Evita: la hacedora de sueños. La conjugación de la pasión y la fuerza transformadora – Por María Cristina Melano

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Por María Cristina Melano*

Este texto solo pretende delinear algunos rasgos de su polifacética y meteórica actuación en la vida política argentina: su feminismo, la política y las concepciones de pobreza y de asistencia que sustentó. Y es también una apelación a la memoria y a la historia en estos tiempos de silenciamiento, de posverdades que encubren los aciagos acontecimientos cercanos y que falsifican la verdad histórica acerca de las luchas por una Argentina (1946-55) que transitaba el camino de la justicia social como meta a alcanzar.

Feminismo descolonizador

Su relación con la cuestión feminista aparece matizada con claroscuros que son el texto del contexto epocal en que se inscribe el peronismo clásico, del que fuera constructora. Las mujeres, por entonces, se encontraban en franca situación de desigualdad jurídica tanto en el plano de los derechos civiles y culturales como políticos. Eran personas tuteladas, no podían ejercer el derecho a la patria potestad sobre sus hijos ni disponer de sus bienes, debiendo ser representadas por hombres.

La cuestión de la igualdad y revalorización de la mujer estuvo presente durante el peronismo clásico de modo recurrente en sus discursos, prácticas comunicacionales y educativas en que se evocaba el rol que desplegaron en la historia y los procesos de gestación y constitución de la Nación. Igualmente el peronismo consideró tempranamente el trabajo de mujeres estableciendo regímenes especiales para empleadas de comercio y azafatas. La visualización del tema se enlaza con las políticas hacia las familias, fundamentalmente obreras, a las que trata de proteger, mejorando por ello las condiciones de la mujer-madre.

En línea con la Iglesia Católica, que le dio inicialmente su apoyo para acceder al poder y continuando la tradición médico higienista y las de las gestiones de gobierno que le antecedieron, discursos y políticas del peronismo clásico fueron fuertemente familiaristas.

Familia y patria eran pilares del modelo, que partía del supuesto de que para lograr el crecimiento económico era central proteger a la familia y a la maternidad desde el aparato estatal.

El Primer Plan Quinquenal señalaba el propósito de implementar subsidios por nacimientos, por nupcialidad, salario familiar, disminución de impuestos a las familias numerosas, entre otras. El gobierno cumplió su promesa electoral realizando una efectiva distribución secundaria de ingresos a través de sus políticas públicas.

El Estado tutelaba a las menores embarazadas, a los hijos de padres sin recursos, incapacitados o enfermos. Estas temáticas fueron objeto de preocupación de Eva Perón, quien impulsó su abordaje específico en la Constitución de 1949, la cual en su artículo 37 alude a “la familia, como núcleo primario y fundamental de la sociedad” y consigna que será “objeto de preferente protección por parte del Estado”, señalando además que “la atención y asistencia de la madre y del niño gozarán de la especial y privilegiada consideración del Estado”.

A través de la Fundación Eva Perón (FEP) se crearon instituciones asistenciales, tales como el Hogar de la Empleada y hogares de tránsito, que coadyuvaron para dar soporte a mujeres migrantes del interior o carentes de vivienda. Asimismo los hogares de niños daban asistencia integral a aquellos cuyas familias no tenían condiciones para afrontar su crianza.

Las políticas implementadas constituyeron una distribución secundaria del ingreso al que las mujeres accedían desde su posición de esposas/madres/trabajadoras. Este es el marco en el que Eva Perón ingresa en la historia del feminismo argentino como figura clave: Eva no habla de las mujeres, habla con las mujeres y las impulsa a la acción social y política, las empodera en la cotidianeidad, liderando un feminismo nacional y popular distante de las visiones del Norte.

El feminismo del Norte, cuyas más brillantes expresiones se dieron en Gran Bretaña y los Estados Unidos, combatía el patriarcado, propiciaba la igualdad de las condiciones laborales y el voto femenino. En la Argentina el movimiento feminista era impulsado por mujeres liberales y socialistas.

El feminismo de Eva se distancia de estos posicionamientos liberales y más radicales de mujeres que lucharon durante décadas ardua e infructuosamente por la igualdad civil y política de las mujeres, al tiempo que cuestionaban el patriarcado, tales los casos de Victoria Ocampo y Alicia Moreau de Justo, respectivamente. Cabría interrogarse en torno a la posibilidad de ambas de visualizar a las mujeres en sus representaciones y demandas, en sus matices y contradicciones.

Alicia Moreau de Justo, médica y expresión del Partido Socialista, desplegó una vasta trayectoria de trabajo en relación con los derechos civiles y políticos de la mujer. Victoria Ocampo, feminista liberal, había integrado la Unión Argentina de Mujeres. Su condición de descendiente del patriciado, su fortuna y sin dudas su talento le permitieron contribuir a la causa emancipatoria de la mujer e impulsarla a través de la literatura.

