, Bolivia disputa voto a voto la reelección de un presidente originario, Ecuador encabeza sus luchas con la COPINH y Argentina se enfrenta a unas elecciones que podrían dar vuelta su dirección, en esta entrevista con NODAL Moira Millán se expresa sobre estos temas y su lectura de la coyuntura que interpela y moviliza a integrantes de todos los espacios sociales.

¿Qué rol crees que juegan las mujeres originarias en la lucha contra el capitalismo descontrolado?

Las mujeres indígenas cumplimos un rol fundamental en el proceso de descolonización del pensamiento y recuperación de los valores ancestrales de reciprocidad entre los pueblos y para con la naturaleza. Somos las hacedoras del pensamiento del buen vivir como derecho.

El tema del cambio climático está en agenda internacional. Sin embargo los pueblos originarios anuncian la explotación de nuestros recursos desde el principio. ¿Cómo ves estos nuevos movimientos y qué problemas crees que son los principales en relación con nuestras tierras hoy?

Actualmente la mirada se concentra en un recorte del problema, en la definición de cambio climático existe un reduccionismo intencional del sistema para ocultar el origen y las consecuencias del modelo civilizatorio. No se trata solamente de la relación entre producción y consumo, sino en la mirada antropocéntrica impuesta por la cultura dominante, abstraída del orden cósmico.

Nuestro hacer impacta en lo más mínimo ese orden, es por ello que debemos recuperar la conciencia cósmica que tenían nuestros antepasados. La lucha no debe ser contra el ‘cambio climático’ sino contra el terricidio que surgió en el momento en el que se encumbró en la punta de la pirámide al humano impregnado de egoísmo, individualismo, materialismo. Nos volvió antinaturales y nos convenció de que la naturaleza estaba a servicio de nuestro comfort. Para los pueblos indígenas no hay pirámide: hay un círculo sagrado de vida, inviolable y perpetuo. Pero si seguimos caminando ciegos y necios, la tierra nos quitará de encima por depredadores. Los movimientos actuales, por lo tanto, tienen que dejarse permear por nuestra mirada, la de los pueblos indígenas.

La semana pasada junto a un grupo de hermanas ocuparon el Ministerio del Interior bajo denuncia de ‘terricidio’. ¿En qué consiste este concepto?

Vengo trabajando la elaboración de términos que puedan contener conceptos más cercanos a nuestra mirada como Pueblos Indígenas. Entonces le propuse a mis hermanas incorporar esta palabra -terricidio- para explicar cómo el sistema destruye la vida tridimensional. Los pueblos indígenas creemos en la vida tridimensional del cosmos: hay ecosistemas tangibles, hay pueblos, y también hay energías que constituyen ecosistemas perceptibles, o espirituales, el mundo Mapuche los llama gñen.

Las protestas en Chile y Ecuador dan cuenta de una crisis del modelo capitalista. ¿Qué características deberían tener las nuevas democracias? ¿Cómo se posiciona el pueblo mapuche ante la idea de Estado?

Las nuevas democracias deberían ser participativas y directas. El sistema de representatividad está en crisis, ya no tiene credibilidad, porque hasta aquí los estados nación solo han representado los mezquinos intereses de la corporocracia. Además, debería reconocerse la plurinacionalidad de los territorios, reconociendo y asumiendo el derecho a la libre determinación de los pueblos, yo imagino una suerte de confederación de naciones consensuando el buen vivir como derecho.

Este año se hizo presente la demanda por la plurinacionalidad en el Encuentro. ¿En qué consistía esta propuesta? ¿Cómo se define lo ‘plurinacional’?

No planteamos un Estado plurinacional porque sería engañoso. Planteamos el reconocimiento de la plurinacionalidad de los territorios: la geopolítica ancestral recuperada, asumiendo nuestros desafíos desde una perspectiva regional. Pensarnos como modelo emancipatorio endémico. Jamás aislado: eso sería un error. Nuestra posición como pueblo mapuche es muy amplia y heterogénea como en todo movimiento. Pero cuando quisimos llevar la propuesta de plurinacionalidad en el Encuentro Nacional de Mujeres, no imaginamos la violencia racista que íbamos a sufrir. Fuimos maltratadas y agredidas. Hay expresiones feministas con las que si nos sentimos hermanadas y hay otras que se manejan con los mismos mecanismos racistas, violentos y patriarcales contra los que peleamos.

¿Con qué espacios feministas se sienten hermanadas?

Desde el Movimiento de mujeres Indígenas por el Buen Vivir nos reconocemos antipatriarcales, pero no feministas. Creemos que el feminismo no tiene el monopolio de la lucha antipatriarcal y que hay otros frentes que también combaten al patriarcado, el nuestro es uno de ellos. No creemos que sea una lucha de una sola línea de combate: caminamos la lucha antipatriarcal junto con nuestra lucha antirracista. Algunos feminismos no han recogido esa lucha y no interpelan sus privilegios de raza. Lamentablemente la racialidad de nuestros cuerpos por parte de éste sistema blanco devalúa el valor de nuestras vidas, y mientras crece el feminicidio indígena, el silencio del feminismo argentino dispara directamente sobre nuestros cuerpos una y otra vez


VOLVER