América Latina: reconfiguración geopolítica y soberanía popular – Por Manuel Bertoldi
Los conceptos vertidos en esta sección no reflejan necesariamente la línea editorial de NODAL. Consideramos importante que se conozcan porque contribuyen a tener una visión integral de la región.
Manuel Bertoldi *
El orden mundial contemporáneo atraviesa una mutación estructural que ha desplazado los ejes de la hegemonía global hacia una fase de agresividad militarista sin precedentes en este siglo, que hemos denominado como hiperimperialismo según el Instituto de Investigación Social Tricontinental.En este contexto, América Latina y el Caribe se sitúan no sólo como un reservorio de recursos estratégicos, sino como uno de los escenarios principales de una disputa de poder que ha trascendido la diplomacia tradicional para entrar en el terreno de la intervención militar directa y las guerras jurídica, cognitiva y económica sistemática (law fare, guerra hibrida).
La IV Asamblea Continental de ALBA Movimientos se proyecta, por tanto, como un espacio de reconfiguración estratégica para las fuerzas populares, de izquierda y progresistas en un momento donde el bloque imperialista liderado por Estados Unidos ha abandonado la simulación del universalismo para imponer una lógica de “hemisferio exclusivo” bajo su histórica Doctrina Monroe actualizada por el corolario Trump.
Caracterización del Hiperimperialismo y la Nueva Hegemonía Global
La etapa actual del imperialismo representa una fase decadente y extremadamente peligrosa donde el Norte Global actúa como un bloque militar, político y económico unificado bajo el comando de Washington. El gasto militar de este bloque representa más del 74% del total mundial, alcanzando cifras estimadas en 2.13 billones de dólares, lo que demuestra que la fuerza armada es hoy el principal mecanismo de disuasión y control frente al ascenso de economías emergentes del Sur Global, particularmente de China.
El hiperimperialismo se manifiesta a través del control de dos monopolios fundamentales de 5 planos para la construcción hegemónica global: Los tres primeros donde EEUU encuentra un escenario de disputa son el financiero (aunque sigue habiendo dominio del dólar y el sistema SWIFT), el tecnológico (propiedad intelectual y ciencia) y el de los recursos naturales. En donde EEUU no encuentra competencia es en el militar (red de más de 900 bases internacionales) y en la batalla cognitiva a través de los grandes medios de comunicación y las redes sociales.
La incapacidad del bloque occidental para mantener su primacía económica por vías de mercado ha provocado un retorno al uso de la “fuerza extraeconómica”, donde las sanciones, el lawfare y la intervención armada se convierten en herramientas de gestión política cotidiana. Esta dinámica ha generado un estado de alerta en los procesos soberanos de la región. La incautación de reservas extranjeras y el uso de sanciones contra el 31.5% de la población mundial confirman que el bloque imperialista percibe cualquier intento de autonomía como una amenaza existencial a su ordenamiento. En este marco, la soberanía de las naciones del Sur Global se presenta como un terreno en disputa donde la dignidad y la autodeterminación son los principales baluartes de resistencia.
El Punto de Inflexión: La Agresión del 3 de enero de 2026 en Venezuela
El 3 de enero de 2026 marca una ruptura categórica con los consensos diplomáticos del siglo XXI en el Hemisferio Occidental. La administración de Donald Trump ejecutó un ataque militar aéreo contra Caracas y otros puntos estratégicos de Venezuela, constituyendo el primer bombardeo estadounidense a un país sudamericano en la historia contemporánea. Esta operación, denominada “Resolución Absoluta”, no fue solo una acción punitiva, sino una demostración de fuerza tecnológica destinada a enviar un mensaje a todo el Sur Global.
Trump ha sido explícito al declarar que el objetivo de la intervención es convertir a Venezuela en una “colonia petrolera”, asegurando el acceso de las corporaciones estadounidenses a las mayores reservas de crudo del mundo y excluyendo a China y Rusia del mercado hemisférico.
Curiosamente, horas antes del ataque, Maduro se había reunido con el enviado especial de China, Qiu Xiaoqi, para discutir una inversión de 70,000 millones de dólares en 600 proyectos de desarrollo. El bombardeo interrumpió estos acuerdos, evidenciando que el hiperimperialismo utiliza la guerra para intentar detener la transición hegemónica. La captura de Maduro deja al chavismo en una encrucijada, poniéndolo en su más difícil prueba después de la muerte de Chávez.
La Doctrina Monroe opera, en este nuevo contexto, bajo una lógica binaria y coercitiva que busca alinear a los gobiernos regionales mediante incentivos financieros o amenazas militares. El Corolario Trump redefine el concepto de “América” no como un espacio compartido, sino como una extensión de los intereses corporativos de Washington.