Eva no había accedido a la educación superior, apenas alcanzó los niveles formativos básicos, no era parte de la minoría ilustrada, no tuvo militancia en el movimiento feminista, pero al igual que un significativo número de mujeres populares desafió y transgredió los mandatos patriarcales e impulsó a la transgresión en el plano fáctico a través de su desempeño en lo social y en lo político. Vivió una infancia de pobreza, más profunda que la de muchas de las personas que fueron receptoras de la “ayuda social” implementada desde la FEV. Fue estigmatizada por su condición de “hija adulterina”. Abandonó la protección del hogar materno siendo adolescente y transitó un camino de hambre, de estrechez y de desempleo hasta obtener pequeños papeles como actriz, profesión mirada con suspicacia por las/los entonces guardianes de la moralidad.

El establishment aborreció que fuera la Primera Dama y que, como tal, no asumiera el papel preestablecido (acompañante del Presidente en los actos públicos, seguidora de las buenas costumbres, prudente, distinguida e investida de mutismo respecto de los asuntos públicos) y, en su lugar, transgrediera los mandatos vinculados a su género.

No es óbice destacar que algunos discursos de Eva, así como trozos de su texto La razón de mi vida, destacan el papel de la mujer como vestal del hogar, dadora de cuidados y amor, papel asignado a la mujer a partir del siglo XIX con la presencia de la filantropía en Europa a través de los médicos higienistas, visión que fue trasladada por esta corriente a América. Sus apreciaciones, así como sus referencias a las impulsoras del feminismo, recibieron de Eva una agria y mordaz crítica.

Para ella la contradicción principal es Patria-Imperio, Revolución Justicialista-Oligarquía cipaya: desde su mirada, hombre y mujer son compañeros de ruta, compañeros de lucha por la Nueva Argentina de Perón en la cual imperará la justicia social. Así, en el mismo sentido y en pie de igualdad aparecen hombre y mujer en la propaganda oficial a través de sus afiches publicitarios que conforman la iconografía del peronismo clásico.

Las líneas de capacitación de la mujer impulsadas por Eva han sido objeto de consideraciones teñidas de parcialidad. Mucho se ha cuestionado que en las unidades básicas femeninas se capacitara a las mujeres en aprendizajes convencionales, como corte y confección, y se les proveyera de máquinas de coser hogareñas (las Singer). No es impensable que advirtiera que la posesión de saberes e instrumentos constituía una salida económica para las mujeres -tal como lo fuera para su madre- y que les permitía acceder a cuotas partes de autonomía y les abría las puertas al mercado laboral. La aceptación de las propuestas de capacitación en corte y confección y la valoración de tales máquinas por las mujeres parecerían indicar que este accionar era válido.

Menos se menciona que cuando la Escuela de Enfermería pasó bajo la égida de la Fundación Eva Perón en 1951, la atención de la salud se constituyó en un escenario donde la mujeres crecieron en participación y accedieron a un poder que excede el espacio de la salud pública. Los cuadros que surgieron de ella, altamente capacitadas, se trasladaban a las provincias, manejaban motocicletas, autos, camionetas. Algunas fueron formadas como paracaidistas para actuar en emergencias o llegar a lugares de difícil acceso, incursionando en actividades usualmente vedadas a las mujeres, excepto para aquellas más audaces y transgresoras pertenecientes a los estratos altos de la sociedad. Capítulo aparte amerita la promoción de la mujer en el deporte competitivo.

Se ha minimizado el rol que jugó Evita en el acceso a la vida y a la ciudadanía política de las mujeres, en tanto el consenso social y político existente al momento de la sanción de la ley que consagró el voto femenino. No obstante, la medida no contó con la anuencia de las feministas liberales que sustentaban la hipótesis de que, luego de la promulgación de la Constitución de 1949, la ley aseguraría la reelección de Juan Domingo Perón, tildado injustamente de antidemocrático y nazi fascista dado el anclaje del peronismo en las mujeres de sectores populares.

Debe señalarse que en 1946, a tres días de que el General Perón pasara a ser el Presidente electo de la Nación, Eva exigió la igualdad de derechos entre hombres y mujeres, comprometiéndose a trabajar en pos de la sustanciación del sufragio femenino. Afirmó entonces: “La mujer argentina ha superado el período de las tutorías civiles (…) debe ocupar el sitio en el complejo engranaje social del pueblo (…) lo exige, en suma, la transformación del concepto de mujer, que ha ido aumentando sacrificadamente el número de sus deberes sin pedir el mínimo de sus derechos” 1.

