Piñera y el liderazgo político del bloque oficialista después del 10% de las AFP – El Mostrador, Chile

Los conceptos vertidos en esta sección no reflejan necesariamente la línea editorial de Nodal. Consideramos importante que se conozcan porque contribuyen a tener una visión integral de la región.

La vocería política del Presidente Sebastián Piñera, y del Gobierno en general, durante las últimas semanas, se había vuelto un espejo del desacoplado funcionamiento de la sociedad chilena y de sus instituciones. La excepción se produjo el jueves pasado en la noche, con el anuncio de La Moneda respecto a que publicaría derechamente la reforma constitucional que permite el retiro de fondos desde las AFP, sin recurrir previamente al veto presidencial ni al Tribunal Constitucional; esto, en coherencia con la apabullante derrota política sufrida en el Congreso durante la tramitación de dicha norma.

Las opciones de política pública que ha comunicado y practicado el Gobierno para mitigar el crítico momento económico y sanitario del país, no han sido proporcionales a las exigencias, generando un estado de malestar evidente en demasiados sectores de la ciudadanía. La aprobación de esta reforma constitucional del 10%, con dos tercios de los votos en ambas cámaras, es el resultado de ese malestar.

Los apoyos políticos de La Moneda han ido mermando significativamente, generando incluso un naciente pero creciente realineamiento y cambio de liderazgos al interior del oficialismo, surgiendo ya de forma más clara la figura y referente de Joaquín Lavín, casi seguro candidato del actual bloque oficialista en las próximas elecciones presidenciales. También resalta la estampa y tonelaje político de Mario Desbordes.

El desarrollo de este proceso subliminal en curso será importante para la estabilidad institucional del país, toda vez que el Presidente aún tiene por delante casi dos años de mandato.

La aprobación legislativa sobre el retiro de un 10% de los fondos acumulados en las cuentas individuales de previsión, y su publicación por parte del Presidente sin más trámite, alivia en parte el ambiente de tensión psicosocial que había generado la gestión de La Moneda, y evitará seguramente que la ambigüedad y rigidez gubernamental se transformen en otro elemento nocivo para la estabilidad misma de esos fondos, que seguirán siendo vitales para la economía del país. Y en  algo contribuirá a bajar la dispersión en las filas gubernamentales y calmar la rebelión parlamentaria que dio los votos para alcanzar el alto quórum necesario para aprobar la iniciativa.

El test sobre la solidez del modelo económico, en que la actitud rígida del Ejecutivo había convertido el tema, queda resuelto, evitando una mala apreciación de la gobernanza del país, en gran medida generada por la campaña del terror en que se embarcó injustificadamente el Gobierno.

Es difícil de explicar cómo el Presidente Sebastián Piñera ya ha dilapidado todo el capital político con que entró a su segundo mandato, no obstante el “segundo aire” que le dio la pandemia en sus primeras semanas, completamente desaprovechado por errores propios. Hoy el Gobierno, anticipadamente, ya exhibe el denominado “síndrome del pato cojo”, con Joaquín Lavín muy presente en la retina y decisiones del bloque oficialista. El poder ya no está o queda menos en La Moneda.

Lavín, siempre en su estilo pulcro y amable, viene desde hace rato criticando lo que hace y dice el Gobierno, y apuntando sus dardos a la poca visión política del Ejecutivo. Durante la tramitación del proyecto de reforma constitucional para permitir el retiro del 10% de lo cotizado en las AFP, primero dijo que el plan gubernamental para apoyar a la clase media –con el que La Moneda pretendía neutralizar los apoyos de la derecha a ese proyecto– era completamente insuficiente, y después señaló como plausible la opción de aprobar el retiro parcial de fondos, en respaldo tácito a la rebelión de muchos parlamentarios de derecha, especialmente de los de su partido, la UDI.

El Mostrador