Mapeo Regional: Los Bloques en Disputa
El continente se encuentra en una situación de reflujo y dispersión de las fuerzas populares, pero con focos de resistencia activa que determinan el futuro de la región. Nuestra articulación, ALBA Movimientos, caracteriza el escenario como una disputa abierta donde el “triángulo progresista” conformado por Brasil, México y Colombia juega un papel determinante para contener el avance de la extrema derecha y el neofascismo.
Este bloque de países representa hoy los procesos políticos que determinan en gran parte el futuro de la región. Sus gobiernos mantienen una orientación política afín a la construcción de una perspectiva soberana y constituyen tres de los cinco países con mayor producto bruto interno y más poblados del continente. La principal debilidad que enfrentan las fuerzas populares en los mismos es que carecen de proyectos políticos de mediano y largo plazo, con plataformas políticas de gobierno donde predominan las lógicas liberales promovidas por el sistema político, imposibilitando la consolidación de núcleos de comando estratégico, dependiendo mucho de las capacidades de cuadros o liderazgos individuales para batallar contra las lógicas de los estados liberales y una burocracia que se reproduce y funciona a partir de mantener ese status quo.
En términos de integración regional, los tres países antes mencionados han asumido posiciones ambivalentes en relación a la alianza con los países del ALBA produciendo una fractura y deterioro de confianzas entre los procesos, principalmente entre Brasil y Venezuela que afectó seriamente las perspectivas de integración. México, paradójicamente, a pesar de su condicionamiento político por la integración de su economía a la de Estados Unidos, ha mantenido posiciones mas firmes desde una perspectiva soberana de autodeterminación y solidaridad con Venezuela y Cuba. Petro también ha mantenido posiciones ambivalentes con respecto a Venezuela siendo un país muy condicionado por los intereses de EEUU. El país del norte mantiene sus bases militares en territorio Colombiano, un factor de presión constante para el gobierno. Un elemento importante de la coyuntura en este ano, es que tanto en Brasil como en Colombia nos enfrentamos a elecciones nacionales donde se va a poner en juego la continuidad de ambos procesos.
Un continente donde avanza la extrema derecha
En la mayoría de nuestros países hoy contamos con gobiernos de extrema derecha, pero a diferencia de lo que fue la ofensiva imperialista de los años 70 en el continente, las fuerzas populares y movimientos revolucionarios no hemos sufrido el nivel de persecución, asesinato y desmembramiento que sufrimos por aquellos tiempos. Si bien se ha perdido capital político, se ha retrocedido en organización popular y capacidad de movilización, existen pisos para nada despreciables para pensar en una estrategia de rearticulación de nuestras luchas y acciones.
Un elemento de primer orden a considerar es que la posibilidad de una derrota de las revoluciones cubana y venezolana significaría un retroceso incalculable para las fuerzas emancipadoras de nuestra región y el mundo. Cuba, asediada por un bloqueo recrudecido, sigue siendo el faro ideológico del internacionalismo y reserva moral revolucionaria, mientras que Venezuela resiste las presiones de Estados Unidos tras la decapitación de su gobierno el 3 de enero.
- El fortalecimiento de la solidaridad con estos procesos es una tarea de primer orden que no admite ambigüedades.
- El fortalecimiento de los vínculos con sus partidos de gobierno y los diferentes actores clave de los procesos revolucionarios es fundamental para mantener la moral revolucionaria en la estrategia internacional
- La reconstrucción de la alianza entre el triángulo progresista y estos procesos es necesaria. Debemos pensar cómo hacer avanzar esta perspectiva desde la construcción de una agenda concreta para esto y la estimulación de diálogos entre actores clave para materializar los objetivos.
Desafíos y Perspectivas de los movimientos populares. Orientación de trabajo
En este escenario, los movimientos populares, fuerzas políticas de izquierda y progresistas nos encontramos a la defensiva, en una situación de reflujo y dispersión de nuestras fuerzas. Sin embargo, Alba movimientos junto a otros actores continentales han podido mantener su dinámica de trabajo. Hemos crecido en referencia, construyendo legitimidad sobre todo a partir de las estrategias de formación política y las acciones de solidaridad. A pesar del escenario adverso, varias organizaciones del continente hacemos esfuerzos para construir unidad.
Hacia nuestra IV asamblea estamos en un proceso de reconfiguración orgánica[i] de la articulación en la búsqueda de mayor efectividad política, de capitalizar mejor la referencia del proceso en pos del fortalecimiento de las perspectivas revolucionarias y la defensa de los procesos más radicales de la región.
Nuestras principales referencias estratégicas que nos han permitido articular la diversidad de fuerzas populares en el continente han sido la revolución bolivariana y sus organizaciones populares, la revolución cubana y sus diferentes frentes de masas y el Movimiento Sin Tierra de Brasil. A su vez, estos procesos también han permitido la consolidación ideológica de la herramienta y mantenimiento de la perspectiva revolucionaria en un contexto por demás difícil.