Se posiciona respecto de la ausencia de la mujer en la vida política: “Todo, absolutamente todo en este mundo contemporáneo ha sido hecho según la medida del hombre. Nosotros estamos ausentes en los gobiernos. Estamos ausentes en los Parlamentos. En las organizaciones internacionales. No estamos ni en el Vaticano ni en el Kremlin. Ni en los Estados Mayores de los imperialismos. Ni en las comisiones de la energía atómica. Ni en los grandes consorcios. Ni en la masonería, ni en las sociedades secretas. No estamos en ninguno de los grandes centros que constituyen un poder en el mundo. Y sin embargo estuvimos siempre en la hora de la agonía y en todas las horas amargas de la humanidad. Parece como si nuestra vocación no fuese sustancialmente la de crear sino la del sacrificio. Nuestro símbolo debería ser el de la madre de Cristo al pie de la cruz. Y sin embargo nuestra más alta misión no es esa, sino crear”2.

En dicha obra expresa su contradicción respecto del feminismo epocal, al que no adhiere, y abiertamente cuestiona. En una reunión masculina del Partido Peronista, ella manifestó su antipatía por el feminismo británico, que según ella había luchado contra los hombres, y afirmaba: “Yo quiero que vean en la señora del General Perón, no a una feminista a la antigua, sino una feminista a la moderna, constructiva, que sabe lo que valen los hombres y lo que pueden aportar las mujeres”3.

Inició su desempeño en el plano gremial, participando en 1944 en la Asociación de Radiodifusión Argentina, llegando a ejercer su presidencia. Durante la gestión peronista movilizó a la clase trabajadora, contribuyendo a su organización, lo cual tributó paralelamente a la expansión, la universalización y la profundización de derechos.

Nuevas formas de acción política

Cabe señalar que al asumir Perón, la Secretaría de Trabajo y Previsión se reestructuró. Eva pasó entonces, sin mediar ninguna designación formal, a actuar como puente entre Perón y el movimiento obrero. Partiendo de una escucha atenta, recibía a los gremialistas, analizaba pedidos y reclamos, y arbitraba respuestas y soluciones creativas y eficaces, impensadas y originales, obteniendo un notable consenso en la Confederación General del Trabajo (CGT), que la propuso como candidata a la Vicepresidencia de la Nación el 22 de agosto de 1951.

En tiempos en que la presencia femenina en política no era habitual, Eva irrumpió en el escenario y fue víctima de violencia política: se la difamó, se la mancilló, se la insultó y se intentó deteriorar su imagen pública. Resultaba poco tolerable para una sociedad patriarcal y para los sectores económicamente poderosos que una “chinita, hija natural, adulterina” ocupara un espacio de tal magnitud.

Eva se desplegó en lo político, compartiendo la visión totalizadora de la sociedad de Perón y desde esta cosmovisión denunció a la patria herida, mancillada, y a la ignominia de las profundas desigualdades existentes. E hizo política entendida como conjunto de prácticas e instituciones a través de las cuales se crea un determinado orden, organizando la coexistencia humana en el contexto de la conflictividad derivada de lo político4. Acciona, en sentido arendtiano, dando comienzo a algo nuevo.

Eva se da libertad para cambiar lo político y las formas de hacer política. Sus prácticas irrumpen como acontecimiento que rompe con concepciones circulantes sobre la pobreza, los pobres y la asistencia, y construye nuevos sentidos y nuevos sujetos, en tanto actúa en línea de democratización social que impulsa a las mayorías hacia el deseo de un futuro mejor y a disfrutar del goce de un presente hasta entonces inimaginable.

Al igual que John William Cooke, concibe a la política también en un sentido “práctico”, como fuerza social, que excede a las estructuras, a los partidos y al Estado, aun cuando se apoya en su poder, asociado al Estado para impulsarlo. Eva no concibe lo político como un proceso de negociación racional, es pura pasión y su pasión es fuerza transformadora. Las formas de acción política que despliega desafían a los sujetos formateados por los mandatos de masculinidad. Es herramienta que en los hechos democratiza relaciones de género, se arraiga en lo territorial, se imbrica en la vida cotidiana, y a través de ellas atiende y resuelve problemas de forma pragmática obviando dispositivos burocráticos.

Crea el Partido Peronista Femenino (PPF) y es elegida presidenta del mismo por aclamación el 29 de julio de 1949. Los hombres no tenían ninguna injerencia, pues operaba con autonomía del Consejo Superior del Justicialismo, aunque Evita participaba en él.

Con claros criterios de territorialización, eligió a 23 mujeres, una por provincia, que detectaban y formaban a subdelegadas distritales y delegadas censistas que impulsaban la participación política femenina en el territorio. Las mismas pertenecían a diferentes capas sociales, eran personas interesadas en los asuntos públicos, con sensibilidad política y profundo sentido de servicio, recibían formación política, daban a conocer obra e ideario peronista, empadronaban a las mujeres sorteando las condiciones desfavorables, recorriendo el territorio a lomo de mula, en jeep, atravesando ríos para cumplir su cometido.

