Modelo deseable para un sistema de pensiones igualitario, justo y sostenible – Por Carlos Contreras Cruz

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Modelo deseable para un sistema de pensiones igualitario, justo y sostenible

Por Carlos Contreras Cruz

Instituciones creadas en América en el siglo XX, como la Caja de Seguro Social Obligatorio en Chile, la Caja Costarricense de Seguro Social (CCSS), el Instituto Ecuatoriano de Seguridad Social (IESS), la Social Security Administration (SSA) de los Estados Unidos de América o el Instituto Mexicano del Seguro Social (IMSS), administraron durante décadas seguros sociales que, entre otros riesgos, atendían la vejez, la invalidez y la sobrevivencia a través del otorgamiento de beneficios de largo plazo, en semejanza al seguro creado por el canciller alemán Otto Leopold von Bismarck en el siglo XIX. Algunas han dejado de hacerlo, ¿por qué?

La mayoría de estas instituciones utilizaron como base para la creación de sus seguros sociales, una Ley Marco promovida por la Organización Internacional del Trabajo (OIT), la cual había sido desarrollada en Europa con la intervención del Dr. Emilio Schoenbaum en 1924. A decir del Dr. Antonio Zelenka, la parte actuarial de dicho ordenamiento “constituyó durante muchos años un verdadero manual actuarial del seguro de pensiones, sobre todo en lo referente al cálculo de la prima media basada en la hipótesis de la perennidad del régimen”.

¿Por qué entonces a partir de la década de los años 90, siguiendo el ejemplo de Chile en 1981, se llevaron a cabo reformas en algunos países de América, las cuales desmantelaron los seguros sociales y dieron paso a esquemas de ahorro individual, o, en el menos severo de los casos, el ahorro fue establecido como complemento al seguro social? ¿Por qué a partir de los primeros años de este siglo, varios países han dado marcha atrás a algunas de esas reformas o las detuvieron poco antes de que entraran en vigor?

Es innegable que las instituciones como las referidas previamente, han sorteado dificultades derivadas de las transiciones demográfica y epidemiológica, así como turbulencias financieras y económicas, algunas provenientes del fenómeno denominado globalización y otras propias de su economía interna, e incluso han debido enfrentar situaciones en las que la administración y gestión de los recursos financieros no ha sido eficiente, sin embargo, en el continente no todos los sistemas de pensiones han sido reformados en el mismo sentido y algunos continúan operando en un horizonte de estudio que muestra plena sostenibilidad financiera en el mediano y largo plazo.

No obstante, como señala Arenas de Mesa, la sostenibilidad es un concepto que debe abarcar más que sólo la suficiencia de recursos financieros para el pago de pensiones. También se debe contemplar la adecuada atención de posibles problemáticas que podrían presentarse en al menos tres dimensiones:

a) La cobertura, que debe ser adecuada, es decir, se tiene que garantizar que el 100% de la población objetivo tenga acceso a una pensión.

b) La suficiencia de beneficios, que implica que las pensiones otorgadas permitan que todas y cada una de las personas receptoras puedan mantener al menos un nivel de vida adecuado.

c) La sostenibilidad financiera, como se ha dicho, refiere a la suficiencia de recursos para pagar todas y cada una de las pensiones en el corto, mediano y largo plazo.

Además, si bien un sistema de pensiones no tiene por objetivo resolver vicios y/o defectos de otros ámbitos, como los propios del mercado laboral, sí debe buscar atender de la mejor forma posible las desventajas o inequidades que éstos pueden generar para la población objetivo, por ejemplo, brechas salariales o de género.

Por lo anterior, será relevante para el diseño de un nuevo sistema de pensiones comprender los principios teóricos que le sustentan, las bases jurídicas propia del país, la situación actual y probable futura de la población, y de factores económicos y financieros que eviten su quiebra o comprometan excesivos recursos públicos, sin dejar de lado el diálogo social y teniendo siempre presente que también debe ser de fácil comprensión para toda la población, única y final beneficiaria de todo sistema de pensiones.

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Conferencia Interamericana de Seguridad Social


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