El gran desafío de nuestro proceso es que, a la vez de explicitar y profundizar nuestra orientación estratégica: la construcción del socialismo, avanzar en alianzas que permitan ampliar la acción en un gran frente anti-imperialista.
Producto de la ofensiva imperialista, las dificultades propias de las fuerzas progresistas y social demócratas por sus indefiniciones estratégicas, falta de radicalidad, y la ausencia de liderazgos fuertes, ha habido una dispersión de las fuerzas de izquierda. Muchos gobiernos se han perdido no sólo por las estrategias de law fare impulsadas por EE.UU., sino también por las limitaciones de los procesos políticos propios que no han podido consolidar bloques populares desde una perspectiva histórica de soberanía y autodeterminación. Esto ha ocasionado una pérdida del capital político y desorientación en términos de proyectos políticos a construir. La consecuencia es una balcanización de las estrategias nacionales y debilitamiento de los instrumentos de integración regionales.
Nuestra historia reciente de movilizaciones populares y conquista de gobiernos progresistas nos ha dejado enseñanzas sobre nuestros aciertos y debilidades en los avances regionales. Desde la campaña por los 500 años, donde comenzó un proceso de rearticulación de las fuerzas populares, hasta la campaña contra el ALCA, hay un referente muy importante para volver a iluminar nuestro camino. Una de las principales lecciones fue la articulación y alianza que lograron Chávez y Fidel con gobiernos que perseguían cierta autonomía regional con respecto a los intereses imperialistas sin diluir sus planteos estratégicos ni su radicalidad revolucionaria. Así fue como se fue gestando la estrategia de lucha contra el ALCA que se materializó en la derrota del tratado de libre comercio y posibilitó la creación de mecanismos de integración para atender las diferentes realidades y necesidades que había en la región (ALBA, UNASUR, CELAC, ampliación Mercosur, Banco del Sur, Sucre).
Algunas coordenadas hacia adelante
Mapeo y construcción a partir de nuestras herramientas
Reconocimiento e identificación mutua de fuerzas populares, organizaciones de masas, partidos de izquierda, fuerzas revolucionarias y actores clave en pos de construir una perspectiva de trabajo en términos de integración desde las bases. Necesidad de definir estrategias particulares para cada escenario nacional, con la flexibilidad que el contexto nacional requiera para avanzar en los objetivos. Utilizar para esto las diferentes herramientas que hemos construido e incluso generar otras de ser necesario. La perspectiva general tiene que ser el fortalecimiento de los procesos nacionales en clave de disputa del poder político en el plano de educación, cultura, comunicación, organización popular e institucionalidad, para la consolidación del poder popular.
Fortalecimiento de relaciones institucionales
Otro plano a trabajar es el fortalecimiento de las relaciones y articulaciones institucionales para hacer avanzar proyectos concretos en ejes estratégicos para la integración como soberanía energética, alimentaria, hábitat y defensa de la naturaleza.
Nacionalizar el internacionalismo
El gran desafío en términos cualitativos de nuestro proceso pasa por construir una estrategia para nacionalizar una perspectiva internacionalista en nuestros países. Construir una militancia que asuma al internacionalismo como pilar fundamental de nuestra estrategia política, como nos enseñó la revolución cubana. Consolidar y masificar la política de brigadas internacionales para cumplir tareas en procesos que identifiquemos claves para la consolidación de una perspectiva revolucionaria en nuestra región. En ese marco, la colaboración con el pueblo haitiano y sus organizaciones es prioridad, por lo que significa la lucha de ese pueblo para la historia de nuestro continente.
Trabajo de base y movilización popular
Es necesario avanzar en una reflexión acerca de nuestros métodos de trabajo de base, de agitación, propaganda y estímulo de la movilización popular. Debemos hacer una reflexión crítica de nuestras herramientas políticas y métodos de trabajo al calor de la transformación que está sufriendo la clase trabajadora y la guerra cognitiva. Es necesario también rescatar aprendizajes de nuestras experiencias que están siendo exitosas, las cuales son muchas a lo largo y ancho del sur global.
Radicalidad de nuestro proyecto político
La perspectiva revolucionaria debe ser una bandera de las fuerzas de izquierda y progresistas. Históricamente lo fue. Asumimos una posición conservadora, defendiendo el statu quo de un estado liberal que está profundamente en crisis frente al avance y fuerza del capital transnacional. Es por eso que la construcción de horizontes de ruptura con el sistema hegemónico son necesarios. Para nosotros y nosotras, la construcción del socialismo hoy, es urgente.
Rumbo a nuestra IV asamblea continental, reafirmamos que es posible avanzar en estrategias de integración. Los últimos años han sido por demás dinámicos y todo indica que ese dinamismo va a continuar frente a la ofensiva imperialista y la resistencia de nuestros pueblos. Lo cual torna al escenario impredecible, con graves peligros, pero también oportunidades si logramos acertar con nuestra política.
*Integrante de la Coordinación Política de ALBA Movimientos