Las unidades básicas que funcionaban en casas de familia eran ámbitos de formación política, en ellas el trabajo político era concebido como servicio y las mujeres construían su identidad al tiempo que tomaban conciencia de su poder.

Eran efectoras de servicios de asistencia, de capacitación (costura, arte, idiomas, alfabetización) y derivaban a la Fundación Eva Perón los problemas de más difícil atención.

Con su impulso, se sancionó la ley 13.010, promulgada el 23 de septiembre de 1947, que consagró el voto femenino. El 11 de noviembre de 1951 Perón resultó reelecto con el mayor porcentaje de sufragios de la historia argentina: 62,49% de los votos. En mayo de 1952, 26 mujeres, obreras o profesionales del derecho o de la docencia, ocuparon escaños en Diputados y 6 en Senadores.

Bienestar y buen vivir. La Fundación Eva Perón

El peronismo instaura un Estado de bienestar asociado a la condición de trabajador, del cual emanan políticas públicas y sociales, que operan en los ámbitos de educación, deportes, salud, vivienda, turismo y recreación. En este sentido, Eva Perón parte de la noción de que la pobreza es producto de la injusticia social, las políticas sociales invisten carácter compensatorio hasta que la revolución justicialista haga efectiva la igualdad. No propicia la meritocracia ni la igualdad de oportunidades, falacia que encubre las desigualdades existentes en heterogéneos y desiguales puntos de partida.

Por el contrario, igualó condiciones para favorecer el acceso a bienes y servicios y para hacer efectiva la ciudadanía social de los argentinos. La Fundación Eva Perón creó instituciones y dispositivos que hacen posible la implementación de la política social estatal.

En este sentido, Eva partió de la noción de que la pobreza es producto de la injusticia social. La FEP dio respuestas ágiles y desburocratizadas a necesidades y demandas. Las obras creadas posibilitaron la operacionalización de la política social y ampliaron su accesibilidad y alcance. En síntesis, favorecieron la democratización social impulsando los derechos de ciudadanía.

La asistencia, las acciones y las obras que le daban entidad de tal, a su vez, construían el imaginario peronista sobre significaciones histórico-sociales y contribuyeron a la conformación de un sujeto social, más consciente de sus derechos.

Por este cambio de concepción, “la ayuda social” proporcionada por la FEP era conflictiva, socialmente condenada por las capas alta y media alta (que veían cercenada la posibilidad de ejercerla desde una Sociedad de Beneficencia financiada hasta entonces con recursos estatales) y por las capas medias disciplinadas en el valor del trabajo.

Asistentes y visitadoras de higiene, profesiones que son antecedentes directos del Trabajo Social, fueron eficaces colaboradoras de la Fundación, aportando sus conocimientos y saberes. Con ellas contó Eva para conformar los equipos de avanzada que con el nombre de Células Mínimas relevaban las necesidades y demandas en todo el territorio nacional.

Desde este presente, cuando en nombre de la “república”, se erosionan las instituciones que dan sentido a la democracia; cuando se instala el coloniaje, se resigna la independencia económica, transfiriendo a corporaciones transnacionales y a grupos concentrados el patrimonio nacional, se destruyen los avances logrados en ciencia y tecnología; cuando se destruye la industria y se propicia el desempleo, se reprimariza la economía y se bastardea la justicia; cuando se incrementa la pobreza y la exclusión, el hambre merodea los hogares y el desamparo rompe la estética de la ciudad más rica del país; la figura de Eva Perón se acrecienta como militante y como política que abrió el juego a la esperanza y que contribuyó a hacer efectivos los sueños.

Eva María Duarte porta en su propio nombre la transgresión a lo dado. Desde una subjetividad heroica provoca rupturas. Sus discursos y acciones revolucionarias instalan proyectos y deseos. Y, como María, ama con generosidad y entrega sacrificial a los descamisados, los grasitas, a ese pueblo al que perteneció y al que dignificó.

Notas
1 Borroni, O. y Vacca, R. (1970). La vida de Eva Perón, pp. 77-79. Buenos Aires: Ed. Galerna.
2 Perón, E. (1951). La razón de mi vida, p. 58. Buenos Aires: Ediciones Peuser.
3 Véase: La Nación, 28-7-1949.
4 Mouffe, Ch. (2009). En torno a lo político, p. 144. Buenos Aires: Fondo de Cultura Económica.

*Profesora Titular Regular Plenaria de la Carrera Trabajo Social de la Facultad de Ciencias Sociales, UBA.

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