Emiratos Árabes Unidos, quinto mayor vendedor de crudo del planeta anunció que abandona la OPEP, en medio de la crisis por el cierre de Ormuz
Emiratos Árabes Unidos sale de la OPEP en plena crisis por el cierre de Ormuz
La decisión del quinto mayor exportador de petróleo del planeta dinamita el cartel, liderado por Arabia Saudí y en el que continúa Irán.
Fractura colosal en el cartel petrolero. Emiratos Árabes Unidos, quinto mayor vendedor de crudo del planeta y segundo del golfo Pérsico, ha anunciado este martes que abandona la Organización de Países Exportadores de Petróleo (OPEP), el ente que durante décadas ha marcado el rumbo del mercado del crudo y que ahora vive sus horas más bajas. Por un factor coyuntural: la guerra contra Irán, con un doble bloqueo del estrecho de Ormuz que ha dejado fuera de juego a la mayoría de sus miembros. Y por otro estructural: la pujanza de los países de fuera del cartel, con Estados Unidos, Canadá, Brasil o Guyana a la cabeza, que no han dejado de ganar cuota en los últimos años.
La salida de Emiratos Árabes será efectiva este viernes, 1 de mayo, y liberará al país del corsé de las cuotas: a largo plazo podrá bombear tanto como quiera. Eso solo le servirá a medio y largo plazo; a corto, la clausura de Ormuz le impide vender la mayor parte del petróleo y el gas que extrae.
“Es una decisión política, tomada tras un análisis minucioso de las medidas actuales y futuras relacionadas con el nivel de producción”, ha argumentado el ministro emiratí de Energía, Suhail Mohamed al-Mazrouei. “Esto no altera nuestro compromiso con la estabilidad de los mercados globales. Por el contrario, refuerza nuestra capacidad para responder a las necesidades cambiantes del mercado”, se lee en un comunicado que pone punto final a casi seis décadas como miembro destacado del cartel. En plata: con el mundo sediento de petróleo, cuando las aguas de Ormuz vuelvan a la calma, Emiratos Árabes Unidos abrirá compuertas a lo grande.
La decisión emiratí también implica su salida de la versión ampliada del cartel, la llamada OPEP+, que colideran Arabia Saudí y Rusia. En los últimos años, y ante la paulatina pérdida de poder de mercado del cartel convencional, este segundo había sido el principal foro en el que se estaban debatiendo las cuotas de producción. Esos cupos, que antaño tenían enorme influencia sobre los precios, habían perdido importancia en los últimos tiempos.
La economía emiratí está sufriendo con crudeza la imposibilidad de exportar petróleo y sus derivados a través del estrecho, por el que fluye la quinta parte del crudo y del gas natural licuado que consume el mundo. Y es, también, uno de los países que ha sufrido daños en sus instalaciones petroleras por las represalias iraníes.
La guerra iniciada por Donald Trump y Benjamín Netanyahu contra Irán ha enfrentado a Teherán con sus vecinos ―en su mayoría, también miembros de la OPEP―, dejando a la organización petrolera en una situación complicada. Ahora, esa debilidad se agrava con un peso relativo menguante sobre el mercado mundial y la salida de uno de sus miembros más icónicos. A última hora de la tarde del martes, el cartel seguía sin pronunciarse sobre el paso dado por Abu Dabi.
Aunque la decisión es eminentemente política, la coyuntura económica influye y mucho. La clausura de Ormuz ha dejado a Emiratos Árabes con una única opción temporal para dar salida a parte de su petróleo: el oleoducto que conecta al país con el mar Arábigo. A principios de abril, el Fondo Monetario Internacional (FMI) rebajó drásticamente su previsión de crecimiento para este año, hasta el 3,1% frente al 5%, con un notable empeoramiento en su balanza comercial, muy dependiente de la venta de combustibles fósiles. Esa revisión a la baja será la primera de muchas si Ormuz, que ya suma casi dos meses de clausura, no reabre pronto.
Aliado de Trump
Emiratos Árabes Unidos es uno de los países más próximos a Estados Unidos en Oriente Próximo. No ha levantado la voz por los ataques a Irán, su gran ogro regional. Y acaba de pedir a la Casa Blanca una línea de liquidez en dólares para poder capear el temporal financiero.
Desde ese punto de vista, la decisión de abandonar la OPEP —a la que también pertenece Irán— también podría leerse como un logro para Trump, que ha acusado en numerosas ocasiones a la organización de mantener artificialmente alto el precio del crudo con sus recortes deliberados de producción. En ella permanece, sin embargo, Arabia Saudí, otro de los más firmes aliados de Washington ―y, en particular, del republicano― en el Golfo y que, de facto, lidera el cartel. Los choques entre Abu Dabi y Riad a cuenta de las cuotas habían sido recurrentes en los últimos años.
En las últimas semanas, Emiratos Árabes Unidos ―que aportaba el 12% de la producción total de la OPEP― también había sido uno de los países de la región más críticos con sus vecinos por no hacer lo suficiente para protegerle frente a los ataques de Irán, que ha golpeado tanto sus infraestructuras energéticas como a otros objetivos vinculados con EE UU.
Aunque sin implicaciones directas en el muy corto plazo, la salida de Emiratos de la OPEP es un golpe en la línea de flotación de la organización petrolera. Su marcha debilita al grupo y abre una grieta por la que pueden deslizarse más miembros. Los últimos en saltar del barco fueron Ecuador, en enero de 2020 ―muy poco antes de la pandemia de coronavirus, un potentísimo test de estrés para el cartel― y Angola, que hizo lo propio a principios de 2024 en respuesta a unas cuotas de producción que consideraba injustas.
Emiratos era, junto con Arabia Saudí, el país con más capacidad ociosa para poner en el mercado cuando reabra Ormuz. Aunque había discrepado en varias ocasiones con la política de cuotas de la OPEP ―su gran anhelo era poder aumentar sus bombeos en hasta un 30%, un objetivo que difícilmente encaja con la razón de ser del cartel: mantener los precios tan altos como sea posible―, prácticamente nadie preveía una decisión de este calado.
El conflicto en Oriente Próximo está causando una sacudida energética con muy pocos precedentes: hay que remontarse hasta la pandemia para dar con algo similar. La producción de petróleo de los países de la OPEP sufrió un desplome récord en marzo, superior incluso al de los compases más duros de 2020. El mes pasado, el primero completo desde el inicio del conflicto, el tajo sobre la producción emiratí fue relevante: de algo más de 3,4 millones de barriles diarios en febrero a apenas 1,9 millones. La sangría continúa en abril. Y seguirá hasta que reabra Ormuz.
